Últimas noticias del Yo Digital: viene sin Yo.

Algo está pasando. Claro que estas cosas son propicias a la exageración, pero cuando los voceros gritan “¡Extra! ¡Extra!” suele estar pasando algo: seguro que no lo que dicen los titulares, pero algo al fin y al cabo.

Los titulares: “Microsoft desvela su nueva visión de Internet”, anuncia el periódico gratuito 20 minutos. “Probablemente el lanzamiento más importante de Microsoft para este año”, “la punta de lanza de Microsoft en la red”-dice Error 500 | Tecnología + Internet + Conocimiento. “La nueva joya de Microsoft” –se aventura Evaluamos.com  | Periodismo de Código Abierto. “La tierra prometida” de Microsoft –sugiere Scobleizer | Tech Geek Blogger. “Un hito en la estrategia de Microsoft”, según los analistas –apunta El Navegante del diario El Mundo. Y, por si fuera poco, parece que esto es “sólo la punta del iceberg” –si creemos a Ina Fried, de Beyond Binary.

san-francisco.jpgAdemás, las noticias vienen de donde vienen las noticias: ni más ni menos que San Francisco, California, ni más ni menos que la Web 2.0 Expo. Por si fuera poco, obedecen a una lógica conocida, previsible. Hace apenas unos días que la prestigiosa consultora de tecnología Gartner pronosticara el colapso de Windows, “sobrecargado por una herencia de casi dos décadas de códigos y decisiones” e incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos, y recomendara al gigante de Redmond, Washington, renunciar a su modelo de desarrollo en favor de las aplicaciones online. Pero Microsoft, por supuesto, se había adray-ozzie.jpgelantado (léase con tanto aire irónico como quiera cada uno: ¿en qué terreno no se ha adelantado Microsoft al signo de los tiempos, últimamente?). Su flamante jefe de software, Ray Ozzie, había marcado ya el rumbo de una decidida apuesta por la red y por la integración de tecnologías. Dixit:

“A lo largo de los últimos diez años, la era del PC ha dado paso a una era en donde la Web es el centro de nuestras experiencias; experiencias no sólo a través del navegador sino a través de numerosos dispositivos como los PC, los teléfonos, los reproductores digitales, las videoconsolas, los televisores, los dispositivos de TDT, los coches y más”.

Así que aquí lo tenemos: una plataforma de sincronización de carpetas online que nos permitirá agregar cuantos dispositivos deseemos –el ordenador de casa, el del trabajo, el móvil, la cámara digital…– e integrar los archivos de todos ellos con sólo pinchar y arrastrar, en el mejor estilo Windows. Luego, claro, podremos acceder a todos esos datos –que, cada vez más, sería a lo que parece tanto como decir a toda nuestra vida– desde cualquier lugar del mundo en el que pudiéramos hacernos con un punto de acceso a Internet. No es raro que en la presentación de Live Mesh –así se llama el invento– resonaran los ecos de Here, there, and everywhere, una balada que los Beatles grabaron en 1966, en Abbey Road, para su séptimo disco de estudio, Revolver.

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Tendremos, pues, andando el tiempo, las representaciones digitalizadas de nuestras experiencias vitales  sincronizadas y accesibles en todas partes: las fotos, las agendas, los live-mesh-2.jpginformes del trabajo, las invitaciones del cumpleaños del niño, los historiales médicos, los datos de Hacienda, las cuentas del banco, los libros que estamos leyendo, la guía con la que estamos preparando el viaje que haremos en verano, las canciones, incluso la balada de “Revolver” en que Paul McCartney intentaba cantar a lo Marianne Faithfull… Bien. Ésa es –qué duda cabe– parte de la intuición original que animó la idea del Yo Digital. Si Microsoft ha decidido traerla, pronto estará aquí.

windows-live.jpgSobre Live Mesh, por otra parte –como sobre Windows– podrían funcionar aplicaciones de todo tipo, tuvieran o no la firma de Microsoft. La estrategia –claro está– es “mantenerse como plataforma sobre la que otros construyen sus aplicaciones y servicios en la era de la web y los múltiples dispositivos por usuario”. Pero, pero, pero: por lo poco que se sabe –beta cerrada: sólo diez mil usuarios en pruebas– la cosa sólo funciona bajo Windows (tal vez se amplíe a Mac, pero Linux parece estar excluido sí o sí –por no hablar del acceso desde móviles, agendas PDA, o videoconsolas con sistema operativo propio) y, por el momento, sólo con formatos de archivo del entorno de Windows. Todo esto –desde luego– no era parte de las intuiciones primeras que hicieron germinar el proyecto Yo Digital: aquellas eran –eso creíamos al menos– intuiciones honestas, donde la tecnología estaba al servicio del usuario y no el usuario atado a la tecnología. Pero da igual, porque todo parece indicar que Microsoft no se saldrá con la suya en esto, y acabará claudicando.

laberintos-de-la-mente.gifLo importante es que la sincronización de información que se nos propone sigue siendo eso: sincronización de información, fusión de carpetas –carpetas, no nos dejemos engañar por la metáfora: los viejos directorios. Pero nada se atisba en Live Mesh de la idea de integración psicológica de esa información, de la capacidad que hemos tratado de otorgar al Yo Digital de dar sentido a ese maremágnum de datos, de darle la forma misma de nuestra vida. Lo hemos reiterado una y otra vez, con múltiples ejemplos: querríamos encontrar de pronto aquella canción de los Beatles -¿o era de McCartney en solitario?– que escuchábamos tanto durante el viaje por Gales, un verano -¿qué año sería?– y que aún nos provoca una agradable melancolía, acaso de un particular matiz azulado… pero quién sabe en qué carpeta estará. Queremos, sí, poder buscarla en cualquier parte, aunque no estemos en casa. Pero también poder buscarla como si estuviéramos en casa: tal como buscamos las cosas en los laberintos de nuestra propia memoria.

camaleon-humano.bmpMás: ni rastro parece haber en Live Mesh, tampoco, de las herramientas de gestión de identidades y redes sociales que forman parte del corazón del Yo Digital. Pero ya sabemos que quien busca tal o cual documento bien puede ser la esmerada profesional, la alocada noctámbula, la madre abnegada, la princesa élfica…, que casi todo cambia –sólo casi todo– según el caso, y que querríamos que la tecnología se hiciera eco de estos cambios en lugar de obligarnos a mostrar siempre ante ella una misma cara de nosotros mismos: el sufrido, resignado usuario.

Llega el Yo Digital, sí. Pero sin Yo.

Digitalmente ‘BORGEANOS’

SEGUIMOS  BORGEANOS   y   ahora, trascendentales.   Hay otra imagen semejante al extravío de una lágrima en la intelecto.jpginteligencia.jpginmensidad de la lluvia.   Esta es:  lo  efímero  de  la  flor  del  almendro.   Cada conjunto de nuestros recuerdos, de cada mente;  no es más que una flor de un almendro. fotobjaguar.jpg Tan solo unos días en la eternidad.  Esta segunda imagen, sin embargo, muestra una lectura trascendente.  A cada mente le sucede otra y a ésta otra…  Así, desde que comenzó la hominización hace cuatro millones de años, o, acaso,  desde que comenzara la primatización, o desde que comenzara la vida…, o, …
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-¿ De  verdad  se  pierden  los  recuerdos  que  no  se  digitalizan ?     O  permanecen  como  posibilidad  para  las  siguientes  mentes,  para  las siguientes  centurias,  milenios,  eras  y  civilizaciones.    Los  recuerdos  y  los  contenidos  mentales  que  no  se  comunican,  como  las  palabras  que  nunca son  dichas.    ¿ Dónde  están ?
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¿Dónde está ese espacio, ese plano de  lo  posible ?   De lo que puede o pudo ser  pero todavía, ahora, no es.  Para el positivismo  solo cuenta lo real,  medible y cuantificable.  Las visiones positivistas igualan realidad a presente,  y  determinación pensado.jpg a  Historia.  Sin embargo, para  la  crítica al positivismo y para  el  post-historicismo:   lo posible  no se confunde con lo imposible   y  lo real puede extenderse hasta incluir lo posible.  Las interpretaciones ontológicas de la mecánica cuántica, en la física, han acotado, como nunca antes,  este espacio de realidades posibles sincrónicas con la nuestra.  ¿Pero cuál es  nuestra realidad?
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Esto la psicología lo llama:  pensar;  la capacidad para valorar alternativas de realidad, refutando las imposibles y explorando las posibles;  esto es la manipulación de Modelos Mentales.   En filosofía está cuestión desemboca en el esinteligencia2.jpgpensamiento.jpgtudio de   la  modalidad,  los modos de ser,  la lógica modal, y la valoración de los discursos sobre lo posible.
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BORGEANOS  SEGUIMOS:  cualquier memoria que una mente albergó, alguna vez, podrá, y  volverá  a, ser albergada en otros tiempos futuros y pasados, por otras mentes diferentes, pero en esencia la misma  MENTE.   Aristóteles denominó a esa mente, la eterna, y eternamente la misma:  nous  poietikós.    Esto es,  la  MENTE  GENERADORA,   la inteligencia y espíritu activo y generador;  intelecto agente para los escolásticos.
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La  capacidad  mental  del  hombre.    Donde  un  hombre  es  todos  los  hombres  como    El__Inmortal    Homero  de   J.L. Borges.  n053p05.jpg  La flor del almendro, que se sucede pero es eterna,  se desplaza en el tiempo como una hormiga, pero nunca cesa su desplazamiento. Acaso se desplaza no solo en el tiempo sino también por diferentes planos modales,  por  ALTER_nativas  de  realidad, sincrónicas con la nuestra.
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Todo  lo  que  no  sea    V A C I A D O    en  un   Yo Digital,  restará  aún  para  que  sea  rehecho,  redicho,  repensado, por otros  Yoes  futuros,  sí,  pero  también  pasados,  y  también  otros  Yoes  sincrónicos  con  los  que  ya,  en  este  ahora,   existimos  y  somos.
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ALTER_nativas,    en  otros  presentes,   a  nuestros  Yoes  e  identidades  digitales   y  naturales.

