Archivo de noviembre, 2011

Mi Yo digital, mi Yo digital laboral y mi Yo.

Se habla de la conciliación de la vida laboral y personal, y se considera algo muy bueno, pero que hay de la conciliación de mi yo digital laboral con mi yo digital íntimo. A qué me refiero. Pues a las facilidades/dificultades que todos tenemos para conmutar a mis distintos Yoes digitales.

En la intimidad de casa no tenemos ningún problema para acceder a la red con nuestros Yoes Laborales. Prácticamente todas las empresas permiten el acceso a las intranet corporativas para que, una vez salvados los requisitos de seguridad, nos sintamos como en el trabajo. (Incluso según veremos mucho mejor)
Pero y en la oficina, ¿qué facilidades tenemos para acceder con nuestros Yoes Digitales íntimos?
Pues ya no es lo mismo. Algunas empresas filtran aquellas direcciones de portales con contenido pornográfico y apuestas, … (bueno), otras impiden el acceso a determinadas redes sociales, Facebook, MSN, …  E incluso, las hay que no permiten el acceso a servidores de correo web como el gmail para evitar fugas de información.
Pero si tenemos la suerte de no estar en ninguno de esos casos, probablemente lo que más coarte nuestro Yo Digital íntimo en la empresa sea el estilo de oficina en sí,  dado que últimamente lo que más se lleva es el estilo de espacios abiertos, donde la intimidad de la pantalla del trabajador es limitada. Pero curiosamente incluso para el trabajo, para el Yo Digital Laboral, estos entornos disminuyen la productividad del trabajador.
Estudios de Alexander Haslam  y Craig Knight en la Journal of Experimental Psycology desvelan que:
Un entorno de trabajo atractivo aumenta la productividad, pero además si la oficina estaba decorada se trabajaba un 15 % más deprisa sin errores. La productividad y el bienestar aumentaba aun más, el 30 %, si la oficina estaba personalizada por el propio usuario.
Además del diseño y configuración afectan otros aspectos como la acústica. Percibir ruidos vocales irrelevantes desciende los grados de concentración en la lectura, memorización de números y sensación de bienestar.
Pero probablemente lo peor, al menos para mí, son aquellos lugares donde se percibe que el jefe puede vigilar controlar el puesto de trabajo. Entornos panópticos. Los mismos estudios demuestran que a mayor sensación de control menor capacidad del trabajador para concentrarse.
Evidentemente en entornos de este tipo, qué capacidad se tiene de en un descanso conmutar a tu yo digital íntimo, consultar lo que escribe tu chica en facebook, o incluso ver tu cuenta bancaria sin sentir la sensación de que como te vean, piensen que estas vagueando y perdiendo el tiempo.
Yo creo que como en el mus hay que perder un poco del tiempo en causas menores para ser más productivo en los momentos importantes. También que yo como persona tengo una vida interior, y un yo digital que enriquece a mi entorno, y que las empresas deberían valorar como un activo importante, en lugar de atajarlo como un cáncer.  Evidentemente no sería de recibo que todos los días un 80 % del tiempo el trabajador estuviese conectado a su red social  pero los seres humanos somos capaces de contagiar nuestro estados de ánimo: humor, pero también la creatividad, satisfacción y productividad (Ver post anteriores en este blog ). Quizá gracias a estos factores las empresas punto como de los 90s fueran más productivas además estoy muy de acuerdo con Colón que dijo algo así como: Encuentra la felicidad en el trabajo o nunca serás feliz. Claro que estas políticas de ahorro y espacio abiertos en las oficinas no están pensadas para favorecer estos conceptos.

