Archivo de enero, 2012

Y Google cambió su política de privacidad. GLUPS!!!

Si, pero no, y al final si, que remedio.


Google ha anunciado que el 1 de marzo cambiará su política de privacidad, unificándola a todos sus servicios, excepto Chrome, books y Wallet, y de paso podrá cruzar y analizar oficialmente todos nuestros datos en aquellas aplicaciones que nos está ofreciendo. Avisados estamos.
 Si. Como no vamos a estar de acuerdo en tener una política común de privacidad para todo aquello que hacemos en internet si es uno de los principios del Yo Digital que da nombre a este blog. Es decir tener controlado desde un único sitio todo aquello que publicamos, compartimos, o mostramos al resto de la red.  Además hasta nuestra comisaria europea Vivian Reding ha mostrado su acuerdo. (Glups!!!).
Pero no. Claro que el Yo digital lo que quiere es controlar por si mismo todo aquello que tenemos en la red. Ya sea público o no. Y además queremos hacerlo para saber qué es lo que se conoce de nosotros, ahora con la nueva política de privacidad de Google, será una empresa estadounidense, con un legítimo afán de lucro quién de partida haga ya esa correlación de mis datos personales, y como buena empresa americana con también legítimas ambiciones monopolísticas. (¿Vivian eres consciente de ello?) Google hará este cruce de mis datos automáticamente. Eso sí, se ofrece a ayudarnos para sacarlos a otro lugar y por supuesto no estamos obligados a usar sus servicios. Además se compromete a no vender nuestros datos a terceros. Esperemos que al menos le vaya financieramente bien y no tenga la tentación.
Y me quedan muchas más dudas:
¿Qué pasará con los datos que tenga en otras compañías cuando las compré Google?
¿Será capaz de correlar todos los datos de mi Smartphone android? Me temo que sí. Llamadas frecuentes, ubicaciones, y como lo uso para cosas intrascendentes como correr, pues también sabrá los tiempos que hago, por donde entreno, y por ende hasta como estoy de forma física. (De amores ni hablamos)
Al final sí, que remedio. Seguiré usando los servicios de Google porque en la etapa digital que vivimos está de moda y es casi imposible no tener alguna intimidad en la red, aunque yo al menos  cada vez tengo más cuidado en lo que expongo de mi mismo. Pero asusta saber que Google puede saber más de nosotros que nosotros mismos.  ¿Seremos psicoanalizados sin ir al psicólogo?
Se me ocurren muchos guiones para películas de ciencia ficción, y todas me dan miedo. Por ejemplo, cada noche suelo salir al mismo sitio a tomar una copa y charlar de cómo fue la jornada. Y cada noche suelo coincidir con la misma gente. De mirarlos, de su apariencia, su forma de vestir, y sus expresiones suelo tender a inducir como les va la vida en cada momento. Pero si dejásemos de ir, yo o el resto de la gente al pub, olvidaría fácilmente a estas personas  y sus circunstancias. Pero la red no es así, no olvida, y se nutre de hechos concretos que quedan grabados para siempre. Por lo que seguro que lo que hagamos hoy, podrá ser analizado en un futuro no muy lejano. Y seguro que en ese futuro no muy lejano serán reproducible fielmente esos datos grabados aunque no tanto el contexto en el que se hicieron.

Google ha anunciado que no dará nuestros datos a nadie excepto bajo un mandamiento judicial valido. Pero miedo me da los algoritmos que pueda tener para conocer la proyección de nuestra psique en el mundo digital. ¿Sería capaz Google de contratar a un programador, o ejecutivo,  sin pasar por el típico test psicológico a los que nos sometemos ante cada nuevo trabajo? ¿Y sin valorar el perfil de su rastro en las distintas aplicaciones de Google?
Lo malo de todos los guiones de ciencia ficción que se me ocurren es que tendría que escribirlos muy rápidamente,porque puede que el futuro esté más cerca de lo que parece.

Mientras tanto, por favor señores de Google, creen un defensor del pueblo para sus cada vez menos anónimos clientes.