El arte del olvido

Dos veces se ha cruzado ya con la cuestión de la muerte esta reflexión compartida sobre cómo la tecnología digital está alterando nuestros modos de vivir, de ser y de comprendernos.

Hemos rememorado la voz aciaga del último Nexus 6 anunciándonos que su final es también el de cosas que ni siquiera conocemos: “Yo he visto cosas que vosotros jamas creeríais: naves en llamas mas allá de Orión, rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos recuerdos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

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Hemos recordado la “llamada muda” de los difuntos de Fayum: sus ojos clavados en nosotros desde los retratos que decoraban sus sarcófagos, pues, según relatara Herodoto, cuando alguien fallecía “los familiares se quedan con el cuerpo y encargan un cofre de madera, tallado a semejanza de la forma humana, en el que lo meten” y al que adhieren un retrato, luego “conservan ese valioso cofre en una cámara funeraria, donde lo colocan en posición vertical, pegado a la pared”.

En el noviembre de 2019 imaginado por Ridley Scott y en la provincia romana de Egipto, entre el siglo I y el IV de nuestra era, la angustia resulta ser la misma: que nuestros recuerdos nos sobrevivan en la memoria de otros.

cargo-containers.jpgParece que no somos los únicos en barruntar que la digitalización del yo cambiará no sólo nuestra forma de vivir, sino también nuestra forma de morir. El proyecto Mission Eternity Sarcophagus, de etoy.CORPORATION, se ha alzado ganador de VIDA 10.0, la X Edición del Premio Internacional de Arte y Vida Artificial convocado por la Fundación Telefónica. Mission Eternity Sarcophagus no es sino “un sepulcro móvil”, del tamaño de un contenedor de carga pero con el interior tapizado de pantallas LED, “que contiene y muestra retratos interactivos de aquellos que desean que sus memorias sean conservadas digitalmente”. Por “retratos interactivos” se entiende una amalgama de “textos, entrevistas, fotografías familiares, etc”. provenientes de los ordenadores interconectados de las personas que forman la red social del difunto, a las que el proyecto bautiza, entre la trascendencia y la ironía, como “Mission Eternity Angels”.

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borges.jpgPero la hipermnesia que encierra para la vida la digitalización del yo impregnaría así también la muerte. Recordando la atormentada condición de Funes el Memorioso, el “vaciadero de basuras” de su memoria, nos hemos preguntado si nos será grata esa proliferación de recuerdos, si querremos hacerlos nuestros o más bien desearemos que nuestras prótesis digitales nos ayuden también, a veces, a olvidar, a desprendernos, como en las hogueras de la noche de San Juan, de lo que ya no deseamos en nuestra vida. ¿Era en verdad un don la memoria total cuyo secreto buscaban Raimundo Lulio, Giordano Bruno, Giulio Camilo o el propio Leibniz, o era una maldición? La misma pregunta –claro- vale para esa vida después de la muerte que ya los héroes homéricoshomero.jpg anhelaban: la pervivencia del recuerdo, que no era para ellos sino la gloria –el único modo de salvar la penosa inmortalidad de las almas en el reino de Hades, desprovistas de todo recuerdo o pasión. La misma pregunta: lo deseamos porque nos falta, pero, si de verdad pudiéramos tenerlo, ¿seguiríamos deseándolo? ¿Querríamos de todo corazón que nuestros seres queridos no nos olvidaran? Al fin y al cabo, ya decía el propio Borges que “no basta ser valiente para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa te desgarra…”. ¿Querremos rituales funerarios digitalizados que entorpezcan nuestra desaparición definitiva, para siempre, “como lágrimas en la lluvia”?

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SONRISA digital.

S O N R I S A digital: retrato digital de emociones .
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Si una identidad digital puede devolverme sentimientos y emociones recordadas; experimentadas en momentos previos aunque yo no las tenga conscientes ahora… Incluso la identidad digital de otros puede arrojarme sentimientos registrados por otras personas (aunque sean nuestros más íntimos y allegados seres queridos)…

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… …Esto de las identidades digitales, por la propia definición de sentimiento, empieza a cobrar interés pero puede que también tenga sus riesgos.
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LAS EMOCIONES podrán ser consideradas agradables o desagradables.
¿ Querremos hacernos cargo de las emociones desagradables -propias o ajenas- ?, ¿y con las emociones INTENSAS; aún las agradables estarán aconsejadas para todos los usuarios y fisgones de las identidades digitales..?

… … …

¿ Qué haremos con los sentimientos que NO nos gustan, o con los que nos ALTERan, nos arrastran con pasiones corporales (aunque nos agraden) ?
… … …

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¿Cómo afrontaremos (y quién nos enseñará a hacerlo) los sentimientos y los recuerdos “veraces” que nos confunden o con los que nos desagradan (los propios y los ajenos) ?
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La muerte del yo digital

El mundo que habita el yo digital es, hoy por hoy, un enjambre de autorretratos. Asistimos –no sin cierta perplejidad– al afán de miles, de millones de nuestros congéneres por revelarnos sus pensamientos, las músicas que les conmueven, los detalles, enternecedores o anodinos, de su quehacer cotidiano, los rincones de su ciudad donde su corazón descansa, o los heroicos o lúgubres avatares de su imaginación. Más pronto o más tarde –pensamos– esa turbamulta se asentará; las facetas dispersas de cada yo digital se engranarán en una estructura cuyo esqueleto tratamos de dilucidar.

En un bellísimo ensayo sobre los orígenes del retrato en la pintura occidental, Tzvetan Todorov (2001) relata la escalofriante naturaleza de algunos de los vestigios más antiguos de nuestra práctica retratística. Bajo la dominación romana, los habitantes de la provincia de Egipto –muchos de ellos colonos griegos– acomodaron a sus ancestrales creencias algunas de las costumbres de los pueblos a los que acogían –entre ellas, la tradición helenística del retrato. En ciudades como Fayum, al suroeste de El Cairo, cientos de retratos pintados sobre tela con pigmentos mezclados con cera caliente se cosieron a los lienzos que envolvían el cadáver o se adhirieron a las tablas del sarcófago. Sabemos que estos retratos al encausto se pintaban en vida –lo hacían por lo general pintores de origen griego, que, aunque pusieran cierto empeño en la verosimilitud, recurrían con frecuencia a patrones fijos, que mudaban levemente para semejar los rasgos del modelo– ; lo sabemos porque la tela del retrato suele ser más antigua que la de la momia, y la edad del difunto mayor que la que muestra el retrato. Después, como recoge Herodoto, cuando llega la muerte, “los familiares se quedan con el cuerpo y encargan un cofre de madera, tallado a semejanza de la forma humana, en el que lo meten; y conservan ese valioso cofre en una cámara funeraria, donde lo colocan en posición vertical, pegado a la pared”. Así, “el padre o la madre –nos dice Todorov– observan a sus familiares vivos cada vez que cruzan la entrada o desde una alacena”. Sólo más tarde, “cuando se desdibuja la memoria de los difuntos, cuando acaso han muerto todos los que lo conocían, […] entierran las viejas momias de cualquier manera, en fosas comunes, como si quisieran deshacerse de ellas”. Naturalmente, cuando encargaban sus retratos, los egipcios debían de saber que estos “los acompañarían y los representarían en el más allá, después de su muerte”. Sus ojos, casi siempre, nos miran: clavan en nosotros lo que Jean Christophe Bailly (1997) ha dado en bautizar como “la llamada muda”.