El tiempo, el tiempo digital, empatía, nostalgia y más

¿Qué es el tiempo? Realmente no lo sé. Mis profesores de física tuvieron serios problemas para definírmelo y a veces creo que confundían los efectos por las causas. Pero al margen del tiempo físico matemático existe el tiempo biológico y subjetivo con el que todos tratamos día a  día.
Ahora que ando buscando diferencias entre el mundo presencial y biológico con el mundo digital mi pregunta es, cambia el  tiempo subjetivo con el que estábamos acostumbrados a relacionarnos con el tiempo digital cuando nos movemos en el mundo virtual, redes sociales, blogs, albúmenes digitales, recuerdos en youtube, etc … ¿Qué diferencias hay?
La primera diferencia es que al igual que en la vida real el tiempo físico matemático no es tan importante. Guardamos los recuerdos asociados a emociones con independencias del tiempo real.  Busco mis fotos de cuando fui a Cuba, por los recuerdos que llevan aparejados, pero realmente nunca sé en qué año fue, en el noventa y tantos. Sin embargo las nuevas fotos digitales vienen todas no sólo con la fecha en la que fueron tomadas sino también con el lugar donde se tomaron. (Por ejemplo si la hiciste con un móvil que tenga el GPS activado), e incluso ya pueden reconocer ciertas caras de quienes aparecen en las fotos. (Como sucede con picasa) Pero aun no tenemos la facilidad de agruparlas emocionalmente para construir nuestra memoria autobiográfica. (Menos mal porque así puedo seguir estudiando el tema). Bueno esta es una diferencia evidente entre ambos mundos pero creo que a poco todos somos conscientes de ella, aunque la gran mayoría de la gente sigue empeñada en catalogar las fotos digitales por años.
Pero que el tiempo físico es totalmente distinto del subjetivo es más que evidente y no hace falta recurrir nuestra memoria biográfica. Por ejemplo el tiempo subjetivo que pasé mientras me operaban de miopía con laser no tiene nada que ver con el tiempo físico real. Y es que nuestro reloj interno se acelera y varía la percepción de la duración de los hechos, así el tiempo percibido depende de las condiciones fisiológicas, del estado psicológico y del emocional. Por lo general mientras más grata es la tarea menos atención prestamos al tiempo y así este transcurre de manera más rápida. Quizá sea este el motivo por el que nos enganchamos a las redes sociales, los juegos en red, y a multitud de tareas digitales, porque nos gustan, de ahí el éxito que tienen, y porque en ellas el tiempo no pasa.
En el mundo biológico es tremendamente importante la llamada comunicación no verbal, de la que adolece hasta ahora el mundo digital, y estos signos distorsionan nuestro tiempo subjetivo. Por ejemplo existe el experimento de mostrar rostros con distintas expresiones faciales y luego indagar acerca de la duración con la que se han visto estas caras. Pues resulta que aquellas fotos que reflejaban ira o temor tienden a acelerar nuestro reloj interno ante una posible amenaza y por ende los sujetos del experimento tendían a pensar que la duración de estas imágenes era mayor. 
Pero es más, los humanos al empatizar podemos llegar a compartir nuestro reloj interno y así variar la velocidad de nuestro modo de comunicarnos. Así la madre suele hablar más lentamente a su hijo, o cuando un joven se encuentra con su anciano abuelo también tiende a ralentizar sus acciones. Claro que para empatizar de esta manera necesitamos en gran parte de los casos ver las distintas variaciones de la expresión de nuestro interlocutor, algo muy alejado de la realidad digital actual. ¿Estas diferencias son importantes? Supongo que sí, de hecho me dan ganas de cambiar las imágenes de presentación que tengo en las distintas redes sociales en las que estoy.
Y mientras sigo indagando intento organizar mejor mis recuerdos digitales porque en cualquier momento sentiré nostalgia de ellos y me gustará poder rememorar estos recuerdos. (Disfrutar del pasado es vivir dos veces, Marcus Valerius Martialis) y todos sentimos y sentiremos nostalgia y la verdad es que poder guardar digitalmente nuestros recuerdos puede tener ventajas futuras.

Diferencias entre el mundo digital y biológico. Seguir aprendiendo.

Ando buscando diferencias entre el mundo digital y sus interacciones, mi yo digital, y mi yo biológico y sus formas de comunicación. Especialmente presto atención en el tintado emocional de los recuerdos, algo innato en cada recuerdo personal que tengo, y algo de lo que adolece cualquier fotografía en los distintos repositorios digitales. Por ejemplo si quisiese rememorar mi primer beso con lengua me vendría a la memoria el montón de sensaciones extrañas y contrapuestas que sentí en la oscuridad de aquel cine. Mientras que en el mundo digital prácticamente me es imposible guardar más allá de la imagen de la foto, el video, o el sonido de la canción, y en el fondo de todo ello, en los casos especialmente emotivos, vale más el envoltorio emocional del recuerdo que la imagen en si misma.
Estoy analizando y clasificando las distintas diferencias entre los dos mundos y me asaltan un montón de preguntas. Qué hacer cuando lo tenga claro. ¿Incorporar estas carencias emocionales al mundo digital? O simplemente ser consciente de ellas y seguir aprendiendo a interactuar en un mundo digital siempre extraño. (O al menos que evoluciona mucho más rápidamente que yo).

  • Evidentemente no puedo obviar esta realidad, sería como resistirme en su momento a usar calzado, a pesar de que por generaciones nuestra especie anduvo descalza. Y no sólo por ser moderno, sino porque es útil.
  • Adaptarme sin más a los nuevos usos, pues no. No quiero obviar todo el bagaje emocional con el que he llegado hasta aquí, y que ha debido ser interesante puesto que me considero relativamente feliz y equilibrado. Zapatos sí, pero sin tacón de aguja.
  • Entonces sólo me queda el remedio de seguir aprendiendo e incorporando en lo posible mis vivencias, ¿Es esto posible?

Al parecer si y no importa tanto ni la edad ni las aptitudes como la voluntad y perseverancia. Lo cual es magnífico puesto que si así fuere nadie estaría excluido de esta evolución. Además El aprendizaje transforma el cerebro (Scholz, Jan y Klein, Miriam). En este artículo de mente y cerebro se detallan diversos experimentos según los cuales las distintas personas sujetas a procesos de aprendizaje, como hacer juegos malabares, al cabo de varias semanas lograban modificar su estructura cerebral, tanto en la materia gris, como en las conexiones entre las distintas neuronas, materia blanca. Estas variaciones se constatan mediante técnicas de tomografía por resonancia magnética.
Y efectivamente, el encéfalo no es una estructura estática sino que se adapta sin cesar a las condiciones del entorno. Además aquellos engrosamientos debido a aprendizajes particulares perduran con el tiempo. Según se revelo mediantes estudios tomográficos a personas que estudiaron piano, aunque con el tiempo dejaron de practicarlo.
Y las nuevas generaciones. Pues tendrán que aprender desde el principio, pues no creo que está musculatura cerebral se trasmita de padres a hijos, lo cual es bueno, así cada cual que aprenda el entorno digital que le toque. Y por el camino espero que no se pierdan habilidades tan antiquísimas como contar cuentos, aunque siempre quedará la solución de leerlos, aunque sea de un blog. Es lo que toca.