SOPA, PIPA, Megaupload y otras lindezas

Mis primeros días en la universidad fueron desconcertantes. Allí nadie compartía nada, y se rezumaba un espíritu de competitividad que no había vivido hasta entonces. A la primera que perdí una clase y pedí los apuntes de la misma me encontré con excusas peregrinas, había clanes que se guardaban sitios entre ellos,  y me sentía un bicho raro entre bichos más raros todavía.
Luego todo fue cambiando poco a poco. Bien es cierto que aun recuerdo compañeros que teniéndolo todo, PC propio, libros oficiales, … jamás compartieron nada y compañeros que ofrecieron todo sin esperar nada a cambio. Luego acabamos la carrera y mantengo contacto con muchos de mis colegas en la vida profesional.
Entretanto y sin esperarlo se fue desarrollando la red. Y curiosamente hemos ido aprendiendo a colaborar sin esperar nada a cambio y sin que nadie nos obligase a cooperar. Compartiendo canciones y películas, (Gran pecado), comentarios en los artículos de los periódicos, en los blogs, aportaciones en la wikipedia,… Es decir compartiendo y creando cultura. Bien es cierto que como todo en la vida, hay quienes sólo recogen y apenas aportan, pero estamos en este camino, y es imparable.


Ahora nos toca la SOPA, según la cual los americanos podrán ser jueces de la red, más de lo que aun lo son.  ¿Defendiendo su poderosa industria de creación de contenidos? También. Pero y ¿los conceptos que hemos ido asimilando en este tiempo? Y  ¿si aplicamos esta problemática a mi Yo Digital? pues resulta que siempre aparece  lo bueno asociado a compartir, y lo exclusivo, el comprar para uso y disfrute de uno mismo, no tanto. Si no comparar las frases comprar/compartir cultura, emociones, información, contenidos, y lo que se os ocurra…
Aun recuerdo de la universidad aquellos profesores que editaban su libro, que sólo era vendido entre los alumnos de su curso, para obtener unas ganancias extras mediante un público cautivo. Yo no siempre pude comprar aquellos libros, y desde luego siempre estuve en contra de este modelo de negocio por principio. De la misma forma que ahora que puedo permitírmelo tampoco estoy de acuerdo con pagar, microcomprar, todo aquello que otros si queremos compartir. Porque aunque yo si pueda ahora, hay muchos más que no pueden, y no debemos excluir de la cultura, del ocio y de la red a nadie simplemente por motivos económicos. Aun sigo pensando que el acceso a toda forma de cultura debiera ser un derecho universal, desde un estudio sobre la teoría de la relatividad hasta una película de Indiana Jones. 
La solución el tiempo nos la dará, pero no será la SOPA ni ninguna ley similar, y al igual que se extinguieron los dinosaurios se extinguirán los profesores que editan su libro, y las mega industrias que quieran tener cautivos y controlados sus contenidos sin que se compartan libremente.
Por cierto, con independencia del poder adquisitivo de quienes compartían o no en la universidad, me parece percibir, y es una intuición, que quienes compartían entonces  son ahora más felices, igual tenían predisposición a ello.
(Bueno la próxima semana seguiré con el contenido normal del blog pero esta semana tocaba SOPA)

yo empatizo, tu empatizas, el …

La empatía es la forma más natural de comenzar una conversación, una negociación, o simplemente una partida de mus.  Esta habilidad la utilizamos de forma intuitiva, subconsciente y está presente, intencionadamente o no, en multitud de aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, tengo la costumbre de pensar en algún tema para este blog y venirme a escribirlo a la cafetería de unos grandes almacenes. Hoy según entraba en ellos, he reparado en la chica de la entrada, guapa y agradable, nos miramos brevemente  y esbozó una sonrisa encantadora,  la música de ambiente era alegre, y la temperatura cálida en contraposición con los 2 grados de la calle que tenemos hoy en Madrid. Sin darme cuenta estaba ya empatizando con la postura que estos grandes almacenes querían transmitirme, y probablemente la chica de la entrada fue la que más me influenció. ¿Por qué?
Al parecer existen dos mecanismos que nos permiten empatizar con nuestros congéneres, el sistema de las neuronas espejo, de las que ya hablamos alguna vez, y la red neuronal social. Ambos se ubican en diferentes regiones de nuestro cerebro y funcionan de manera diferente. Mientras las neuronas espejo se activan al ver o imaginar movimientos, expresiones, y/o sonidos de nuestros congéneres, la red neuronal social se pone en funcionamiento cuando atribuimos un estado de ánimo a otra persona sin que intervenga ningún componente corporal o espacial. Quizá la razón de la mayor influencia del rostro de la chica en mí estado de empatía se deba a que más de las dos terceras partes de la información se transmite mediante la comunicación no verbal y a nuestra naturaleza emocional innata.