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Desprovistas de la querencia egipcia por la preservación de los restos mortuorios, algunas de estas costumbres perviven de una manera u otra en nuestros días. Las casas de nuestros mayores, cuando menos, suelen estar habitadas también por los retratos de los que se fueron. Pero en la hora en que el retrato pueda estar acompañado de las músicas que conmovieron a quienes nos faltan, de sus pensamientos, de las imágenes de los lugares donde fue feliz o de cualquier instante perdido de sus rutinas diarias, en la hora en que podamos ponernos en la piel de los personajes que quiso ser y recorrer los lugares mágicos o vulgares que recorría, cuando podamos incluso escuchar en su voz su consuelo si algo nos aflige, o preguntarles si en esta o aquella encrucijada estamos eligiendo el camino por el que ellos nos habrían llevado de la mano, entonces, en esa hora, ¿querremos hacerlo? Cuando, como los pobladores de Fayum, entendamos que nuestros autorretratos habrán de cumplir ese propósito después de nuestra muerte, ¿cambiará nuestro modo de trazarlos? Empezamos a vislumbrar los múltiples sentidos en que la digitalización del yo transformará –enriquecerá, alborotará, espesará… – nuestra manera de vivir, pero acaso nos sea aún más difícil intuir de qué forma quedará trastocada, también, nuestra manera de morir.

Referencias:

Bailly, J.C. 1997. La llamada muda. Ensayo sobre los retratos de El Fayum. Traducción de A. Ruiz de Samaniego. Tres Cantos: Akal, 2001.

Todorov, T. 2001. Elogio del individuo. Ensayo sobre la pintura flamenca del Renacimiento. Traducción de N. Sobregués. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2006.

Las ventiscas de 1978, la Guerra Fría y el alcance de la digitalización del yo

 

En torno a un experimento imagDaniel Dennettinario de D.C. Dennett (I) 

 

Era difícil imaginar en 1978 que las tecnologías de almacenamiento, manipulación y transmisión de información hubieran de registrar un desarrollo tan fulgurante que unas pocas décadas bastaran para que cobrase sentido hablar de una incipiente digitalización del yo, cuyo alcance, aún hoy, nos cuesta calibrar.

         

cbbs.jpgEl temporal de viento y nieve que azotó aquel invierno la ciudad de Chicago sirvió para que Ward Christensen y Randy Suess crearan el primer Bulletin Board System, un ingenio que, merced a un protocolo de transmisión de datos binarios a través de modem creado por el propio Christensen, permitía a múltiples usuarios intercambiar mensajes -también software, o imágenes- a través de una línea telefónica. Pero acontecimientos sin duda más pasmosos atrapaban entonces la imaginación y el miedo de la ciudadanía. Pocos días después del temporal, un satélite soviético de exploración oceánica, Cosmos 954, regresaba a la atmósfera terrestre sin haber logrado desprenderse del reactor nuclear que albergaba, y se estrellaba contra nuestro planeta en algún lugar de los Territorios del Noroeste, en Canadá. En Washington, ya en primavera, el presidente Jimmy Carter anuncia que los Estados Unidos postergarán la producción de la bomba de neutrones. Sin atomic-blast.jpgembargo, la política de reducción de la tensión que el entonces Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Leónidas Brezhnev, llevaba impulsando desde mediados los años 60 -la détente- daba ya sus últimas bocanadas. Chile, Angola, Afganistán, Irán, Nicaragua: los continuos fogonazos entre las potencias anunciaban un nuevo recrudecimiento de la Guerra Fría. En las elecciones presidenciales del 4 de noviembre de 1980, Ronald Reagan se haría con el voto de 44 de los 51 estados.  Poco después, el recién elegido presidente proclamaría la puesta en marcha de su Iniciativa de Defensa Estratégica -más conocida como “Guerra de las Galaxias”. El acuerdo de no proliferación de armas nucleares estratégicas que Carter y Brezhnev habían alcanzado en Viena en 1979 nunca llegaría a ser ratificado.

          Daniel Dennett, entonces un joven filósofo formado en Harvard y Oxford, publicó en 1978 un atrevido ensayo en el que relataba cómo había sido captado por “unos agentes del Pentágono, que me pidieron que me prestara voluntario para una misión altamente secreta y altamente peligrosa. […E]l Departamento de Defensa estaba invirtiendo miles de millones de dólares en el desarrollo de un Sistema Supersónico de Tunelación Subterránea, o SSTS. Estaba diseñado para penetrar a toda velocidad a través del centro de la Tierra hasta depositar una cabeza nuclear ‘directamente bajo los silos de los misiles comunistas’, en palabras de uno de los jefazos del Pentágono.” Todo era una farsa, claro, pero las aventuras y desventuras inventadas por Dennett anticipaban la idea de la digitalización del yo probablemente mucho más allá de lo que Christensen y Suess hubieran podido imaginar.

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          La cuestión es que la participación de Dennett en la misión exigía una decisión heroica: debía desprenderse de su propio cerebro –lo que el Cosmos 954 no había podido hacer con su reactor nuclear. Para evitar daños neurológicos debidos a las radiaciones que la cabeza nuclear provocaba en las profundidades de la Tierra, el cerebro de Dennett sería extirpado, y “se guardaría en un lugar seguro desde el que podría ejecutar sus funciones de control normales a través de elaboradas conexiones de radio. […] Cada vía nerviosa aferente y eferente, según fuese seccionada, quedaría reemplazada por un par de transductores de radio microminiaturizados, uno conectado con toda precisión al cerebro y el otro a los muñones nerviosos de mi cráneo vacío.

 

brain-in-a-jar.jpg           La cirujía -contaba Dennett- se había desarrollado, sin la menor desviación respecto a lo planificado, en el Centro de Aeronáutica Espacial Tripulada de Houston, Texas.  Mientras su cerebro flotaba en una cubeta que sostenía artificialmente sus funciones vitales, el cuerpo de Dennett sería trasladado a un emplazamiento secreto cerca de Tulsa, Oklahoma, desde el cual se adentraría en el ciclópeo túnel. Una vez allí abajo, justo cuando “me acababa de poner a trabajar con el soplete […] de repente sucedió algo terrible. Me quedé sordo como una tapia. Al principio creí que se me habían roto los auriculares de la radio, pero al dar unos golpecitos sobre el casco, no oí nada. Al parecer, los transductores auditivos se habían ido al garete. Ya ni oía a Houston ni me oía a mí mismo, pero podía hablar, así que empecé a contarles lo que había pasado. A mitad de frase, me di cuenta de que algo más andaba mal. Mi aparato fonador se había quedado paralizado. En ese momento se me durmió la mano derecha –otro transductor menos. Realmente me había metido en un lío. Pero lo peor aún estaba por llegar. Al cabo de unos minutos, me quedé ciego. Maldije mi suerte y maldije a los científicos por ponerme en semejante peligro. Ahí estaba: sordo, mudo y ciego, en un agujero radiactivo a más de una milla de profundidad debajo de Tulsa. Entonces falló la última de mis conexiones de radio cerebrales, y de pronto me encontré con un problema aún más pasmoso: hacía sólo un instante estaba enterrado vivo en Oklahoma, y ahora estaba en Houston, desencarnado. No reconocí mi nuevo estatus inmediatamente. Me llevó varios minutos de ansiedad hasta que caí en la cuenta de que mi pobre cuerpo estaba a varios cientos de millas de mí, con el corazón latiendo y los pulmones respirando, pero por lo demás tan muerto como el cuerpo de cualquier donante de corazón, y con el cráneo lleno de chatarra electrónica totalmente inútil.

          Desde que despertara de la anestesia, la intervención quirúrgica había suscitado en la mentalidad filosófica de Dennett múltiples inquietudes, que al fin y al cabo de condensaban en una inocente pregunta -la que tanta gente hace al recuperarse de una anestesia general, o de una pérdida de consciencia por otras causas: ¿dónde estoy? Pero la respuesta, en su caso, era más espinosa de lo habitual, dado que su cuerpo estaba en un lugar y su cerebro en otro.

