El salario mental y mi yo digital
Cada uno cuenta la historia según le va. Yo por ejemplo soy digital o estoy en la red por mi profesión y mis inquietudes. Desde que estaba acabando la carrera, ya en el DIT me era imposible abstraerme de la atracción de la red. Mi mujer, mucho más digital que yo, lo es gracias a mi labor de proselitismo y mi cabezonería inicial, ahora me saca un montón de cuerpos de ventaja en el mundo digital. Y mis enanos, no cuentan, ellos son nativos digitales y viven en otro planeta distinto al que yo nací.
Pero también soy digital gracias al sueldo mental. Hace mucho tiempo, cuando trabajaba en TID, no sé cuántas crisis atrás, el director general de entonces a la vista de que no subirían los salarios acordes con nuestras expectativas decidió poner en valor el sueldo mental. Esto es, hacer ver las facilidades innatas que teníamos por trabajar allí, acceso a la red, correo anywhere, posibilidad de disponer del edificio cualquier día y hora, … y la gran satisfacción de trabajar con el mejor equipo de profesionales del momento. Posteriormente todos con móviles, y accesibles en cualquier momento y lugar, pero esa es otra historia.
La verdad es que de primeras pensé, ¡¡¡ Qué morro!!! Inexorablemente después de la crisis vino la burbuja, todos corriendo como pollos sin cabeza y olvidamos la historia del sueldo mental. Pero quedó la tremenda libertad de configurar nuestros puestos de trabajo como quisiéramos, instalandonos un SIMO, difícil de gestionar a nivel de los Sistemas de Información oficiales e inmensamente flexible para cada necesidad individual.
Ahora la gran mayoría estamos en empresas diferentes y el otro día me comentaba un amigo como echaba de menos su sueldo mental. Por contrato había firmado que sólo usaría el portátil de su empresa para labores estrictamente relacionadas con su desempeño. El PC además estaba militarizado, le era muy difícil instalarse incluso herramientas de Software Libre, y se reconfiguraba automáticamente actualizándose fuera de su control. Para colmo sólo tardo dos días en pinchar un anexo del correo de un colega y que el navegador de su empresa le redirigiese a una página de la organización advirtiéndole que había intentado entrar en una web de contenidos pornográficos.
Ahora mi amigo está comprándose un portátil nuevo y libre, e intentando disociar su vida profesional del resto. Adentrándose a lo que él llama un viaje retrospectivo al siglo XX, me dice que le va a costar enamorarse de su nueva empresa si no la lleva en su yo digital libre pero claro, una cosa es el amor y otra el sexo, y por lo pronto ha salvado su salario real.

Todo está pasado de moda cuando lo miras otra vez. Al menos en los cachivaches digitales. Sigo haciendo mudanza, me cambié de empresa, y voy encontrando cacharros que había abandonado y que en su momento eran “cool”. Los móviles que son los que han envejecido más rápidamente. Ay de aquel Nokia 8860 que tanta ilusión me hizo, el único que me lleve a la correr. Ahora nadie cool lleva un móvil de este estilo. Ni por forma, ni prestaciones. Pero en su momento me enganchó.
un consuelo, y es que la vestimenta no hace al monje. Conozco a más de un usuario de i-phone que no vive ni de cerca por la red. ¿La disciplina es lo que hace al monje? Quizá si a mí, que me cuesta estar conectado por el twitter, o refrescar mi Facebook, pero no a los nativos digitales, con su tarifa plana de internet en el móvil. Ya han nacido así. Ya tendrán otros problemas si caen en empresas donde se coarten los accesos a según qué herramientas y/o portales, empresas que estiman que el trabajo es para trabajar, y que pierden por el contrario que se trabaje desde otras ubicaciones, y sobre todo en otros momentos.
Donde tenemos nuestra memoria en esta era digital y de redes sociales. Los números de teléfono en el móvil, las rutas en el GPS, y la cultura … ¿en Wikipedia. ?? Lo cierto es que la labor de memorizar esta pasada de moda. ¿O siempre lo estuvo?
En 1948 Donal Hebb realizó hipótesis relativas al refuerzo de estas conexiones mientras se formaban marcas mnésicas cerebrales. Estudios en Berkeley en los años sesenta demostraron que la exposición en un medio rico de estimulos daba lugar a un aumento de peso y del espesor de la corteza cerebral.

Estábamos en el departamento de Ingeniería Telemática de la Carlos III discutiendo sobre la web 3D y conveníamos que uno de los grandes aportes que se deberían dar a los avatares de nueva generación era dotarlos de emociones, de una comunicación no verbal. Aunque una vez de acuerdo en ponerle el cascabel al gato hay que hacerlo, aunque eso ya es otra historia.
Por ejemplo, de pequeño, cuando me aburría, (No tenía TV, a lo mejor era un poco friki), salía a la calle e intentaba mirando a la gente intentar adivinar qué voz tendrían y que tono emplearían. Con el tiempo logré acertar incluso en el sentido contrario, oyendo una voz, le ponía una cara y no solía fallar por mucho en los rasgos y la expresión.
Además de colaborar en la Carlos III también imparto clases de mus en mis ratos de ocio, y he notado que efectivamente los nativos digitales tienen unas habilidades del engaño no verbal distintas. Diferentes. Serán debidas a esa falta de aprendizaje en la calle, o a la deformación que nos da la caja tonta.

