Archivo para la categoría 'Mi consciencia digital'

GOOGLEAR PUEDE SER PERJUDICIAL PARA LA INTIMIDAD.

fumar.jpgPues sí, me quede de piedra cuando leí lo que dice el Google Chief, Eric Schmidt : Only miscreants worry about net privacy. If you don't want anyone to know, don't do it . Lo que traduzco cómo. Sólo los malhechores se deberían preocupar de la privacidad de la red. Si tú no quieres que alguien lo sepa, no lo hagas.

Unas de las motivaciones más claras que teníamos cuando nos embarcamos en la aventura del yo digital era la de concienciar de la importancia del rastro de nuestra intimidad que vamos dejando por la red. Y opiniones como la de Eric Schmidt ponen de manifiesto la importancia de tal motivación.
Amén de las diferencias que tiene la vida digital con la biológica, cómo que las acciones digitales prevalecen para siempre y que además se pierde fácilmente el contexto de cuando se realizan encima esto

  • el-zorro.jpgPrevalecen: ¿Alguien intentó darse de baja de Facebook?
  • Contexto: Además google está guardando infinidad de nuestras acciones digitales. ¿Pero y el contexto? Qué fácil será malinterpretar cualquier cosa que dijimos hace varios años en un contexto determinado.

Yo cara a cara en una conversación verbal puedo decir, somos unos marikas, (Coloquialmente, sin tener nada en contra de la homosexualidad) y se entiende en el contexto en cuestión. Pero digitalmente si lo digo ahora, dentro de tres años se habrá perdido el contexto y el mensaje que queda estará desvirtuado.

Pero es preocupante estos comentarios vengan del chief de google, porque todos estamos y/o nos relacionamos con google y porque no es un don nadie. Y realmente todos estamos bajo sospecha de malhechores. Yo mismamente por haber hecho un comentario homofogo en este post.

Me recuerda a los curas ortodoxos, aquellos que decían que había pecados de hecho, pensamiento y omisión. Vamos si entras en una web pornográfica, eres un pornógrafo? El cura en cuestión tenía claro que si mirabas a una mujer (del vecino o no) era lujuria para empezar.
Además con esa amplitud de miras de Eric Schmidt, ¿quién decide lo que está bien o está mal? Y quién decide a años vista lo que estará bien o estará mal.
Supongo que se darán un montón de explicaciones plausibles a estos comentarios pero el mal ya está hecho, he sacado las palabras del google chief fuera de un contexto plausible, y ya no me creo nada.
Así pues declaro que he sido, soy o seré un malhechor digital.

elzorrofelino.jpg

¿Por cuánto vendes tu vida privada?

PrivacidadUn artículo publicado recientemente, “Adiós a la privacidad en la red ”, me ha recordado los numerosos estudios que se están haciendo para explicar las motivaciones que impulsan a las personas (especialmente a los adolescentes) a mostrar al mundo hasta el más mínimo detalle de sus vidas privadas, a llevar una cámara incorporada que va grabando y mostrando en Internet lo que hace en cada momento, a colgar en la red y hacer públicas las ecografías de su futuro hijo, etc. Lo cual, dicho sea de paso, está facilitando cada vez más la labor de los departamentos de recursos humanos de las empresas, proporcionándoles una fuente de información interesante a la hora de seleccionar candidatos.

Y entre el extremo de los podríamos llamar exhibicionistas o inconscientes y el extremo opuesto de los que defienden a ultranza que se prohíba la recolección de datos personales y su procesamiento, nos encontramos una gran cantidad de personas que estamos dispuestas a ceder conscientemente parte de nuestra privacidad a cambio de algún beneficio (una cuenta de correo electrónico gratuita, un lugar en el que compartir las fotos, un sitio donde poder chatear y reunirse virtualmente con los amigos, la personalización de un sitio web, etc.). Y es precisamente el beneficio que vamos a obtener el que determina hasta dónde estamos dispuestos a llegar.

Es curioso porque si, cuando nos estamos registrando en sitio web para, por ejemplo, comprar algo, además de pedirnos el nombre y la dirección, nos pidieran que le contásemos qué hemos hecho durante el fin de semana, con quién hemos estado y que lo acompañásemos de fotos o vídeos que ilustrasen esas actividades, seguro que muchos pensaríamos que se han pasado de la raya y no finalizaríamos el proceso de compra. Sin embargo, esa percepción cambia cuando se trata de otro tipo de lugares, y sí estaríamos dispuestos a hacerlo en sitios como Facebook.