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          En marzo de aquel año, el Soyuz 28 había completado con éxito su misión en el programa Intercosmos, acoplándose a la estación orbital Salyut 6. Uno de los cosmonautas  que regresaban a la Tierra con Soyuz 28, Yuri Romanenko, padecería terribles dolores de muelas durante buena parte del trayecto, que sólo pudo aliviar con agua caliente –y con los mensajes patrióticos y revolucionarios del camarada Brezhnev. Los desastrosos sucesos del túnel de Tulsa eran, qué duda cabe, mucho más graves que un dolor de muelas, pero  al menos servían para  aclarar algunas de preocupaciones filosóficas respecto a la localización del yo.

          Desencarnado, Dennett recuerda que su “[…] estado de ánimo era caótico. Por un lado, estaba muy excitado con mi descubrimiento filosófico y me estaba devanando los sesos (una de esas pocas cosas de toda la vida que aún podía hacer) intentando averiguar cómo comunicarlo a las revistas especializadas; por otro lado, estaba amargado, solo, y abrumado por la incertidumbre y el miedo. Por supuesto, esto no duró mucho, ya que mi equipo de mantenimiento me sedó y me dejó en un sueño sin sueños […]”. Despertaría un tiempo después para descubrir que los científicos del programa habían logrado conectarle a un nuevo cuerpo, sobre cuyo origen prudentemente prefirió no indagar. No en vano, un afamado novelista y divulgador científico, David Rorvik, acababa de publicar In His Image: the Cloning of a Man, un libro en que relataba su participación en un proyecto de clonación de un ser humano adulto -un magnate al que se daba el nombre de Max. El programa, según Rorvik, había culminado con éxito, aunque no podía aportar pruebas de ello. El 3 de marzo de 1978, el libro de Rorvik era portada del New York Post. Sea como sea, el hecho de que siguiera reconociéndose como Daniel Dennett, pese a que todo su cuerpo -salvo el cerebro- hubiera sido reemplazado por otro, fortalecía su convicción de que el cerebro es la sede del yo.

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          Pero el reencuentro corporal con su cerebro -la visita a la sala que albergaba la cubeta donde reposaba su cerebro- le reservaba nuevos motivos de estupor. En su primera llegada a esa sala, después de la operación inicial, Dennett había tenido oportunidad de combatir su propia incredulidad desconectando el interruptor del sistema de mantenimiento vital de su cerebro – un venerable gesto filosófico, emparentado con la serenidad con que Sócrates bebiera la cicuta. Naturalmente, eso había provocado su inmediato desmayo, pero los médicos sólo tuvieron que volver a conectar el dispositivo para reanimarlo.  En su segundo encuentro con su propio cerebro, Dennett había reiterado el mismo gesto, pero esta vez, para su desconcertada preocupación, no sucedió nada, ni siquiera un leve mareo. Ante sus protestas, el director del proyecto trató de tranquilizarlo: “Al parecer, antes incluso de la primera operación, habían construido un duplicado computacional de mi cerebro, reproduciendo por completo tanto su estructura de procesamiento de información como su velocidad computacional en una súper-computadora. Tras la operación, pero antes de atreverse a enviarme a mi misión en Oklahoma, habían tenido al programa y a [mi cerebro] funcionando en paralelo. Las señales que llegaban de [mi cuerpo] se enviaban simultáneamente a los transductores de [mi cerebro] y al sistema de input de la computadora. Y los outputs de [mi cerebro] no sólo se reenviaban a mi cuerpo […]; se grababan y se contrastaban con las señales que simultáneamente emitía el programa informático, el cual, por razones oscuras para mí, se llamaba Hubert. Durante días, durante semanas, los outputs eran idénticos y sincrónicos, lo cual desde luego no demostraba que hubieran conseguido copiar la estructura funcional del cerebro, pero suponía un apoyo empírico muy alentador.” Hubert Dreyfus, un filósofo de la Universidad de California en Berkeley que, como estudiante, había coincidido en Harvard con Dennett, había publicado en 1972 una durísima crítica de los trabajos de los pioneros de la Inteligencia Artificial y de sus presupuestos teóricos.

          El caso es que ya no era el cerebro de Dennett quien controlaba su nuevo cuerpo, sino su simulación digital. La sincronía entre ambos era tan perfecta que el propio Dennett podía, a su antojo, alternar entre el control biológico y el computacional de sí mismo con tan sólo pulsar un botón. La transición era suave como la seda: podía incluso producirse a mitad de una frase particularmente ingeniosa, y el cerebro o su réplica digital, según el caso, la completarían sin titubear. Dennett tenía, en el más pleno sentido de la expresión, un yo digital.

          Las oportunidades que ofrecía su nueva circunstancia eran casi inabarcables: “¿Acaso no había muchas cosas que me apetecía hacer, pero que, al ser sólo una persona, no había podido hacer? Ahora, un Dennett podría quedarse en casa y ser el buen profesor, padre y esposo, mientras el otro podría lanzarse a una vida de viajes y aventuras –añorando a la familia, claro, pero feliz por saber que el otro Dennett mantenía vivo el hogar. Podía ser fiel y adúltero al mismo tiempo. Incluso podía ponerme los cuernos a mí mismo –por no hablar de otras lujuriosas posibilidades que mis colegas estaban encantados de imponer a mi sobrecargada imaginación.

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          El signo de los días que había vivido desde que aquellos agentes del Pentágono se pusieran en contacto con él, sin embargo, habían hecho mella en el ánimo de Dennett, y le preocupaban más otras cuestiones. “El aspecto realmente inquietante de esta nueva situación era la perspectiva, que no tardé en advertir, de que alguien desconectara el repuesto […] y lo conectara a otro cuerpo […]. Entonces (si no antes) habría dos personas, eso estaba claro. Uno sería yo, y el otro sería una especie de súper-gemelo mío. Si hubiera dos cuerpos, uno controlado por [la simulación digital de mi cerebro] y el otro por [mi cerebro], ¿a cuál de los dos reconocería la sociedad como el verdadero Dennett? Y más allá de lo que la gente decidiera, ¿cuál de los dos sería realmente yo? ¿El que tuviera el cerebro [biológico], en virtud de su prioridad causal y su antigua intimidad con […] el cuerpo original de Dennett? Esa opción parecía demasiado legalista […] como para resultar convincente en un plano metafísico. La perspectiva de que existieran dos Dennetts [...]me parecía aberrante, sobre todo por motivos sociales. No quería ser mi propio rival por el cariño de mi esposa, ni tampoco me atraía la idea de tener que compartir mi modesto sueldo de profesor con otro Dennett. Todavía resultaba más vertiginosa y más desagradable, con todo, la noción de saber tanto sobre esa otra persona, a la par que ella sabía lo mismo sobre mí. ¿Cómo podríamos mirarnos a la cara?

Referencias:

Dennett, D.C. 1978. “Where Am I?”, en D. Dennett, 1978. Brainstorms: Philosophical Essays on Mind and Psychology. Cambridge, MA.: MIT Press / Bradford Books.

Dreyfus, H.L. 1972. What Computers Can’t Do. Nueva York: Harper&Row. Segunda edición revisada: 1979. Nueva York: Harper & Row. Tercera edición revisada: 1992. What Computers Still Can’t Do. Cambridge, MA.: MIT Press.

Rorvik, D.M. 1978. In His Image: the Cloning of a Man. Nueva York: Pocket Books. Traducción castellana de H. González Trejo: A su imagen. El niño clónico. Barcelona: Mundo Actual, 1979.  

En primera persona-ii. Triple Autorretrato

El "Triple Autorretrato" de Norman ROCKWELL

N.Rockwell.   Triple Autorretrato. El 25 de septiembre, se refirió en este Blog, una entrada sobre las características principales del conocimiento autobiográfico , y, también el 17 de septiembre, sobre los tipos de auto-conocimiento o conocimiento referido a nuestra propia vida e historia. Este conocimiento propio, en las personas, se halla articulado, engarzado, contenido en modelos de memoria referidos a uno mismo: narraciones, retratos lógicos, o con más exactitud, auto-narraciones y auto-retratos lógicos. Esta descripción de tales modelos se apoya en juegos meta-lingüísticos, para identificar a los protagonistas-constructores del modelo. La descripción usa expresiones como: constructor construido, autorretratista, pintor de autorretrato, escultor esculpido, dibujante dibujado, pintor pintado o narrador narrado.

Tales nociones responden y se ordenan en algunas tradiciones gnoseológicas que tocan a la filosofía y a la ciencia. La visión del conocimiento como construcción activa (frente a la visión de copia pasiva de la realidad del empirismo y positivismo) se viene denominando: constructivismo. Recoge hitos en I.Kant. J.Piaget y Vigotski. De formá más específica, la idea de 'pintura lógica': pintura como representación que aprehende hechos reales es de Wittgenstein, la idea de narración como telaraña de palabras proviene de Dennett y la idea de 'modelo mental' de Ph. Johnson-Laird.

