Archivo de mayo, 2011

Todo lo útil ha de caber en un Smartphone. ¿Y ser gratis?

Hola, es el último domingo de mayo, aún sigue San Isidro en las ventas,  voy en bici por la feria del libro en el Retiro, y por supuesto acaba de llover. Feria del libro + San isidro = lluvia. Nunca falla.
La feria del libro es fantástica.  Siempre me hace reflexionar, y últimamente cuestionarme si tiene sentido el libro en sí en nuestros días. El libro como sucesión temporal de frases y  páginas que nos trasmiten todo, nos cuentan historias, ideas, sentimientos… Pero el mundo real en el que vivo, afortunada o desafortunadamente ya no es así.  Casi nada es secuencial, trabajo a golpe de interrupción, casi siempre del móvil, y cuando intento resolver el problema entro en la pantalla del ordenador  y a partir de ahí voy dando salto por hiperenlaces buscando información, relacionándola de múltiples fuentes, periódicos, blogs … y si al final tengo que hacer un informe que explique la solución está lleno de enlaces a los originales.
Concluyo que para el trabajo del día a día los libros no son la solución. Al menos en su formato analógico de papel.  Y esa es otra cuestión. La novela como la vida misma ha de leerse desde el principio hasta el fin, si queremos disfrutarla. No vale ir a la última página para saber quién era el asesino. Aun así, el formato en papel es discutible. Tengo un e-reader de tinta electrónica y me ha sorprendido lo fácil, manejable, ligero y cómodo que es leer una novela en él. Con el agravante de que llego infinidad de novelas en dispositivo y es probablemente la única forma de leer en el metro en hora punta. Entonces,  ¿el formato de papel se quedará sólo como un capricho para los románticos? ¿Debemos rendirnos? renunciar al libro de papel y abandonarnos a los formatos digitales.
En otros campos ya nos hemos rendido, y no ha pasado nada, por ejemplo la música, toda ella es ya digital. Quizá aquí somos más pragmáticos, nos importa más el contenido que el continente, y la mejor forma de compartir el contenido es en formato digital, más que le pese a la industria discográfica. Pero qué triste sería una feria del libro, sin sus estanterías llenas de libros, y sin los autores firmándolos. ¿Cómo se puede firmar y dedicar un libro electrónico?
¡Al loro! que hoy ya nadie sale a la calle sin su móvil, y mañana nadie lo hará sin su Smartphone, y todo lo que sea útil debe caber en un Smartphone, el GPS, la música, las redes sociales, incluso el teléfono. Si aún no tienes un Smartphone con tarifa plana de datos no te preocupes el futuro es imparable. Hace unos años nadie predecía que habría más móviles que personas.
La concentración de dispositivos puede que haga que todo quepa en el Smartphone, y ¿que todo sea gratis? ¿Por qué no? Quién compra ya música, quién usa un TomTom si tiene un navegador con GPS en su móvil,  para que cargar continuamente con una cámara fotográfica si para la mayoría de las ocasiones nos basta con la del móvil. Muchos puristas no estarán de acuerdo. Aún.
Dicho esto seguí paseando en bici y me topé en el mismo Retiro con un cuarteto de cuerda, cuánto entrenamiento para tocar así, y que privilegio oírlos tocar en directo. Desde luego al final las emociones se transmiten mejor en el mundo analógico (irreal) que en el digital cotidiano de todos los días. Y en música también.
¿Hasta cuándo?

Información, cuánta en la relación y cuánta en el contenido

El primer proceso para resolver un problema es el análisis, y por eso analizo de vez en cuando las diferencias entre la vida digital virtual, y la real. Existen algunas de bulto y otras de sutiles. Por ejemplo la desaparición de gran parte de la comunicación no verbal en el mundo digital. Expresiones faciales, entonación acorde a gestos, estrechamiento de manos, distancia física entre los dos interlocutores, …. Otra diferencia de la que somos conscientes es el no olvido, lo que está en la red prevalece y lo hace para siempre.  Lo que publiques en la red te perdurará aunque lo borres, pues seguro que alguien lo referenció. (Por ejemplo: Cualquier foto en Facebook estará presente mientras tenga una referencia, aunque tu borres tu cuenta), y quizá no seamos tan consciente de la sutil diferencia de que cuando se vuelva a ver dentro de 10 años se habrá perdido el contexto.
Y puestos a analizar las diferencias también me ha llamado la atención las similitudes entre lo real y virtual, como ésta, de la que no era consciente.