El problema es que muchas veces al ceder parte de nuestra privacidad a cambio de algún beneficio, no somos conscientes de en qué medida lo estamos haciendo. Cuando nos instalamos una herramienta como Google Chrome o nos damos de alta en una red social como Facebook , ¿cuántas personas se leen las condiciones (algunas veces de dudosa legalidad) que la correspondiente compañía impone para su uso antes de pulsar el botón “I accept”? En mi opinión son pocos los que dedican su tiempo a leer unos textos que, escritos en un lenguaje plagado de términos legales, los hacen difícilmente inteligibles para el común de los mortales. Más aún, no somos conscientes de que esta cesión limitada de acceso a nuestra privacidad, multiplicada por miles o millones, constituye la base del negocio de muchas compañías.

Si supieras que cuando te das de alta en una red social, ésta se convierte en la dueña de todos los datos personales, fotos, vídeos, etc. que incluyas en la misma y que incluso puede ceder esos datos a terceras empresas, ¿pulsarías el botón tan alegremente o pensarías que se han pasado de la raya? ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar? Más aún, ¿te has hecho alguna vez esa pregunta? Desde luego a mí me gustaría que mi Yo Digital me ayudase a gestionar esa frontera, a ser consciente y a asegurarme de que se cumplen mis deseos de forma sencilla y transparente.

¿Y si mi vida digital me sobrevive?

Recientemente he leído una interesante reflexión titulada "Personal Agents for Impersonal Interaction" (Agentes personales para la interacción impersonal) sobre los agentes "reminder" que te recuerdan el cumpleaños de un familiar o un amigo. Según comenta el autor, cada vez serán más frecuentes estos servicios y, por tanto, cada vez se recibirán más correos por parte de estos agentes solicitando tu fecha de cumpleaños para que alguien se acuerde de felicitarte. El autor propone ir un paso más allá y que un agente filtre las peticiones y las responda automáticamente. O incluso que el agente automáticamente elija la tarjeta de felicitación apropiada para la ocasión y la envíe. El autor sostiene que si esto se convierte en una realidad, a medida que estos servicios y tu red social se extiendan, no darás abasto para contestar a todas las felicitaciones que te lleguen el día de tu cumpleaños. Por tanto, deberán existir a su vez agentes que contesten con un "Gracias" a las felicitaciones. Cuando se llegue a este nivel de automatización de la interacción, los agentes seguirán enviando y respondiendo a felicitaciones incluso cuando las personas ya no estén en este mundo. Los inmortales

En la entrada "El arte del olvido" de Juan, ya se hablaba de perpetuar nuestro recuerdo más allá de nuestra propia muerte. Y cuando arrancamos el proyecto del Yo Digital la utilidad del mismo como "Mi legado" estaba ya claramente identificada. Pero este legado del Yo Digital no sólo se refiere a mis recuerdos en forma de fotografías, escritos, canciones o hechos, sino también a mi personalidad, mis gustos y mis preferencias. En la medida en que mi Yo Digital vaya descubriendo todas mis facetas, evolucionando y aprendiendo de mí, llegará un momento en que debería ser capaz de intuir mis respuestas y acciones. A partir de ese momento mi Yo Digital podría sugerirme e incluso comprar los libros que me gustan o interesan, recomendarme contFuturamaestar o no el teléfono según quien llame, gestionarme las vacaciones de mis sueños, etc.

Pero si mi Yo Digital también es capaz de predecir mis emociones, ¿podrá sustituirme y así seguir existiendo tras mi muerte?, ¿podrán mis tataranietos mantener una conversación conmigo como si todavía estuviera viva (suponiendo que les interese hablar conmigo)? Si esto fuera así, tendríamos algo parecido a las cabezas parlantes en conserva de la serie Futurama. O siendo catastrofistas, incluso puede que en unos cuantos años el hombre haya acabado con la especie humana, y tengamos un mundo poblado exclusivamente por identidades digitales.

