Archivo de marzo, 2008

Mi Yo Social es mío

En mi anterior entrada "Mi Yo Social, ¿es mío?" me preguntaba si toda la información que hay sobre nosotros en la Red y en particular en las redes sociales es nuestra o más bien de los sitios web que la albergan. Tim O'Reilly ya pronosticaba en su artículo sobre la Web 2.0 que en el futuro el poder residiría en los datos y, por tanto, en quien los tuviese. Ya se está viendo esa lucha de titanes en las redes sociales, que cada vez tienen más usuarios y, por tanto, másLogotipos de redes sociales información, pero todavía no saben cómo rentabilizarla. La publicidad es la posibilidad más obvia que se baraja fundamentalmente como fuente de ingresos. Sin embargo no todos los usuarios parecen estar muy por la labor de que se use su información para ofrecerles publicidad personalizada o de forma intrusiva. Por no hablar de si se están respetando las políticas de privacidad en cuanto a protección de datos personales.

Pero al margen de esa lucha de titanes se encuentra el usuario, que es el que ha creado su perfil, ha introducido su información y ha invitado a sus amigos a participar en estas redes. Y resulta que si quieres pertenecer a otras redes o te quieres cambiar de red, no te puedes llevar tu perfil, tu información y tus amigos contigo (como le pasó a Robert Scoble, famoso blogger, cuando Facebook le deshabilitó su cuenta por intentar mover su grafo social a otros sitios), y es misión imposible borrar tu cuenta. Existen iniciativas abiertas como DataPortability.org cuyo objetivo es permitir que un usuario pueda llevarse su información a donde quiera, evitando tener que volver a teclear o configurar una y otra vez su perfil o perfiles y teniendo que cargar una y otra vez su información. Esto es lo que Logotipo de DataPortabilityintenta representar la maleta que aparece en el logotipo de DataPortability, que es la iniciativa en este ámbito que parece tener más probabilidades de triunfar. Se espera que para el verano exista ya una primera versión y los gigantes de Internet y las redes sociales parece que han dicho que lo van a aceptar (habrá que ver la interpretación que hacen de la iniciativa y en qué términos permiten las migraciones de datos).

¿Y si a una iniciativa como DataPortability se le une el Yo Digital? Al fin y al cabo ambas parten de la misma premisa, que el usuario es el dueño de sus datos y su información, y, por tanto, van allá donde vaya. El Yo Digital proporcionaría al usuario una forma de encontrar la información o la persona que necesita en cada momento y gestionar sus personalidades en red (que no es lo mismo que perfiles) dentro de ese inmenso océano en que se está convirtiendo nuestra vida digital, en la medida en que Internet forma cada vez más parte de nuestras vidas y que almacenamos nuestros recuerdos en formato digital.

Identidades situadas [III]: contextos, roles y grupos

Igual que ocurre en nuestra vida analógica, el ser humano virtual también es un animal social: conversamos con nuestros amigos, familiares y conocidos a través de herramientas como MSN Messenger o Twitter, entramos en relaciones de cooperación/competición en diversos MMORPG, expresamos libremente nuestras opiniones en la blogosfera, y establecemos contactos con nicks y avatares a cuyos propietarios jamás conoceremos personalmente en multitud de foros y chats, ya sean gráficos o visuales, como Habbo Hotel o Second Life… Y en todas y cada una de estas relaciones sólo mostramos aquellas facetas de nuestra identidad que deseamos dar a conocer en ese preciso instante.

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Así pues, parece que nuestras interacciones virtuales siguen un patrón similar a nuestras relaciones sociales analógicas, en lo que respecta a la presentación social del yo, puesto que seleccionamos aquellos elementos de nuestra identidad que a priori nos resultan más adecuados para cada contexto social, en función del rol que aspiramos a desempeñar en él.internet_troll.png

Por ejemplo, si entro un foro con intención de actuar como troll y desbaratar el hilo de una conversación, es porque previamente he seleccionado de forma automática -esto es, sin necesidad de hacer primero un ejercicio de reflexión consciente- los elementos de mi identidad que mejor me permiten desempeñar ese papel: sarcasmo, actitudes radicales, agresividad, etc.

Sin embargo, es evidente que entre la identidad analógica y la virtual existen diferencias ostensibles en algunos elementos esenciales. Por ejemplo, en la interacción social que se ejerce dentro de los grupos con los que nos relacionamos. En el siguiente cuadro se pueden ver, de forma esquemática, en qué consisten esas diferencias.

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Lo cierto es que en el mundo analógico no nos relacionamos con quien queremos, sino con quien podemos. Dicho de otro modo, nuestras interacciones se ven constreñidas por una serie de aspectos físicos y territoriales, que nos llevan a tratar con personas que viven en nuestro barrio, se sientan a nuestro lado en clase, o trabajan en la misma planta que nosotros. En cambio, en el mundo virtual no existen las fronteras, y basta con teclear una URL y saber escribir un inglés rudimentario para interactuar con CUALQUIER ser humano "digitalizado". Por consiguiente, las únicas barreras para nuestras relaciones digitales son nuestros propios gustos, intereses u opiniones.