El otro día hablando con el móvil con un amigo decidimos vernos cerca de donde estábamos. En el bar que hacía esquina en una plaza cercana. Sin embargo cuando llegué en lugar de bar había una tienda de animales. En ese momento pensé que en la base de datos de mi cerebro debía cambiar el objeto bar, con sus atributos de raciones, cañas, olor a fritanga,… por el de tienda de animales,  con sus guacamayos, peces, … así de fácil y simple, programación orientada a objetos, suponiendo que la información estaba en el local, pero no. Cuando llegó mi amigo le paso lo mismo, echo de menos el bar y recordamos las conversaciones y vivencias que tuvimos, y nos dimos cuenta que para ambos allí seguía estando el bar y seguíamos concibiendo  a la plaza como era, mientras buscábamos otro bar para charlar. (Costumbre muy española la de no poder hablar en mitad de la calle sin más)


Y es que realmente hay mucha información entre los enlaces de los recuerdos. Y esa información es compartida entre varios con independencia de que el bar en cuestión exista.  Por ello probablemente la simple programación orientada a objeto no sea suficiente para explicar nuestro comportamiento digital en la red. Google debe su éxito a que fundamentó su algoritmo de búsqueda en los enlaces y relaciones entre las páginas web tanto como en el contenido de las mismas páginas.
Curiosamente esta forma de proceder en el mundo digital se refuerza y tiene mayor importancia la relación. Así pues, un contenido digital, un blog por ejemplo, si llega a alcanzar cierta relevancia lograra un gran número de enlaces hacía a él, y aunque deje de publicarse, y pase de moda, seguirá apareciendo durante un tiempo  por delante de los méritos presentes, gracias a que los enlaces de otros blogs le siguen referenciando.
¿Y en nuestro mundo real, en nuestro cerebro? Pues parece ser que también. Por ejemplo nos cuesta adquirir ciertas habilidades complejas, nadar, o montar en bici, pero una vez adquiridas aunque no las ejercitemos durante años nos son mucho más fáciles de recuperar en una segunda ocasión. Esto es debido al parecer a que las sinapsis neuronales retroceden después de una larga pausa pero no desaparecen.

Con independencia de que la información o el recuerdo sean un conjunto de relaciones parece ser que estamos hechos así, en red, y preponderan más de lo que parece las relaciones entre nodos, neuronas, que los nodos y neuronas en sí. Por ellos quizá esta analogía del mundo virtual y real sea más importante de lo que a priori pensaba y quizá deba tenerla más en cuenta. Porque si estamos hechos así, la realidad la percibiremos de esta manera, con independencia de cómo sea en realidad.

(Quién no conoce a muchos personajes vacíos que son importantes no por lo que piensan y hacen, si no por las relaciones que tienen, y no estaba pensando ahora en algún ex-jefe)

Redes emocionales

Puede hacer más por tu felicidad un vecino feliz que tu feliz esposa…

Siempre me planteé el Yo digital como una dimensión superior a mis identidades digitales. (De hace ya mucho Gestión de Identidad vs Yo Digital)  De hecho mi Yo digital tiene que gestionar distintas identidades, en distintas redes sociales, con distintos perfiles en cada una de ellas pero reflejando un ente único con distintas facetas personales dependiendo del contexto y del grupo con quién interactúa. Y sobre todo es un Yo Digital Emocional, donde todo está tintado por emociones que sirven para pegar recuerdos, y distorsionarlos conscientemente (inconscientemente lo hace mi yo biológico, la realidad digital es automática e imperturbable en este sentido, no hay olvido).

Pero la verdad es que las emociones transcienden de los Yo digitales, se comunican y entrelazan en la red, juntando comunidades, mimetizando ideas y gustos, uniendo a los entes digitales individuales. Esto no es nuevo, existen multitud de experimentos que ya lo demostraban sin necesidad de internet. Y es que somos una especie social. Que las emociones se contagian es sobre lo que versa Conneted: The Surprising Power of Our Social Networks and How They Shape Our Lives — How Your Friends’ Friends’ Friends Affect Everything You Feel, Think, and Do: de Nicholas A. Christakis  Y James H. Fowler (2011). Según su introducción puede hacer más por tu felicidad un vecino feliz que tu feliz esposa.  (Exagerado?) Lo que está claro es que el poder de las emociones transciende el plano mental y afecta incluso a nuestra morfología.  El parecido físico de una pareja aumenta con el tiempo de convivencia. No lo digo yo, este fenómeno fue estudiado por Robert Zanjoc psicólogo social, en los años 80. Yo personalmente sólo lo  he comprobado, y no con cifras, entre algunas parejas de  perros y amos.