Llegados a este punto, seguramente podremos distinguir dos grupos personas según su opinión al respecto. Las que opinan que es maravilloso poder seguir viviendo tras la muerte y que las generaciones futuras puedan conversar con personas como Nelson Mandela , Bruce Springsteen o Bill Gates (ídolos los hay de todos los tipos). Y las que les viene a la cabeza algo como la canción de Queen "Who wants to live for ever?" (¿Quién quiere vivir para siempre?) y la mítica película "Los inmortales". ¿A qué grupo pertences tú?

De estratos digitales y de cómo hasta ellos llegar

mina.jpg

En el siguiente párrafo de la novela La elegancia del erizo se hace un planteamiento filosófico-literario estrechamente relacionado con el núcleo del diseño del Yo Digital:

"Si pongo música por la mañana tampoco es que la razón sea muy original: lo hago porque determina el tono del día. Es muy sencillo y, a la vez, muy complicado de explicar: creo que podemos elegir nuestros estados de ánimo porque poseemos una consciencia con varios estratos y tenemos la manera de acceder a ellos. Por ejemplo. para escribir una idea profunda, tengo que ponerme a mí misma en un estrato muy especial, si no, no me vienen las ideas y las palabras a la cabeza. Tengo que olvidarme de mi misma y a la vez estar super-concentrada. Pero no es cuestión de voluntad, es un mecanismo que se puede accionar o no, como rascarse la nariz o hacer una voltereta para atrás" (La elegancia del erizo. Muriel Barbery. Pp. 170).

 

 

Si nuestra mente puede accionar un mecanismo que escoge el estado mental más adecuado sin que la conciencia pueda controlar el proceso, EL YO DIGITAL ES BÁSICAMENTE UN APARATO QUE PERMITE AL USUARIO CONTROLAR LA SELECCIÓN, LA CREACIÓN E, INCLUSO, EL MANEJO SIMULTÁNEO DE ESTADOS DIGITALES (no sólo emocionales, sin también autobiográficos, sociales y todas las posibles combinaciones entre ambos). Consideramos esta dinámica, de un alto nivel de usabilidad, como la clave para poder aproximar el procesamiento de la información digital al procesamiento del sistema cognitivo humano.

Como lágrimas en la lluvia

En 1982, el director norteamericano Ridley Scott estrenó una película basada en la novela de Phillip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que habría de convertirse en icono del cine de ciencia-ficción: Blade Runner

blade-runner1.jpg blade_runner.jpg blade_runner_5.jpg

blade13.jpg
Veinticinco años, siete versiones, unas cuantas secuelas y varios documentales después, los cinéfilos todavía siguen embarcados en sesudas discusiones acerca del mensaje filosófico del film, de la verdadera naturaleza de sus personajes, o del significado de cada uno de sus planos.

En mi caso, la primera vez que vi a la dramática historia de los replicantes sentenciados por una exigua fecha de caducidad, yo estaba en segundo de carrera, y la pantalla del salón de actos de la facultad de Psicología de la Complutense donde se proyectaba era demasiado pequeña, de modo que las imágenes se "desbordaban" ligeramente sobre la pared. En cierto modo, a mí me ocurrió algo similar con el mensaje que me transmitían: sabía que había visto algo más que una película de ciencia-ficción, pero no tenía del todo claro qué era.

bladerunner.jpgHace unas semanas asistí a una proyección de Blade Runner: The final cut, la última revisión del director con motivo del cuarto de siglo desde su estreno, en pantalla gigante, sesión nocturna y versión original. Quizá en parte por el entorno, pero sin duda por la predisposición psicológica que ha generado el proyecto del Yo Digital en todo el equipo, esta vez reparé en unas cuantas ideas que no había analizado la primera vez que ví la película y que, aún a riesgo de convertirme en SPOILER para futuras generaciones de espectadores, me voy a permitir el lujo de exponer… Porque a pesar de haber sido rodada en 1982, la filosofía de Blade Runner enlaza directamente con dos de los elementos que hemos empleado en el proyecto Yo Digital para caracterizar la identidad humana: las emociones y la memoria.

Por supuesto, para que este análisis pueda comprenderse en toda su extensión, es imprescindible haber visto el film (recomendado) o al menos, conocer una sinopsis de su argumento.