En el mundo analógico, los grupos ejercen un vasto control social: nuestros amigos se quejan de que les dedicamos poco tiempo cuando pasan meses sin que nos veamos, los miembros de la peña senderista a la que pertenecemos nos recriminan si no vamos a la excursión del último sábado del mes, y nuestra familia demanda que celebremos la Nochebuena en casa de los abuelos… Aduciendo para ello una serie de normas sociales implícitas que exigen el cumplimiento de ciertos compromisos grupales, so pena de ser excluido del grupo si no se acatan. ¿Ocurre lo mismo en el mundo virtual? En términos generales, no, ya que en ese entorno, los individuos gozamos de una mayor libertad para transitar entre comunidades virtuales, incluso aunque éstas se encuentren enemistadas entre sí. Basta con cambiar de nick o de avatar.

Estas diferencias dan lugar a los tres últimos contrastes que se observan en el esquema superior:

  • LAZOS SOCIALES: en el mundo analógico, los vínculos que nos unen a los miembros de nuestro grupo se sostienen de forma casi pasiva. Estar presente en ciertas actividades, expresar de vez en cuando una opinión similar a la del resto del grupo, o simplemente vestir con los colores corporativos de la empresa en durante un meeting de la organización son conductas suficientes para demostrar implicación. Sin embargo, el mundo virtual exige una implicación grupal mucho más directa. Si no escribes en el foro donde te diste de alta, si no cuelgas fotos en tu red social, o no juegas con el personaje que creaste en World of Warcraft, ¿quién puede decir que formas parte de cada uno de esos grupos?
  • RELACIONES INTRAGRUPALES: Como se desprende de las ideas expuestas anteriormente, el mundo analógico exige un alto grado de compromiso con los grupos a los que pertenecemos. Es decir, aunque los lazos se puedan mantener de forma pasiva, es imprescindible cumplir las normas mínimas de pertenencia, tales como realizar actividades destacadas para el grupo o emplear símbolos distintivos, para evitar el riesgo de marginación o exclusión. En cambio, en el mundo virtual apenas se nos puede exigir esa implicación, sencillamente porque apenas existen mecanismos de control social. Si a mí me expulsan del club de poker del Instituto por hacer trampas, no puedo volver a él. Sin embargo, si me echan de Bite Figth por trucar mi personaje, ¿cómo impedirme que cree uno nuevo, con distinto nombre e IP móvil?
  • RELACIONES INTERGRUPALES: En el mundo analógico, un individuo que pertenezca a dos grupos enfrentados entre sí no podrá sostener esa pertenencia ambivalente durante mucho tiempo sin sufrir las consecuencias… Cosa que no ocurre en en el mundo virtual, donde las fronteras entre grupos sociales son mucho más laxas y difusas, y donde la pertenencia es mucho más difícil de rastrear y de controlar.

Ahora bien, una vez hemos analizado las diferencias entre nuestra identidad social analógica y digital, ¿será posible responder a aquellas preguntas que nos planteábamos en las dos entradas sobre identidad situada que precedieron a la que tienes en tu pantalla? ¿Es factible definir un conjunto de contextos, grupos y roles universales y estables para los internautas occidentales? Más aún, ¿somos los seres humanos capaces de organizar nuestra estructura cognitiva y social en estos términos? En próximas entradas intentaremos dar respuesta empírica a estas cuestiones.

De estratos digitales y de cómo hasta ellos llegar

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En el siguiente párrafo de la novela La elegancia del erizo se hace un planteamiento filosófico-literario estrechamente relacionado con el núcleo del diseño del Yo Digital:

"Si pongo música por la mañana tampoco es que la razón sea muy original: lo hago porque determina el tono del día. Es muy sencillo y, a la vez, muy complicado de explicar: creo que podemos elegir nuestros estados de ánimo porque poseemos una consciencia con varios estratos y tenemos la manera de acceder a ellos. Por ejemplo. para escribir una idea profunda, tengo que ponerme a mí misma en un estrato muy especial, si no, no me vienen las ideas y las palabras a la cabeza. Tengo que olvidarme de mi misma y a la vez estar super-concentrada. Pero no es cuestión de voluntad, es un mecanismo que se puede accionar o no, como rascarse la nariz o hacer una voltereta para atrás" (La elegancia del erizo. Muriel Barbery. Pp. 170).

 

 

Si nuestra mente puede accionar un mecanismo que escoge el estado mental más adecuado sin que la conciencia pueda controlar el proceso, EL YO DIGITAL ES BÁSICAMENTE UN APARATO QUE PERMITE AL USUARIO CONTROLAR LA SELECCIÓN, LA CREACIÓN E, INCLUSO, EL MANEJO SIMULTÁNEO DE ESTADOS DIGITALES (no sólo emocionales, sin también autobiográficos, sociales y todas las posibles combinaciones entre ambos). Consideramos esta dinámica, de un alto nivel de usabilidad, como la clave para poder aproximar el procesamiento de la información digital al procesamiento del sistema cognitivo humano.