¿Y en nuestro mundo en la red como aplican estos conceptos tan biológicos? Pues lamentablemente creo que no aplican todavía de manera consciente y sistemática.  Empatizamos con los mismos mecanismos que usabamos al leer el Quijote, al que cada uno le pone el rostro que se imagina, o nos dejamos llevar por rostros agradables en webs bien diseñadas, pero aun no guardamos el rastro emocional que ambas redes neuronales nos dejan en nuestro subconsciente en ningún formato digital. No tenemos esas dos terceras partes de comunicación no verbal. Y desde luego no guardamos el rastro emocional de cada una de nuestras interacciones en red, no existen avatares emocionales para guardar esas sensaciones.
Mientras llega esta red emocional me hizo gracia el comentario de Silvia a la que conocí presencialmente tras acabar una reunión y con la que había intercambiado correos electrónicos. No se sorprendió al conocerme porque al parecer me parecía mucho a mi avatar lo que nos alivió de presentaciones vanales. Me alegró la coincidencia y las jerarquías de parecido, yo pensaba que mi avatar se parecía a mí, pero probablemente ella tenga razón.

La motivación, ¿puede ser digital?

Arghhhh, me desperezo, me despierto de estas vacaciones navideñas con unos kilillos de más y muy pocas ganas de comenzar el nuevo año laboral. Así que lo primero que se me ha ocurrido ha sido leer un artículo sobre las claves de la motivación. Después mientras lo digería y me preguntaba por qué hago lo que hago, que me gustaría hacer y cómo debería motivarme he tenido una idea genial. Este año no me pondré objetivos, se los pondré a mi Yo Digital.
Así dicho puede ser parecer una tontería, pero déjame explicarme. En primer lugar es una cuestión de coherencia. ¿No estoy abogando a favor del  Yo digital?, ¿no tenemos todos una componente digital cada vez mayor? dependencia del móvil, fotos guardadas en nuestro pc, en la nube, nuestras finanzas en la banca electrónica, nuestros amigos en las redes sociales, nuestra memoria en la wikipedia, y algunos hasta nuestras disertaciones en un blog… Si es así no voy  mal desencaminado.
Pero vayamos más allá. Poner objetivos a mi yo digital tiene una ventaja inicial y obvia, estos objetivos son fácilmente medibles, y por tanto controlables. Por ejemplo cada vez que corro, nado o me peso y lo anoto en una hoja de cálculo tengo el control inmediato de mi evolución física. Además para esto existen multitud de programas gratis que te ayudan, yo últimamente me apoyo en sportypal con mi móvil.
Pero al margen de esta obviedad si profundizo más puede que alcance una mayor ventaja al definir los objetivos de mi yo digital. Las áreas de motivación clásica caen en la clasificación de logro, poder o afiliación. Logro como la  necesidad de mejorar día a día, poder como impulso para ser superior a nuestros congéneres y afiliación para anteponer nuestra necesidad de querer y ser querido. Estos tres motores de la motivación están en nuestro subconsciente y por ende no siempre somos conocedores de ellos. Con ellos nos formamos una motivación implícita y subconsciente, luego está la motivación explicita, aquella que nos imponen el resto, lo que yo creo que esperan de mi, e incluso lo que yo creo que espero de mi. De aquí saldrán los objetivos de mi Yo Digital.
Al parecer se tiene un mayor grado de éxito si la motivación explicita coincide con nuestra motivación implícita, si los motores ajenos de motivación, en cuanto a logro, afiliación y poder, están alineados con nuestra forma subconsciente de ser. Es por ello que al menos este año voy a pensar en unos objetivos para mi Yo Digital más alineados con el yo subconsciente que creo ser. A ver si organizándolos consigo tener más éxito que estos años de crisis.
Una vez superada esta fase solo me quedará enunciar estos objetivos para mi Yo Digital, aunque esto será fácil, puesto que todo se hace en el plano digital o al menos tiene un reflejo en él. Y si no pensar como controlamos nuestras finanzas, como guardamos nuestros recuerdos, o incluso como podemos buscar una pareja sentimental.
Mientras pensaba en ello, y me autoanalizaba digitalmente he pensado en los twitter, y facebooks, de mis conocidos en redes digitales, qué fácilmente identificables son los que se mueven por motivos  de afiliación, más difíciles de identificar son los que están motivados por un afán de logro, y que claros están los que están guiados por el poder. ¿O no?