Si te has animado a hacer click en el enlace anterior o ya conoces la película, voy a pedirte que traigas a tu memoria la conversación entre Deckard y Mr. Tyrell después de que el primero compruebe mediante el test Voight-Kampff que Rachel, la joven secretaria de Tyrell Corporation, es en realidad una replicante experimental.

  • Pero ella tiene recuerdos… – se asombra Deckardrachel.jpg
  • Todos falsos – corrige Tyrell, para explicar a continuación el motivo de que una replicante albergue narraciones sobre un pasado del que carece.

Uno de los problemas observados a medida que avanzaba el desarrollo de los modelos Nexus -viene a decir el presidente de Tyrell Corporation- es que éstos eran capaces de aprender emociones humanas. Sin embargo, la gestión de esas reacciones superaba sus habilidades cognitivas, lo que les desequilibraba enormemente. Y para evitarlo… se les dota de un soporte racional, que permita integrar tal aprendizaje. Es decir, se les implantan esos "recuerdos".

Cuando comenzamos a definir los elementos que integrarían el modelo psicológico del Yo Digital, el equipo ICIV tuvo muy claro que una de las principales diferencia entre un almacén informático de datos y la memoria humana es que ésta última está teñida de emociones.

Como ya se indicaba en la entrada Cuéntame tu vida, nuestra mente organiza sus recuerdos de forma temporal, pero no siguiendo una secuencia cronológica, sino emocional: aquél suceso que nos impactó, el año malo en que nos mudamos de casa y rompimos con nuestra pareja de toda la vida… ¿Les faltaba eso a los Nexus anteriores a Rachel en Blade Runner? ¡Porque entonces no es de extrañar que fueran incapaces de organizar sus cogniciones!

Sin llegar a la extrema propuesta de replicantes inmortalizados por los guionistas Hampton Fancher y David Peoples, es innegable que todo intento computacional para emular el funcionamiento de la memoria humana debe combinar emociones y narraciones tematizadas, tal y como estamos desarrollando en el proyecto del Yo Digital. Pero no sólo eso.

roy-batty.jpg¿Quién no conoce el monólogo final de Roy Batty -Rutger Hauer- cuando, después de salvar la vida al maltrecho Blade Runner que le persigue para "retirarlo", hace un recuento de todas sus vivencias como esclavo en las colonias exteriores? Porque él ha visto atacar naves en llamas más allá de Orión, y rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser…

Todos esos momentos, dice el replicante, se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

¿Pero por qué Roy Batty salva a Deckard, y le cuenta todos estos recuerdos? ¿Es acaso el blade runner un replicante más -aunque él mismo lo ignora-, y de ahí la piedad de su enemigo? ¿O tal vez es una muestra de bondad del Nexus 6, capaz de manifestar un grado de humanidad superior al del mismísimo género humano?

Aunque ambas hipótesis son discutidas y contrastadas por los expertos en el film, yo tengo mi propia teoría al respecto: ni la naturaleza del blade runner ni la humanidad del replicante tienen importancia para explicar la conducta de éste último.

En mi opinión, Roy no salva a Deckard por piedad hacia un ser inferior -un humano- ni hacia un homólogo replicante, sino por "afán de supervivencia". Él no sólo está irremisiblemente condenado a morir -sus cuatro años de vida tocan a su fin-, sino que tras la caída de sus compañeros Zhora y León, y la de Pris, su pareja, es el último Nexus 6 en la galaxia. ¿Quién recordará entonces su existencia, si no queda nadie que pueda dar fe de ella?A falta de un pasado real y de una red social de familiares y amigos, ¿qué será de esos recuerdos que tan intensamente atesora? Porque la inmortalidad no consiste en vivir físicamente para siempre, sino en dejar una huella en los seres queridos que nos sobreviven.

Por eso Roy salva la vida de Deckard, y le habla de naves en llamas, y de rayos C: para que su recuerdo, su imagen más emocional, se instale en la memoria de otro ser vivo -humano o replicante, qué importa-, permitiéndole alcanzar al fin esa supervivencia que tanto anhela… Aunque sea de un modo virtual.