Volviendo al libro parece ser que la felicidad es muy contagiosa. Al parecer influye más un entorno feliz que un ingreso monetario inesperado. Y este contagio en redes sociales es factible de ser medido y analizado por modelos matemáticos. Un ejemplo de los autores, en cuanto a la sonrisa.  Los nodos amarillos son sonrientes, los azules no, y los verdes son neutros.

Esto también transciende por ejemplo como aquellas costumbres que al final acaban con efectos en nuestra morfología física como la obesidad:

Los nodos verdes representan personas con sobrepeso.

 

 

Llegados a este punto:

  • Que las redes sociales son un catalizador de emociones, no me plantea la menor duda.
    • Además ayuda el marketing, mientras las redes sociales favorecen la comunicación  la TV promovia entes solitarios.
  • Que se puede medir y experimentar más fácilmente en redes sociales, también, y no hay que irse a USA, ahí está el barriblog de Mª Luz Congosto.

Y llegados a este punto ¿ Está la tecnología haciendo todo lo posible para canalizar emocionalmente nuestra presencia en la red? Creo sinceramente que no.

  • Google se limitó a búsquedas por relaciones y se retrasó en crear una red social.
    • Pero se quedó con el mercado de la publicidad
  • Facebook se centró en crecer en volumen, y tiene una interfaz desordenada y confusa.
    • Se quedará con la publicidad, ya que tiene un acceso más individualizado a las personas
    • Pero se convertirá en el generador de spam del siglo XXI como ya lo es el mail del siglo XX.

¿¿¿ Y nadie dará un enfoque centrado a las emociones en la red???

Y mientras tanto las emociones cabalgan imparables. Y si no miremos al Yemen, Siria, Egipto,….

¿internet nos hace más inteligentes?

El coeficiente de inteligencia, CI, aumenta con el tiempo, con las generaciones, no te hagas ilusiones. Esto al parecer ya lo observó el psicólogo Read Tuddeenham, en 1948 quién comparo los CI de los reclutas entre la primera y segunda guerra mundial. En los 80 lo corroboró James Flynt, politólogo. Los estudios parecen demostrar empíricamente que el aumento del CI se cumple al menos desde hace 60 años.
Me noticia me alegró el domingo, venía bastante decaído en este aspecto desde el comienzo de un curso de computación en sistemas ubicuos que empezó más o menos de esta manera: “la ley de Moore se cumple inexorablemente para casi todo: Velocidad de computación, capacidad de integración de chips, de almacenamiento en memorias, … y falla en la duración de las baterías, (Mejoran pero no al mismo ritmo) y por supuesto en la capacidad de atención del ser humano” Y que verdad,  por más cachivaches que pongamos en el coche, GPS, móvil manos libres, mp3, climatizadores individuales, etc… si el grado de atención humana no varía puede que nos hagan más difícil la conducción. Pero al menos es una muy buena noticia si nuestro CI aumenta puede que podamos asimilar mejor la complejidad cotidiana, en internet, en las redes sociales, con los buscadores: chrome, explorer mozilla, con los sistemas operativos: mac, unbutu Windows, … con los móviles: androide vs iphone, y sus versiones, y ante el ingente bombardeo de información a la que nos hayamos sometidos.
Claro, qué que mide el CI. Pues de todo, lo difícil sigue siendo definir la inteligencia. Y cuales son los indicadores que más mejoran, pues la capacidad video espacial, así como nuestra capacidad para interactuar con varias tareas a la vez. (Recuerdan a los nativos digitales). Y al parecer el uso de internet, navegación por la web, y las videos consolas refuerzan estas habilidades. Existen multitud de experimentos que lo demuestran, el que más me ha impresionado es el de cómo se activan los diversos sectores de nuestro cerebro según leemos o navegamos por internet, estando en este último caso activadas no solo las zonas cerebrales propias de la lectura sino también aquellas usadas en la toma de decisiones complejas.