El concepto de retrato en pintura siempre tuvo una dimensión interpretativa que recogía el saber mirar del autor. Este caracter, se acentuó con la aparición de la fotografía.

Un autorretrato es la exposición de la visión del propio yo del autor; de un "modelo mental" de sí mismo. Especialmente, el "Triple Autorretrato" de Norman Rockwell, 1960, supone una de las mayores reflexiones s.XX sobre el concepto de autorretrato. Se presenta como triple, siendo en realidad, octuple como mínimo.

Es una continua 'alusión' al autorretrato que se dispone en varios niveles de meta-lenguaje, algunos jerárquicos; no todos.

Aparece:

(1) una realidad: el pintor pintando de espaldas; alusión a Vermeer por lo 'de espaldas' y a los que se representaron a sí mismos pintando,

(2) una realidad reflejo-espejo: refiere a un tema crucial y velazquiano en la historia de la pintura,

(3) una realidad interpretada: el retrato (auto) que el pintor pintado pinta; es su Yo psicológico: más joven, sano y feliz frente al reflejo 'real',

Rockwell.    Triple  autorretrato

 

 

(4) una realidad trabajada-ensayada: los bocetos de su obra-retrato en el lado izquierdo de la composición,

(5) Aparecen también 'citas'. Son la inspiración y el reconocimiento, pero las circunscribe a otros autorretratos célebres en el lado derecho: Durero, Rembrandt, Picaso, Van Gogh. También se considera una 'cita' pictórica al casco romano que aparece central en el autorretrato; representa el imperio y, en pintura, el tema más imperial ha sido el retrato. Es una cita o alusión al propio concepto de retrato,

(6) Rockwell también ha auto-retratado aquí, sus auto- pinceladas psicológicas: al menos el desorden -por doquier-en el que llega a incluir una coca-cola a punto de verterse sobre el material de trabajo, pero también nos transmite el empeño y meticulosidad en su labor y vida,

(7) Auto-retrató, del mismo modo, la identificación con su país. Esto para quien es internacianalmente conocido como estadounidense y transmisor comprometido con la realidad norteamericana y el 'american way of life'. Estos aspectos de identidad nacional en el retrato se advierten, sutiles, además de en el propio Rockwell, en la coca-cola, y sobre todo, en la moldura del espejo donde se adivinan las barras y estrellas junto al águila de la tradición estadounidense,

y, (8) algo de su historia personal: esto se advierte en el central y sobredimensionado TIENTO del pintor, junto al pincel activo y los pinceles y pinturas en desorden. No sólo autorretrata una imagen junto a elementos personales, pues, autorretrata del mismo modo, el mismo acto de auto-retratar. Pero, la historia personal, se halla también en la papelera que refuerza la imagen (auto-imagen) de desorden. La historia propia está en el HUMO que desprende la papelera. En varias ocasiones al pintor le salió ardiendo en su vida real la papelera. No solo ha retratado el desorden también retrata el TABAQUISMO, aquí, como en la triple pipa. Sería el equivalente a la venda en la oreja en alguno de los autorretratos de Van Gogh.

En primera persona-i. Autorretratos lógicos

Frida  KAHLO_1.   AutorretratoFrida  KAHLO_2.  AutorretratoFrida  KAHLO_3.  Autorretrato
–Taxonomía  del  conocimiento  autobiográfico;
   –Narración  de    mi-mismo; 
    –Narración  de  la  continuidad   pasados-presentes; 
  –Comparaciones   y   razonamiento  autobiográfico;
   –Formulación  de  metas .
Un  YO   en  mosaico

Miles-Davis-EYES-1986biografiaEspinasT.CAPOTE.1948.23 añosAutorretratoMOVIDA   

La fascinación del ser humano por el retrato y, específicamente, por el auto-retrato se muestra unida a la capacidad de contemplación y a la conciencia.  Quizá, ya antes de que los homínidos fueran capaces de entender, y reconocer, su propia imagen, reflejada, en la quietud del agua estancada, ya sintieron la necesidad de entenderse, de narrarse a sí mismos con ideas y recuerdos.  Antes de las primeras plasmaciones pictóricas del cuerpo o el rostro humano. Antes de la primera  FIRMA  digital (literálmente); la primera huella de una  MANO humana,  estampada sobre la roca con plena y total intención… Antes de eso, las ideas, los conceptos permitieron a los homínidos la aprehensión de una propia imagen de sí.

    BUGATTI

Las mujeres y hombres dibujan, entretejen, recogen y toman la realidad mediante palabras y conceptos.  Así los primeros   autorretratos  fueron autorretratos lógicos que, con ideas, asían y dibujaban su propia imagen e historia.  En palabras de  M. GALLETASWittgenstein  a  este tocar la realidad con palabras e ideas le llamaremos  'pintar   la  realidad'  con proposiciones lógicas.   Es un autorretratarnos con la lógica; con palabras.  Recoger nuestra historia personal  con ideas en un modelo, un auto-contarnos a nosotros mismos. Narrarnos. El animal narrador se narra a sí mismo. Narrador narrado. Auto-retratista lógico.

 REMBRANDT_2.  Autorretrato  REMBRANDT_1.  Autorretrato REMBRANDT.3.  Autorretrato    

Conocimiento autobiográfico

El conocimiento autobiográfico esta contenido en un modelo-narración del Yo,  paradigmáticamente cifrado en  Dennett, 1991-1995;  donde expone la imagen del Yo  como una tela de araña tejida con N. Rockwell.   Triple  Autorretratopalabras y conceptos.     La TMM –teoría de los modelos mentales-, de Ph. Johnson-Laird -1983-1996-, acomoda la construcción de narraciones que comprenden y dan sentido a los sucesos delimitados en la memoria episódica y a las relaciones que se pueden dar TEJIENDOentre estos sucesos. Las personas no exponen su “vida” linealmente porque los conocimientos  autobiográficos son fragmentarios y  re-construidos  en función de nuestras intenciones.  En los modelos del  Yo,  el punto de vista de la narración es radicalmente  subjetivo,  el del   “narrador  narrado”.   Así, la narración está comprometida y vinculada a la justificación de la propia conducta e identidad.NARRADOR   NARRADO

Taxonomía  del conocimiento autobiográfico

De acuerdo con la recopilación de Ruiz  -2004-, interpretamos la propuesta de Conway -2001- en la comprensión de una  narración  auto-referida.  Conway  muestra el conocimiento autobiográfico segmentado.  En nuestras biografías hay sucesos  marcadores,  que son la transición entre un elemento narrativo y el siguiente. P.ej.; el primer día de escuela o de Instituto, o el primer beso, o empleo…  Estos marcadores son puntos de inflexión en la narración.   La delimitación, relación e inclusión de unos marcadores  en otros sigue, también aquí, los principios fundamentales de la Cognición, específicamente, los principios taxonómicos de la categorización (Cfr. Rosch, 1978). Distinguiendo tres niveles de abstracción; de mayor a menor: .periodos vitales, .sucesos generales, y, .sucesos específicos.

 

.Periodos vitales.  P.ej.: durante el bachillerato, cuando yo era chico, o, cuando mis niñas eran pequeñas. También periodos no extensos pero temáticos y de gran significación vital: en el verano del 36, durante la depresión, o durante el armisticio…    De naturaleza temática, responden a un título o tópico. El tema es el marcador o clave de recuperación de memoria. Constituyen, así mismo, una guía para generar nuevas claves. Muestran, obviamente, siguiendo el carácter difuso de la categorización natural,  un solapamiento  temporal y la posibilidad de hallar mala definición; ejemplo de marcadores mal definidos son un nacimiento o un viaje, que como periodos vitales, son categorías que implican un comienzo temporal difuso –no definido-  pues necesitan de preparativos previos que habrán de repercutir seriamente en la biografía de las personas  (preparar un viaje, o un embarazo o el momento del parto).

.Sucesos generales.  Están encaminados a un fin o meta, están enfocados, tienen intención.  P.ej.: mientras aprendía a conducir, cuando realizaba la tesis doctoral, o  al participar de aquella campaña electoral.  Llevan a un éxito (y a su necesidad) o a un fracaso de gran repercusión biográfica. Implican recuerdos  muy vívidos.