En cierto modo, el proyecto del Yo Digital se apoya en una filosofía similar, pues si yo almaceno mis recuerdos -mis datos-, mis identidades, e incluso mis proyecciones futuras en un sistema integrado y con estructura similar a la memoria humana… ¿No podrán heredarlo mis descendientes, y tener así una imagen vívida de lo que fue la vida de su antepasado? O, al menos, evitar que mis recuerdos se pierdan en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

En primera persona-ii. Triple Autorretrato

El "Triple Autorretrato" de Norman ROCKWELL

N.Rockwell.   Triple Autorretrato. El 25 de septiembre, se refirió en este Blog, una entrada sobre las características principales del conocimiento autobiográfico , y, también el 17 de septiembre, sobre los tipos de auto-conocimiento o conocimiento referido a nuestra propia vida e historia. Este conocimiento propio, en las personas, se halla articulado, engarzado, contenido en modelos de memoria referidos a uno mismo: narraciones, retratos lógicos, o con más exactitud, auto-narraciones y auto-retratos lógicos. Esta descripción de tales modelos se apoya en juegos meta-lingüísticos, para identificar a los protagonistas-constructores del modelo. La descripción usa expresiones como: constructor construido, autorretratista, pintor de autorretrato, escultor esculpido, dibujante dibujado, pintor pintado o narrador narrado.

Tales nociones responden y se ordenan en algunas tradiciones gnoseológicas que tocan a la filosofía y a la ciencia. La visión del conocimiento como construcción activa (frente a la visión de copia pasiva de la realidad del empirismo y positivismo) se viene denominando: constructivismo. Recoge hitos en I.Kant. J.Piaget y Vigotski. De formá más específica, la idea de 'pintura lógica': pintura como representación que aprehende hechos reales es de Wittgenstein, la idea de narración como telaraña de palabras proviene de Dennett y la idea de 'modelo mental' de Ph. Johnson-Laird.

El concepto de retrato en pintura siempre tuvo una dimensión interpretativa que recogía el saber mirar del autor. Este caracter, se acentuó con la aparición de la fotografía.

Un autorretrato es la exposición de la visión del propio yo del autor; de un "modelo mental" de sí mismo. Especialmente, el "Triple Autorretrato" de Norman Rockwell, 1960, supone una de las mayores reflexiones s.XX sobre el concepto de autorretrato. Se presenta como triple, siendo en realidad, octuple como mínimo.

Es una continua 'alusión' al autorretrato que se dispone en varios niveles de meta-lenguaje, algunos jerárquicos; no todos.

Aparece:

(1) una realidad: el pintor pintando de espaldas; alusión a Vermeer por lo 'de espaldas' y a los que se representaron a sí mismos pintando,

(2) una realidad reflejo-espejo: refiere a un tema crucial y velazquiano en la historia de la pintura,

(3) una realidad interpretada: el retrato (auto) que el pintor pintado pinta; es su Yo psicológico: más joven, sano y feliz frente al reflejo 'real',

Rockwell.    Triple  autorretrato

 

 

(4) una realidad trabajada-ensayada: los bocetos de su obra-retrato en el lado izquierdo de la composición,

(5) Aparecen también 'citas'. Son la inspiración y el reconocimiento, pero las circunscribe a otros autorretratos célebres en el lado derecho: Durero, Rembrandt, Picaso, Van Gogh. También se considera una 'cita' pictórica al casco romano que aparece central en el autorretrato; representa el imperio y, en pintura, el tema más imperial ha sido el retrato. Es una cita o alusión al propio concepto de retrato,

(6) Rockwell también ha auto-retratado aquí, sus auto- pinceladas psicológicas: al menos el desorden -por doquier-en el que llega a incluir una coca-cola a punto de verterse sobre el material de trabajo, pero también nos transmite el empeño y meticulosidad en su labor y vida,

(7) Auto-retrató, del mismo modo, la identificación con su país. Esto para quien es internacianalmente conocido como estadounidense y transmisor comprometido con la realidad norteamericana y el 'american way of life'. Estos aspectos de identidad nacional en el retrato se advierten, sutiles, además de en el propio Rockwell, en la coca-cola, y sobre todo, en la moldura del espejo donde se adivinan las barras y estrellas junto al águila de la tradición estadounidense,

y, (8) algo de su historia personal: esto se advierte en el central y sobredimensionado TIENTO del pintor, junto al pincel activo y los pinceles y pinturas en desorden. No sólo autorretrata una imagen junto a elementos personales, pues, autorretrata del mismo modo, el mismo acto de auto-retratar. Pero, la historia personal, se halla también en la papelera que refuerza la imagen (auto-imagen) de desorden. La historia propia está en el HUMO que desprende la papelera. En varias ocasiones al pintor le salió ardiendo en su vida real la papelera. No solo ha retratado el desorden también retrata el TABAQUISMO, aquí, como en la triple pipa. Sería el equivalente a la venda en la oreja en alguno de los autorretratos de Van Gogh.

