Emociones en la red

Jul
09
Posted in Emociones digitales
by Pilar Gallo

- ¿Qué tal la peli?

- Maravillosa, ¡lo que lloramos!

No hay más que echar una ojeada a la cartelera para constatar que las películas en las que se sufre mucho son las que más éxito tienen. ¿Por qué nos parece maravillosa una pelicula que nos ha hecho llorar?. Porque en el cine las emociones no se experimentan de la misma forma que en la vida. La ficción puede producir un efecto de inversión en el marcaje emocional. Acontecimientos intensamente desagradables son marcados positivamente por el sujeto.

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BABEL

EEUU, 2006,Dir. A.G. Iñárritu

DRAMA: En Marruecos, un juego infantil provoca una cadena de dramáticos acontecimientos que conectan las vidas de una pareja norteamericana, dos chicos marroquíes, una niñera mexicana y una adolescente japonesa. Un cañonazo de cine mexicano: la traumática experiencia de una mujer occidental herida esperando atención médica en una desolada aldea marroquí, la desesperación de una mujer mexicana perdida en el desierto con los niños a los que cuida y la dureza del mundo que sobrepasa a una adolescente sordomuda.

IDEAL YELMO CINEPLEX (v.o.)

 

 

¿Qué requisitos subyacen a este efecto de inversión emocional?

- Un espacio libre de exigencias adaptativas en el que experiencias ficticias representen experiencias reales sin acarrear sus consecuencias.

- Unos sujetos que sientan curiosidad, fascinación e incluso adicción por las emociones.

¿Es posible que se produzca el efecto de inversión emocional en otros entornos?

En la red tiene cabida un espacio de ficción que puede llegar a convertirse en un laboratorio de emociones simbólicas. El anonimato preserva del contacto con el mundo real. De espectadores a actores de tantas películas como se quieran inventar y compartir. ¿Cuánto más desagradables e intensas mejor?.

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13 Responses to “Emociones en la red”

  1. Pilar Gallo Says:

    Me gustaría que alguien me ayudara con esta conexión entre anonimato y ficción. En una interacción virtual puedo inventarme personajes, puedo crear una red ficticia, sin peligro porque no me doy a conocer. Si alguien me descubre, deja de ser ficción y me expongo a los riesgos de una interacción real, a que me llegue a producir emociones reales, no simbólicas.
    Otro riesgo de romper la burbuja de la ficción es la entrada del dinero. Me han contado que en Second Life compras ropa, coches, con dinero de verdad. Arruinarse o hacerse millonario generan emociones bastante reales. Se me ocurre que esta posibilidad habrá generado algunas resistencias para introducirse en este juego.

  2. Juan Hermoso Says:

    También puede darse ese proceso de inversión de la evaluación afectiva en el sentido contrario. Una escena que nos resultaría sumamente placentera en la vida, que nos provocaría una inmensa alegría, puede convertirse en la ficción en algo que tacharíamos de empalagoso.

    En fin, nos gustan los finales felices, pero no tanto que… Nos gustan las tragedias, pero no tanto que… Los puntos suspensivos parecen apuntar a alguna clase de umbral. ¿Dónde podría estar?

  3. Juan Hermoso Says:

    Por cierto: asumiendo que sea la belleza lo que nos conmueve en una obra de ficción (o postulando que, sea lo que sea, se comporte como la belleza), quizá nos resulte iluminadora para entender esta cuestión la idea kantiana de que la belleza artística no es la representación de lo naturalmente bello, sino una representación que es bella como tal representación.

  4. Pilar Gallo Says:

    Con respecto al comentario 2: Yo creo que en un espacio de ficción no hay límites. Por ello los “adictos a las emociones” persiguen en películas, relaciones virtuales… la intensidad de la emoción sin tener que sufrir sus consecuencias. Los finales felices no son tan intensos emocionalmente como las tragedias por lo que su efecto no se mantiene en la ficción. El umbral es distinto en cada caso.

  5. Pilar Gallo Says:

    Con respecto al comentario 3: Creo que la belleza de la ficción proviene de haber captado algo de la belleza del mundo. Del grado en que consigue recrear un mundo, algo de su complejidad. Una obra de arte siempre es un medio para conocer mejor el mundo. En ese sentido es equiparable a la ciencia.

  6. Nuria Calderón García-Botey Says:

    A propósito de la inversión de los valores emocionales en contextos de ficción, yo diría que la variable que subyace es la ilusión de control. Es decir, si lo que refleja la película -o el videojuego al que jugamos- supera nuestra capacidad de “aguante”, probablemente las emociones se valorarán de forma directa, igual que sucede en la vida real.