.Sucesos específicos.  Son de gran riqueza sensorial y de detalle. Muestran menor dependencia contextual que los niveles anteriores, por lo que también incrementan su probabilidad de recuerdo o aparición BIOGRAFÍA  CON  PATASespontánea.  P.ej.: recuerdosBiografia.2 muy concretos y particulares (el recuerdo de una determinada caricia, de un torso o espalda humana concreta…),  o recuerdos de infancia, olores (el olor de la goma de borrar del  “cole”,  el sabor de la merienda), o, la mismísima  “magdalena de  M.Proust”   Evidentemente, son evocaciones y registros muy, muy vívidos.   Estos límites y  marcadores  autobiográficos  ofrecen una consistencia diacrónica al Yo, o más exactamente a nuestro modelo-narración referido a nosotros mismos.

Consistencia diacrónicaConsistencia  diacrónica

La construcción del conocimiento autobiográfico organiza la actividad cognitiva, lingüística y social de la persona en su concepción y proyección pasado-presente-futuro/s. El conocimiento autobiográfico establece condiciones de posibilidad para: (1) La narración de mi-mismo, (2) La narración de la continuidad pasado-presente,  y  (3) La formulación de metas u objetivos  (Cfr.  Ruiz, 2004).

.Narración de mi-mismo. Estructurada entorno a mis habilidades y mis deseos.

.Narración de la continuidad pasado-presente.   Se han realizado estudios de comparación de conocimientos autobiográficos y estudios de razonamiento autobiográfico.

-Comparación de conocimientos autobiográficos.   Los juicios comparativos sobre hechos autobiográficos pueden implicar diferentes dimensiones de juicio: el tiempo, la importancia, el afecto (agrado-desagrado).  En la cognición sobre juicios dimensionales hay efectos o sesgos experimentales muy robustos y muy bien documentados que son ubicuos a toda la cognición, sea perceptiva, sea simbólica -memoria y razonamiento-. Ha quedado documentado en: Cech (1995), González Marqués y Gómez Morales (1994),  Baranski y Petrusic (1992), Petrusic (1992), Birnbaum y Jou (1990), Cech, Love y Shoben (1990).  Por supuesto, que estos sesgos van a aparecer, también, en el conocimiento autobiográfico y en los juicios comparativos sobre hechos autobiográficos –p.ej. Fuhrman y  Wyer (1988)-.

F.    B A C O N. 1.     Autorretrato      F.   B A C O N  .2.     AutorretratoF.   B A C O N   .3.     Autorretrato

Hay dos sesgos ubicuos y robustos que ofrece el sistema cognitivo ante los juicios comparativos y, también, ante las comparaciones autobiográficas:   (1).-El efecto de congruencia semántica –ECS-. Expresa el tratamiento diferencial que las personas muestran a la hora de elegir p.ej:  entre dos hechos muy importantes de su vida. Si se les pregunta por el más importante, habrá congruencia entre la pregunta y la cantidad de importancia. Resultando los juicios congruentes de menor dificultad para las personas que los juicios incongruentes. Si ante esos dos mismos hechos de su vida, a las mismas personas, les pedimos que elijan el menos importante, este segundo juicio produce desconcierto, es más difícil. Justo, a la inversa de lo expuesto, sucede, si hubiéramos elegido para la realización de la tarea dos hechos poco  importantes.   (2).-El efecto de distancia simbólica –EDS-.  Expresa la mayor dificultad que el sistema cognitivo (sea humano o animal) muestra ante los juicios (sean perceptivos o de memoria) que involucran a objetos o sucesos próximos en la dimensión de juicio.  Para el conocimiento autobiográfico se ha comprobado sistemáticamente que dos sucesos autobiográficos próximos en el tiempo, o próximos en importancia, o próximos en afecto,  llevan a juicios de mayor dificultad, más lentos, con mayor probabilidad de error.

-Razonamiento autobiográfico.   Habermas y Bluck (2000)  refieren con este término a la “charla”  sobre el pasado personal y su presente en una búsqueda consciente de coherencia personal, búsqueda de coherencia entre los sucesos de   mi    vida y  el Yo.  Esta reflexión dialógica, narrativa  lleva al surgimiento de una perspectiva biográfica.  Se han encontrado   4   dimensiones de coherencia  en la narración auto-referida:  .temporal, .concepto de biografía, .causal,  y  .temática.

J A W L E N S K Y.     Autorretrato                    P I C A S O.    Autorretrato

.Formulación de metas u objetivos.   Se consideran objetivos a medio y largo plazo.  En general en la descripción de narraciones-modelos para la construcción de episodios de conocimiento, los  objetivos e intenciones del protagonista de la historia   se han mostrado como una dimensión central en el análisis de la coherencia  de la historia o narración (Cfr. Ruiz, 2004. Op. cit.).   Aquí, en nuestra perspectiva autobiográfica de  “narrador  narrado”  coinciden, obviamente, el protagonista de la narración y el propio sujeto.  Pashupathi -2001-  ha hallado dos principios conversacionales (principio de co-construcción y principio de consistencia) que hacen patente la inmersión social y lingüística de la formulación de objetivos en el Yo-narrado (dialogado). Estos datos están en la misma dirección de los de Hermans (1996).  Muestra como la imaginación,  también altera los recuerdos autobiográficos mediante la modelización de un diálogo entre un modelo-Yo y un modelo Otro-Yo.   Un diálogo interno e   imaginado   que lleva a un Yo dialógico y polifacético, que adopta diferentes puntos de vista en conversación hallando nuevos conocimientos y haciendo predicciones.

 -.Referencias.
--Baranski,  J.V.  y  Petrusic,  W.M.  (1992):  The discriminability of remenbered magnitudes.  Memory  and  Cognition  20(3),  254-270
–Birnbaum, M. H.  y  Jou, Jr-Wen (1990): A theory of comparative response times and “difference” judgments.  Cognitive Psychology, 22, 184-210.
–Cech,  C.G.  (1995):  Is Congruity Due to Encoding.  Journal of Experi­mental Psychology: Learning,  Memory and Cognition.  21(5) 1275-1288
–Cech,  C.G.,  Love,  M.  y  Shoben,  E.J.  (1990):  Multiple Congruity Effects in Judgments of Magnitude.  Journal of Experimental Psychology: Learning Memory and Cognition.  16(6).  1142-1152
--Conway, M.A. (2001): Sensory-perceptual episodic memory and its context: autobiographical memory.  En   A. Baddeley, M. Conway   y   J. Aggleton (Coords.), Episodic Memory:  new directions in research.  Pp. 53-70.  Oxford, UK: Oxford University Press.
--Dennett, D.C. (1991): Consciousness Explained. Nueva York: Little, Brown & Co.  (Trad. Española, 1995: La conciencia explicada. Barcelona: Paidós.).
--Fuhrman,  RW.  y  Wyer, RS.  (1988): Event memory: Tem­poral or­der judgments of personal life experien­ces.  Journal of Perso­na­lity and Social Psycho­logy.  Mar 54(3),  365-­384
--González Marqués, J. y Gómez Morales, J. (1994):  Effect of Stimulus Modality on Symbolic Distance in Response to Questions with Comparatives.  Poster presentado en el  V Workshop on Imagery and Cognition.   Saarbrüken, Alemania
           
--Habermas, T. y Bluck, S. (2000): Getting a life: the emergence of the life story in adolescence. Psychological Bulletin, 126, 748-769.
--Hermans, H.J.M. (1996): Voicing the self: From information processing to dialogical interchange.  Psychological Bulletin, 119, 31-50
--Johnson-Laird, P.N. (1983): Mental Models: Towards a cognitive science of language, inference and consciousness. Cambridge, MA: Harvard University Press.
--Johnson-Laird, P.N. (1996): Images, models, and propositional representations. En De Vega et al. Models of visuospatial cognition. Nueva York: Oxford University Press.
--Pasupathi, M. (2001): The social construction of the personal past and its implications for adult development. Psychological Bulletin, 127, 651-672
--Petrusic, W.M.  (1992):  Semantic Congruity Effects and Theories of the Comparison Process.  Journal of Experimental Psychology:  human Perception and Performance,  18(4),  962-986
--Rosch, E. (1978): Principles of categorization.  En   E. Rosch  y  B. Lloyd (Coords.),  Cognition and Categorization.  Pp. 27-48.  Hillsdale, NJ:  Lawrence Erlbaum Associates.
--Ruiz, M. (2004): Las caras de la memoria. Madrid: Pearson educación.     