Neurobiología del yo

¿Nuestro sentimiento de la propia identidad depende de alguna región cerebral en particular o todas son igualmente importantes? Los estudios depicasso.bmp neuroimagen que pretenden desentrañar cómo el cerebro engendra de forma constante el sentimiento de identidad se han apoyado en que la información que se etiqueta como referente al propio yo se recuerda mejor.

Como señala Carl Zimmer en un artículo publicado en el número de Enero de 2006 de Investigación y Ciencia, el que la información relacionada con el yo se recuerde mejor tiene dos posibles interpretaciones. La primera sería que recordamos mejor esa información porque estamos más familiarizados con nosotros mismos que con los demás. La segunda interpretación sería que el cerebro se vale de un sistema distinto y más eficiente para procesar la información concerniente al yo, es decir, se procesa de una manera especial la información relacionada con el yo.

0003_beso_cerebro_01.gifSe han realizado diversos experimentos para tratar de aclarar estas cuestiones. Por ejemplo, en un experimento se presentó una lista de palabras y se pidió a los participantes que decidieran, por una parte, cuáles de esas palabras se les podían aplicar a ellos mismos y, por otra parte, cuáles se podían aplicar a otras personas. Se observó que las preguntas concernientes al yo desencadenaban un patrón de actividad cerebral diferente respecto de las preguntas concernientes a otras personas. En otro experimento participaron futbolistas y actores, que juzgaron adjetivos que valían mejor para uno de los dos grupos (atlético o regateador para los primeros y cómico o dramático para los segundos) y adjetivos inespecíficos (desordenado o fiable). Al pedir que decidieran, uno a uno, si los adjetivos les eran aplicables o no, se observó una activación cerebral distinta ante los adjetivos que estaban relacionados con la propia profesión. Los resultados experimentales, por lo tanto, parecen encajar mejor con la interpretación de que el cerebro utiliza un sistema distinto para procesar la información referente al yo. También parece que algunas áreas cerebrales podrían ser especialmente relevantes dentro de dicho sistema (por ejemplo, la corteza prefrontal medial).

En cualquier caso, es importante tener en cuenta que las investigaciones sobre la red de la propia identidad y su funcionamiento son muy recientes. De momento, los hallazgos obtenidos no permiten descartar ninguna de las interpretaciones propuestas hasta la fecha para explicar por qué recordamos mejor la información que se refiere a nosotros.

Pérdida de la identidad

¿Sabríamos quiénes somos si fuéramos perdiendo los recuerdos sobre los acontecimientos en que hemos participado a lo largo de nuestras vidas?yodi21.jpg Esta pérdida de recuerdos es precisamente lo que les sucede a las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer, un trastorno que se está haciendo más común a medida que aumenta la esperanza de vida de la población. Se están realizando importantes avances biomédicos para controlar los procesos neuropatológicos que tienen consecuencias tan devastadoras. Pero mientras esperamos esa solución es importante que tratemos de comprender cómo se sienten las personas que sufren la pérdida de TODO el conocimiento que han acumulado durante su vida, porque de esta manera podremos procurarles un apoyo y cuidado más adecuados.