LA VIDA EN ROJO

 

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La emoción puede penetrar en el yo digital a través de los colores. La posibilidad de colorear aproxima la identidad digital a la biológica. Sobre todo si coloreamos en rojo.

En la paleta cromática de la naturaleza el color rojo destaca por su intensidad comunicativa:

 "Los hongos rojos, las mariquitas rojas, las amapolas rojas, son peligrosos si se ingieren; pero los tomates rojos, las fresas rojas, las manzanas rojas son buenas. La boca abierta de un mono agresivo es amenazadora, pero las nalgas rojas de una hembra sexualmente receptiva son atrayentes. Las mejillas sonrojadas de un hombre o de una mujer pueden ser indicio de cólera, pero también de placer. Así pues, el color rojo, por sí mismo, no puede hacer más que alertar al espectador, prepararlo para recibir un mensaje potencialmente importante; el contenido de este mensaje se interpretará solo cuando se haya definido el contexto de la rojedad"

(The colour currency of nature: En capítulo 12 de Conciousness Regained, N. Humphrey, Oxford University Press, Oxford, 1984)

Describiéndolo a partir de los parámetros emocionales que incluimos en el Yo Digital, el color rojo es un índice de nivel de activación sin valencia afectiva. Intensifica tanto lo placentero como lo aversivo.

El rojo posee, además, un significado especial para las personas:

-Altera el ritmo cardíaco y la actividad cerebral

-Ocupa un lugar privilegiado en los sistemas cromáticos de todas las sociedades

-Cuando una lesión cerebral daña la visión del color, el rojo es el que más tardamos en perder y el que antes recobramos

(El origen del lenguaje: En capítulo 16 de Los orígenes de la música y el lenguaje, Steven Mithen, Barcelona, Crítica. 2007)

 

¿QUÉ PARTE DE TU VIDA DIGITAL COLOREARÍAS DE ROJO?

Susana tiene “un temita”

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Cuando se nos dio la libertad de desarrollar ideas rompedoras dentro del plan de innovación de Telefónica I+D, no tuvimos ninguna duda de elegir el YO DIGITAL. La idea, tras unas emocionantes reuniones de un muy reducido grupo, se articuló rápidamente, y prendió el interés en las esferas decisorias que otorgan presupuestos y recursos. Nos lanzamos a la aventura.

Curiosamente siempre nos guiaron buenos principios a la hora de desarrollarlo. Queríamos crear algo útil a la comunidad digital allá donde esté, sin poner el foco en la rentabilidad económica, con la convicción de que si algo es útil, necesariamente será rentable. Allí estaba el ejemplo de Google.

Uno de los principios substanciales que ha estado siempre presente es el de la concienciación de nuestra esencia digital, nuestros derechos digitales de intimidad, confidencialidad, y la divulgación de este principio a resto del mundo que existe más allá de esta pantalla de ordenador. Véanse por ejemplo: Las tres leyes de la robótica Vs Yo DIGITAL o La segunda ley del yo digital

Esta semana han sucedido dos hechos que me han hecho replantearme cuanto soy de digital y cuanto no quiero ser de digital.
email_filter.jpg El primero de ellos la migración en mi empresa de plataforma de correo. Con los consiguientes cortes de servicio. Creo que en este siglo XXI, sería más eficaz prescindir del teléfono que del e-mail. Yo que pensaba que el correo electrónico estaba superado, tenemos blogs, twiters, facebook, videoconferencias, etc… etc… Veasé: DIRECTOR CIENTÍFICO DE NOKIA: «FACEBOOK REPRESENTA EL FUTURO», Y EL CORREO ELECTRÓNICO EL PASADO.
Luego te falta algo tan molesto, tan generador de spam, y no sabes como seguir coordinándote con otros seres digitales fuera de tu empresa y país. Estuve a punto de pasarles mis otras direcciones de correo, que son parte de mis otras identidades digitales, pero afortunadamente se resolvió el problema antes.

beersblogsmadrid.jpgOtro hecho que me hace replantearme mi esencia digital son los Beers & Blogs de madrid , reuniones mensuales entre notables blogleros alrededor de la cerveza y que gracias a Mariluz de barriblog tengo el privilegio de compartir. Realmente la experiencia del contacto presencial con los blogers supera con creces los intercambios digitales, y desde luego las dosis de ingenio y creatividad intercambiadas acrecentadas por el efecto catalizador de la birra es sumamente gratificante. Lástima que haya tan poca presencia femenina todavía en estas citas.

En definitiva que esta semana me he dado cuenta de que soy más digital y dependo de herramientas digitales que creía obsoletas. Que realmente lo gratificante son las experiencias presenciales, aunque esto siempre lo he sabido, y que si no fuese por mi faceta digital muchos contactos reales tampoco hubieran podido llegar a concretarse.

Que por qué el titulo de Susana tiene un “temita”, pues porque yo en realidad quería escribir acerca de la interconectividad de la red, medito mucho sobre ello. De si realmente estamos todos a seis grados de distancia . y de si se puede relacionar el número e con los grados de conexión de los cluster de red. Pero también me gustaría saber en que está trabajando Susana con el Yo Digital, pero cada vez que le pregunto me responde, tengo un temita.

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