Mujeres en la red

MUJERES EN LA RED

Autora: Marisa Soleto (Directora de la Fundación Mujeres)

Si se puede ser todo no se es nada a priori. En una espléndida noche de verano madrileña mantuvimos durante la cena una conversación en torno a las ventajas que para una mujer tiene un entorno interactivo en el cual puede despojarse de su identidad de género (aquélla que nos hace, entre otras cosas, incompetentes ante los planos e invisibles a los cincuenta). Le pedí que redactara su análisis con el objetivo de iniciar en nuestro blog la reflexión en torno a las posibilidades que abre para las mujeres y para otros colectivos el debilitamiento en la red de los marcos identitarios.

¿Cómo se comporta un hombre que mantiene una identidad femenina en la red? ¿Cuáles son sus referentes para definir el comportamiento adecuado a la identidad que desea mantener en este momento? ¿Y al revés? ¿Cómo se comporta una mujer que finge ser un hombre en sus relaciones virtuales? ¿Tiene el género algo que ver incluso con la suplantación de la identidad del sexo contrario? Pero además de estas preguntas hay una que me parece más útil ¿por qué y para qué se hace? ¿Qué ventajas representa suplantar al sexo contrario?

La historia y la creación literaria y cinematográfica, nos ofrecen ejemplos de mujeres que para ser ellas mismas tuvieron que presentarse como hombres. Seudónimos masculinos de autoras, cortes de pelo, vendado de tórax, incluso en algunos casos un matrimonio conveniente con un científico mediocre, han sido instrumentos de ayuda para poder escribir, estudiar, investigar, guerrear, en definitiva, para estar en espacios que estaban vedados a la presencia y participación de mujeres.

¿Todas estas mujeres tenían un problema de identidad sexual? Yo creo que no. Es cierto que las cosas han cambiado, que vivimos en otro tiempo, que sobre el papel los derechos y el acceso a diferentes ámbitos se ha equilibrado para mujeres y hombres, pero quedan muchos creencias y valores residuales de otros tiempos que determinan comportamientos sociales de mujeres y de hombres.senalmujertrabajando.JPG

En relación con las nuevas tecnologías, por ejemplo, el trabajo de Cecilia Castaño[1], muestra diferencias significativas en el uso y percepción de la utilidad de la tecnología entre mujeres y hombres, incluso entre los grupos de edad más joven, donde podríamos suponer que las cosas están cambiando. Con estas diferencias de partida, resulta lógico pensar que el género (por cierto, concepto virtual donde lo haya), pueda tener más de una implicación en la interacción social que se produce a través de las nuevas tecnologías. Las implicaciones se extenderán, además, a la forma de acceder, usar y aprovechar cualquier novedad en este sentido.

Las diferencias que se producen entre mujeres y hombres en el uso de la tecnología, derivadas en muchos casos del mandato cultural del género y, por lo tanto, con lo definido socialmente como correcto para lo femenino y lo masculino, han de ser tenidas en cuenta en el diseño de nuevos avances. Resulta imprescindible si se desea que el resultado, es decir, el uso, aprovechamiento y percepción de utilidad, reporte un beneficio equivalente, sea cual sea el sexo de las personas, en este caso. Historia a parte es determinar si estamos en presencia de cuestiones relativas a la identidad o, en realidad, son cuestiones relacionadas con los estereotipos que definen y encorsetan los comportamientos sociales que consideramos adecuados y que nos impiden tener lo que realmente queremos.marchamujer051.jpg

Volviendo al principio, cuando suplantamos la identidad del otro sexo ¿no será que estamos buscando algo que se nos niega socialmente desde lo que somos?

(1) Catedrática de Economía Aplicada (UCM) y autora de Las mujeres y las tecnologías de la información.Alianza Editorial.


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El Yo en “Auxilio de la Memoria”

-Símbolos densos corporeizados

-El Yo y la cognición corporeizada

-¿Es la memoria humana un almacén?

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El Yo, junto con otras descripciones –modelos- del medio y de los grupos humanos, fue una de las primeras Extensiones de la Memoria biológica. El Yo humano, una vez tejido con palabras y conceptos por el Homo Sapiens, parafraseando a Dennett, se constituyó en una idea (descripción, representación o modelo mental) que junto con otras estaba disponible para ser utilizada en auxilio de la memoria. Para apoyarla y apuntalarla pero también para re-construirla. El Yo, igual que la noción de grupo humano primario, familia o clan, hubo de ser uno de los primeros recursos mnemónicos para organizar y recrear la memoria. Los investigadores de la memoria humana agotan esta tesis distinguiendo entre el yo como herramienta para recordar, y entre el yo como objeto en si mismo de recuerdo. En cuanto al yo como objeto de recuerdo -el conocimiento autobiográfico- hablaremos próximamente en este blog, pues la organización y el conocimiento autobiográfico es una dimensión fundamental del Yo Digital.

En lo referente al Yo como herramienta para recordar -El Yo en auxilio de la memoria-, nos sitúa en el ámbito de la cognición corporeizada. Ahí, además de ésta, aparecerán también más entradas próximas en el blog… Ahora vamos a reseñar:

1. Símbolos densos y articulados

2. Memoria asociativa. El modelo CHARM

3. Comunicación de símbolos densos y Teoría de la Mente

1. Símbolos densos y articulados. ¿Es la memoria humana un almacén?

Mantener la hipótesis de la memoria como almacén nos llevaría a su necesaria separación de continente (memoria), contenido (símbolos, estructuras y reglas) y procesos (sobre tales contenidos). El hipotético almacén necesita también que los contenidos sean estables. Así, la documentación de experimentos sobre como las claves determinan incluso el contenido del recuerdo (p.ej. en Ruiz, 2004: 25-50), comprometen la naturaleza estable de los símbolos. Los recuerdos se ven ahora, sólo como operaciones, como actividad cognitiva misma. Por esto, cobra significación, ahora, la distinción de Kolers (1973-1984) y Glenberg (1997) entre símbolos densos y articulados. Los símbolos articulados son los que entendemos como símbolos prototípicos (lo que siempre entendíamos por símbolo), analíticos, separables –alográficos- e independientes del continente, son comunicables. Los símbolos densos no son independientes del continente, son autográficos, no se pueden copiar, p.ej. el trazo y textura del pincel en un Tiziano o en un Velázquez es parte de su significado (y de la intención del autor) no reproducible en una fotografía del cuadro

Los símbolos densos están corporeizados. Kolers, expone los contenidos mentales como símbolos densos vinculados a la propia acción de pensarlos, son personales –asociados al Yo-. Son símbolos subjetivos con una historia sobre como se construyen y modifican. Su historia –única- forma parte, también, de su significado, por lo que no son comunicables, y, son inseparables de las circunstancias que permitieron y acompañaron su construcción. El contenido denso es personal, continuo, y analógico (muestra iso-morfismo estructural, su relación con el referente es punto a punto). La sintaxis de los símbolos densos es inseparable de la relación que la persona guarda con los referentes externos. No son –no pueden ser- conocimiento abstracto pues están vinculados a la misma obtención y actividad de conocimiento. En ellos no se puede separar el contenido del proceso, pues tales símbolos también son el proceso. Aquí, el conocimiento es el acto mismo de conocer. Recordar es reactivar los procesos de conocimiento. Se aproxima a la llamada representación sub-simbólica de algunos modelos conexionistas (cfr., p.ej., Smolensky, 1988).

Los símbolos densos no son analíticos –diferenciables-, no hay posibilidad de distinguir lo sintáctico de lo semántico. Son símbolos difusos que establecen relaciones cambiantes entre sí. Inherentemente inestables, son de una persona en una situación concreta.

Estos símbolos densos muestran una gran fidelidad al referente. Son tan específicos, al no tener concepto general, que todo el referente “entra” en el símbolo –en el significante o representación-, cfr. Ruiz -2004-.

lights.jpg melena.jpgPara explicar cómo un procesador de contenido siempre cambiante puede recuperar estados anteriores, desde luego, no nos sirve la hipótesis de la reaparición del modelo del almacén. ¿De dónde proviene la apariencia de “recuperación de información”? Proviene de la semejanza perceptible entre “lo recuperado” y “lo captado” –aprehendido-.

Para explicar “la recuperación” bastará entonces con explicar esa semejanza sin postular un almacén, esto se puede hacer en términos asociativos. Entender la recuperación como una respuesta –reacción- ante un estímulo ya pasado.

Con lo dicho, pareciera que nos referimos a un modelo de aprendizaje E_R, pero estamos en modelos de memoria asociativa, capaces de recuperar lo aprendido sin almacén. Caso, del modelo CHARM (pero no el único modelo) que se apoya en la metáfora de la memoria humana asociativa como un “vector”, como un conjunto de operaciones vectoriales: la convolución y la correlación vectorial. Aquí, el cálculo vectorial y el álgebra lineal hacen posible describir asociaciones y recuperaciones sin almacén, en base a principios holográficos. El holograma como modelo y explicación de la memoria humana: el modelo CHARM.