La identidad de cada uno de nosotros depende en buena medida de nuestra memoria autobiográfica, es decir de nuestros recuerdos sobre cómo somos y sobre los incidentes ocurridos en nuestra vida. En la enfermedad de Alzheimer la memoria autobiográfica se va perdiendo con un determinado gradiente temporal.grupo_mayores.jpg Primero se ven afectados los recuerdos más recientes, por ejemplo lo sucedido en los últimos diez años, y luego se van perdiendo recuerdos de épocas anteriores. Como consecuencia de la ausencia de estos recuerdos, cuando se pide a una persona con enfermedad de Alzheimer que elabore frases como “yo soy…” las respuestas son abstractas, vagas y carecen de detalles. Además, en cuanto a la definición de cómo somos, los acontecimientos de unas épocas de la vida podrían ser más importantes que los de otras, y concretamente parece especialmente importante el periodo que transcurre entre los 16 y los 25 años. Paradójicamente, la pérdida de recuerdos de esta época puede dar lugar a que las personas con enfermedad de Alzheimer se definan de forma menos ambigua. Es decir, se observarían respuestas más extremas en el sentido de “siempre” o “nunca” en lugar de “bastantes veces” o “pocas veces”. Esto podría deberse a que cuando nos preguntan sobre cómo actuaríamos en una determinada situación hacemos un repaso de diferentes incidentes de nuestra vida, mientras que a medida que avanza el deterioro asociado a la enfermedad es más probable que la persona mantenga un único incidente que para ella fue muy relevante. Por otra parte, cabe destacar que las personas con enfermedad de Alzheimer, leve o moderada, conservan la misma estructura de la identidad que otras personas; por ejemplo, cuando hablan de sí mismos consideran los ámbitos personal, familiar, social, moral y físico.

¿Sería de utilidad contar con un archivo detallado de nuestra vida en el caso de que padeciésemos la enfermedad de Alzheimer? Definitivamente, sí. Las fotografías, los correos y otros documentos son claves que permiten ejercitar recuerdos para que estén disponibles durante el mayor tiempo posible.

Manipulación de la identidad

vangogh1.jpgNuestros recuerdos sobre quiénes somos: ¿dependen de nuestras experiencias personales o dependen de las circunstancias en que los recordemos?

Aparentemente la respuesta a esta pregunta es fácil y una gran mayoría nos inclinaríamos por la primera opción. Así, tendemos a pensar que nuestra memoria es como un armario en el que guardamos imágenes, sonidos, ideas, etc., que permanecen inmutables y podemos recuperar en cualquier momento. Y esto, por supuesto, afectaría a los recuerdos que tenemos sobre los episodios de nuestra vida, que nos permiten explicar cómo somos. Tenemos la idea de que nuestra vida es como “una película” que en cualquier momento puede pasar ante nuestros ojos. Sin embargo, como expone magistralmente Daniel L. Schacter en su libro Los siete pecados de la memoria, no hay nada más lejos de la realidad.

3salvador-dali-invisible-man.jpgEl hecho más contrastado es que nuestros recuerdos sobre el pasado tienen más relación con el presente que con lo que realmente sucedió en una época anterior de nuestra vida. Por ejemplo, si se induce a unas personas a creer que un determinado rasgo de personalidad (extraversión o introversión) es más ventajoso, generarán más deprisa recuerdos sobre episodios en los que se comportaban de acuerdo con ese determinado rasgo de personalidad. De la misma manera, cuando se recoge la opinión de unas personas sobre un tema y luego se exponen argumentos a favor y en contra que consiguen que algunas cambien de opinión, en general las personas que han cambiado de opinión no son conscientes de haberlo hecho. Es decir, recuerdan equivocadamente que siempre habían pensado igual. Aunque quizá el hecho más desconcertante sea la posibilidad de inducir recuerdos falsos. En un famoso estudio se preguntó a los participantes sobre recuerdos de su infancia temprana, a partir de la información proporcionada por los padres y los hermanos mayores. Las preguntas se realizaban tanto sobre episodios que habían ocurrido como sobre episodios falsos. Los participantes recordaban con precisión casi todos los hechos verdaderos y al principio no referían recuerdos de episodios falsos. Pero en entrevistas posteriores, entre un 20 y un 40% de los participantes llegaron a describir cierto recuerdo del hecho falso.

Por lo tanto, los datos parecen indicar que la identidad humana no es un concepto estable. En este contexto cabría preguntarse, ¿ocurre lo mismo con la identidad digital? La posibilidad de guardar físicamente fotos, correos electrónicos, canciones que nos gustan, etc. ¿nos permitiría tener una visión más real de quienes éramos y quiénes somos, o también tenderíamos a manipular dichos elementos para que coincidieran con el presente?

Quizá sea cierta la inquietante afirmación atribuida a Julio Cesar: Es imposible no terminar siendo como los otros creen que uno es.