Existe al parecer una realimentación positiva, a mayor uso de nuestra vida digital, mayor entrenamiento de estas habilidades y por ende, una mejora en estas facultades.
Por el contra, parece ser que en otros indicadores estamos decayendo, y  también influye el uso de la red. Así empeoramos en nuestra capacidad de atención, el uso en niños, jóvenes de videoconsolas suele ir acompañado con mayores índices de hiperactividad, y también perdemos en nuestra capacidad de lectura. Se lee con menos profundidad, sólo unas páginas, y en muchos casos sólo el encabezamiento de las mismas. ¿Cuántos habrán llegado hasta aquí?
Con lo que la buena noticia con la que empezó el domingo me genera más preguntas:
¿Somos más inteligentes en media, o sólo con aquellos indicadores que nos afectan a nuestra vida cotidiana? A ver si nuestra increíble capacidad de adaptación humana nos está haciendo evolucionar al ritmo de la tecnología con independencia del camino que lleve está.
¿Seremos más inteligentes que los griegos de la época clásica? O la inteligencia depende de nuestra adaptación al medio y/o la época.
En fin como aun es domingo y sigo siendo optimista, espero que si no al menos más inteligentes, este nuevo entorno socio-tecnológico nos permita comunicarnos y comprendernos mejor a nosotros y a nuestra época. Total para pesimismo Edwin Boring (1886-1968) de Harvard “La inteligencia es aquello que miden los test de inteligencia”

 

El tiempo digital vs tiempo analógico. Ordenación y relativismo

Tuve una mala semana, mucho trabajo, muchas interrupciones en el trabajo y de trabajo, mucho mail, mucho móvil, y varios días así.  Consecuencia lidié con la situación lo mejor que pude resolviendo varios temas a la vez priorizando según mi instinto y sin poder dedicar nunca el tiempo necesario para acabar con cada las tareas. Además tuve un golpe con la moto, perdió el R. Madrid,  cumplí años, extravié y encontré la cartera, y al final el sábado acabé en un concierto de Rock en el Reciclaje, un pub de Guadarrama, y que sensación más extraña,  allí el tiempo ya no era compartido, era tremendamente secuencial, las canciones iban una detrás de otra, y no podía saltar de una a otra, incluso la letra se apelotonaba, mi cabeza se iba al estribillo y el grupo seguía en los solos.

 

No habéis sentido esa extraña sensación cuando caéis de repente en el mundo analógico de que las cosas pasan demasiado despacio, y de que se empeñan en llevar un orden lógico. No sentís impaciencia cuando leéis un libro y necesitáis pasar por todas las páginas en un orden secuencial para llegar a la conclusión. Incluso en algunos deportes muy emocionales ellos, por ejemplo el baloncesto, importa más el qué, que el cómo. Es decir, no sentís la tentación de ver sólo los últimos tres interminables minutos, o tres segundos, donde se encesta de tres y liquida el partido, que todos lo anterior que a la postre parece no haber tenido importancia.

 

 

Pero qué es el tiempo. ¡Ja!, cualquiera responde. Lo único claro es la ordenación de eventos, antes y después, y por ende la simultaneidad, es decir sabemos cuándo dos cosas suceden a la vez, o creemos que suceden a la vez. Einstein ya demostró que la simultaneidad es relativa, ver experimento del tren y del rayo. Y en el mundo digital, ¿la simultaneidad es también relativa? Anda que no van a ser estudiados los twitter de @Reallyvirtual…  Ver por ejemplo: Retransmitir la muerte de Bin Laden sin saberlo. Y por supuesto que no serán simultáneos con nada de lo que sucedió. En está ordenación emocional de los hechos, tiene sentido hablar de tiempo real? Y las cosas cómo fueron, ¿Cómo sucedieron o cómo las ordenamos?
A veces no sentís el frenazo de entrar en el mundo analógico esperando tu turno en la cola del supermercado, en el médico, en la barra del pub, en el banco…. Desde luego en el mundo digital la relatividad del ordenamiento temporal parece más evidente y no tenemos que montarnos a un tren a velocidad cercana a la luz para comprobarlo. Y la causa/efecto de esta (des)ordenación temporal de los eventos tendrá consecuencias muy importantes. Atentos a toda la ordenación temporal de declaraciones, twitter  @Reallyvirtual, comunicados y noticias a la carrera sobre la muerte de Obama, y sobre cuando declararon que arrojaron su cuerpo al mar.
Si según Gabriel García Márquez: La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla. El tiempo no es cómo paso sino como lo ordenamos, y afortunadamente o no, esta ordenación actualmente es digital.