2. Memoria asociativa. El modelo CHARM

En términos asociativos la recuperación es una respuesta –reacción- ante un estímulo expuesto al sistema cognitivo humano. Los modelos asociativos clásicos, y, referentes centrales sobre los que se han desarrollado otros posteriores son, p.ej., el modelo TODAM de Murdoch (1982), Theory of Distributed Associative Memory, y el TODAM2 Murdoch (1993-1997), o el Minerva II de Hintzman (1983-1990). Describen la recuperación de lo aprendido sin almacén. Representan la memoria asociativa como un vector (o también, como en Pike 1984, o en Humphreys, et al., 1989, en una matriz), como un conjunto de operaciones vectoriales, específicamente, la convolución y la correlación vectorial. El cálculo vectorial y el álgebra lineal posibilitan la descripción de las asociaciones y las respuestas-recuperaciones sin almacén.

El modelo CHARM de J.M. Eich 1982-1985 que, en base a principios holográficos, propone el holograma como modelo, da explicación de la memoria humana. El CHARM, Composite Holographic Associative Recall Model, permite recuperar un contenido concreto e individualizado de donde no está presente como tal. Esto se puede expresar así, considerando que el estímulo-presente transforma (convoluciona) al procesador (asociador) para ofrecer una respuesta-futura que pueda “parecer” -desde un punto de vista externo- que estuviera “almacenada”. Delimitamos un contexto de aprendizaje de pares asociados A-B, representativo de las tareas de memoria. Ante una clave asociada anteriormente con una respuesta, el motor asociador ofrece la “misma” respuesta, incluso ante una clave que se le asemeje.

Los elementos se representan en un vector, como una serie, donde el orden no es arbitrario sino totalmente relevante. La asociación se produce por la operación convolución entre dos vectores. La convolución es una síntesis interactiva de los elementos de dos vectores cualesquiera.esquemaconvolucion.jpg

Lo que resulta de mayor interés, en el modelo, es que en el vector resultante de la operación de convolución, los valores de todas, y cada una, de las dimensiones están determinados por todas las dimensiones de los vectores originales. Este carácter interactivo, es en sí, la propiedad formal de un holograma (véase figura). La convolución no lleva a una relación directa entre el orden de los vectores originales y el del vector resultante. Cada una de las unidades obtenidas en el vector convolución es resultado de la participación (disolución) de varias unidades de las señales (o contexto) originales. En el nivel de análisis simbólico, esto, nos lleva a la des-localización del significado. El vector convolución es, simultáneamente, representación distribuida y asociación. El significado de sus elementos no se relaciona con el significado de los elementos originales. Hay representación, y asociación, pero no hay simbolismo, por ello, Smolensky 1988, ha hablado de representación sub-simbólica.

Para una descripción completa y analítica con el detalle de las ecuaciones puede consultarse Ruiz, 2004, Las caras de la memoria. Madrid: Pearson-Preantice Hall.

CHARM aprende acumulando experiencias en un vector memoria, M, que es una suma vectorial de convoluciones, el vector M está indexado temporalmente Mt.

La representación de los vectores originales, no se almacena en el vector memoria, sino que se diluyen en él. En el vector memoria no se distinguen sus aportaciones, ni siquiera, son distinguibles las diferentes convoluciones que se hayan acumulado. Se hace patente que la memoria no es un conjunto de elementos en un almacén (Ruiz 2004: 61), sino que es un solo elemento asociador –matriz- cuya forma y disposición intrínseca es resultado de acumular asociaciones interactivas entre elementos del medio. Un patrón interactivo resultante de asociar “casi todo” con “casi todo”, en incontables acumulaciones de asociar “cada” elemento con “casi todos” los demás. La convolución vectorial expresa esto paradigmáticamente. Un vector, y una matriz, es un ente formal–matemático, único, singular, no plural, que expresa propiedades emergentes de las partes que han contribuido en su formación, pero sin que estas partes componentes puedan ser reconocibles ni separadas, esas partes no están, se han diluido en una estructura singular en un nivel de análisis diferente: el de la matriz o memoria asociativa.

Un vector memoria en un instante t, no contiene ni más ni menos elementos que en un instante previo, t-1 ó t-n. No hay diferencia de cantidad ni de capacidad de almacenamiento. Los vectores, como otros entes formales se distingue por pasar por estados diferentes, procesuales, no se distinguen por cantidad. Luego no tiene sentido hablar de capacidad de almacenamiento en las memorias biológicas, cfr. Ruiz, op.cit.

Bajo estas condiciones de los sistemas no-supervisados, como las memorias o motores asociativos, la imagen del “almacén” simbólico e individualizado se torna inoperante y poco clarificadora. Surge, sin embargo, la imagen de la memoria asociativa como “una estructura de datos” distribuida y dinámica, capaz de aprender y ofrecer respuestas semejantes ante lo aprendido. Un “recogedor" (recoger, aprehender) no_supervisado de la redundancia y covariación informativa del medio. Pero el “recogedor” no sólo recoge, pues también es un “completador” o un “re-constructor”; cuando se encuentra con trocitos de realidad, segmentos del medio, puede completarlo con los trocitos y segmentos que le faltan. Pero este “completado” no se realiza recuperando de un almacén, sino reconstruyendo –respondiendo con- las claves de asociación, respondiendo con el contexto de aprendizaje. Para la implementación de estas estructuras, cfr., las redes de memoria retroasociativa de Hopfield 1982, o, los mapas de características autorganizativos de Kohonen 1984-2001.

Consecuencia de lo anterior, es que la re-construcción de las claves de aprendizaje -la respuesta-, no es literal e idéntica como ocurriría en la recuperación desde un almacén de símbolos, sino que es una aproximación dinámica -una segregación, una emergencia- sobre un fondo de ruido.

La correlación de un contexto -clave- sobre una memoria acumulada ofrece una respuesta-recuperación, del estímulo aprendido en ese contexto, sobre un fondo de ruido. Según la memoria-vector incluya más aprendizajes ortogonales con el contexto de prueba, más aumentará el ruido de fondo (varianza error). Esto es lo que sucede con los aprendizajes biológicos.

La discriminación, o rescate de la respuesta (recuperación), sobre un fondo de ruido nos coloca en todos los trabajos y estudios existentes sobre análisis de la señal y discriminación de señales, tanto en los desarrollos aplicados en las ingenierías, como en la descripción psicológica (atención, psicofísica, percepción y memoria, y teoría de la decisión), como en ciencia cognitiva. El marco de la descripción científica y formalizada de la discriminación nos sitúa en la Teoría de Detección de Señales; para una exposición canónica de la TDS, cfr. Fdez. Trespalacios 1997.

En los modelos de memoria asociativa como el CHARM, la reacción del sistema al estímulo contiene –no_segregada- la respuesta. Desde mediados del siglo pasado los acercamientos a esta cuestión han incluido el término resonancia “resemblance”, como Neisser 1967-1975. La resonancia del sistema es la aproximación a la respuesta, que será buena mientras la varianza error se mantenga a raya. La información no está almacenada, sino que sólo es una posibilidad reconstruida que tendrá que ser “discriminada” sobre ruido.

Esto es: el recuerdo como posibilidad. Si cambian las condiciones de recuperación, las claves ofrecidas al sistema, la respuesta será otra, y, si la historia de aprendizaje del asociador no es muy “ortogonal” la respuesta también será otra.

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3. Comunicación de símbolos densos y Teoría de la Mente

Puesto que hemos expuesto los símbolos densos como únicos y personales e históricos, ¿cómo pueden permitir la comunicación? La salida a este enigma, sólo puede abordarse, al modo cuasi-Chomskyano, apelando a nuestra constitución biológica resultado de las necesidades adaptativas en la evolución. En los límites de la Teoría de la Mente, p.ej., Riviere 1991-2003, ó Dennett 1991-1995, podemos entender los contenidos mentales de otros por analogía con los nuestros. Los símbolos densos pueden ser entendidos aunque no comunicados. Son empáticamente atribuidos a los otros.

Los símbolos articulados posibilitan la comunicación, el pensamiento simbólico y la representación del mundo. Los símbolos personales, les llamemos como les llamemos, densos o corporeizados (Kolers 1984 ó Glenberg 1997), o lenguaje “privado” como los identificó Wittgenstein 1953: PI, representan nuestra realidad interior, personal, mi historia y mi relación con el mundo físico y social.