    Tal vez un buen ejemplo de esta falta de inversión serían las recciones que manifestó el público ante la película “Inteligencia Artificial”, de Spielberg. Si recordáis, la mayoría de los espectadores que vieron la película salió muy disgustada de las salas de cine: unos se quejaba de que los efectos especiales eran malos, otros aducían que los extraterrestres no pintaban nada, y los más atrevidos protestaban de que aquello era un dramón lacrimógeno.

    La cuestión es que teóricamente el film era una versión futurista de Pinocho… Pero en la práctica trataba temas psicológicos aún más profundos que el libro de Carlo Collodi, tales como el miedo al abandono, el rechazo social, la carencia de referentes personales, la imposibilidad de alcanzar la felicidad, etc, aunque revestidos bajo una fachada de ciencia-ficción. Sin embargo, la reacción del público fue justo la opuesta a lo que podríamos suponer: el sufrimiento del protagonista no consiguió la valoración positiva de sus espectadores.

    ¿Fue ajustada la respuesta del público a la calidad del film, u obedeció a una pérdida de la ilusión de control, causada por la contemplación de las sucesivas tragedias que acontecían al pequeño “meca” David -magistralmente interpretado por Haley Joel Osment- en su búsqueda del Hada Azul?

    Personalmente, yo me quedo con ésta última hipótesis.

  7. Pilar Gallo Says:

    No entiendo muy bien la relación. ¿Quieres decir que la profundidad de la ficción es lo que hace desistir al espectador?. Entonces no será falta de control sino de esfuerzo, ¿no?

  8. Mª josé pollo Says:

    ¿por qué nos parece maravillosa una película que nos ha hecho llorar?
    Una película puede ser un vehículo que nos posibilite tener o revivir una serie de sentimientos a veces no compartidos, porque no tengo con quien,silenciados y/o ocultados. También al llorar, tal vez,recupere una calma perdida, por todo ello, aunque me hizo llorar la valoro positivamente

  9. Pilar Gallo Says:

    Muy interesante el efecto positivo de la descarga emocional. Esta sería la explicación de la “adicción a la emoción”.

  10. Nuria Calderón García-Botey Says:

    Pilar, lo que quería sugerir en el comentario 6 no es que la profundidad de la ficción haga desistir al espectador, sino su crudeza.
    Siguiendo con el ejemplo -y siempre desde mi punto de vista- la película “Inteligencia Artificial” era tan epatante que no permitía la inversión del marcaje emocional. Esto es, la mayoría de los espectadores no pudo decir “La película fue maravillosa, ¡no veas cómo lloramos!”, porque el film era excesivamente trágico, y en ese sentido superaba el umbral de tolerancia del público.

  11. Pilar Gallo Says:

    Sin embargo no suele haber umbral de tolerancia para cierto tipo de violencia. Las torturas, los crímenes… hacen taquilla. Claro, pero una cosa es que tengan morbo y otra que se invierta el marcaje emocional. No se diría ¡maravillosa, lo que lloramos!.

  12. Nuria Calderón García-Botey Says:

    No, pero en esos casos sí se oye decir “¡Qué pasada de película! No veas qué miedo, me tiré toda la noche sin dormir… Estuvo genial.”

  13. Juan Hermoso Says:

    Desde luego, el papel desempeñado por la catarsis es crucial. Pero, de nuevo, creo que sólo habrá catarsis bajo cierto umbral.

    Es cierto que el umbral no es el mismo en todos los géneros, ni tampoco para todos los estados emocionales, ni por supuesto para todos los espectadores.

    Y seguramente el umbral no tenga que ver con la intensidad emocional de las situaciones recreadas sino, como dice Nuria, con que lo narrado se adapte a las convenciones del género y origine así en el espectador esa ilusión de control.

    Es el pacto de ficción implícito entre el dramaturgo y el espectador lo que permite la inversión emocional y la catarsis. Si no fuera así, no podríamos explicar que no se produzcan estos fenómenos ante situaciones reales emocionalmente intensas, vividas en primera o tercera persona, sino sólo ante la ficción.

    El caso es que las tecnologías digitales están alterando por completo los géneros tradicionales -que ya venían bastante alterados por las vanguardias artísticas del último siglo-, y con ello, sin duda, también la naturaleza de nuestras reacciones emocionales a la ficción. ¿Pero en qué dirección?

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