Mi Yo Social, ¿es mío?
En septiembre del año 2005 fue cuando Tim O'Reilly, bajo el término Web 2.0, describía el proceso de transformación que se estaba ap
reciando en la Web, acercándose cada vez más a un medio participativo en el que los usuarios colaboran para crear, evaluar y distribuir información. El auge del llamado user-generated content (contenidos generados por el usuario) es un fenómeno de evidente repercusión, en diciembre de 2006 la revista Time elige como persona del año a todos los usuarios de Internet. El año 2007 se considera el año de las redes sociales, donde apliaciones del tipo LinkedIn, MySpace o Facebook poseen grandes cantidades de datos personales sobre los usuarios.
Cuando recibí el número de noviembre-diciembre de la revista Internet Computing del IEEE titulada "Social Search" (búsqueda social) pensé que prometía, y cuando por fin pude sacar tiempo para leerla, me sentí como cuando te compras un álbum donde todas las canciones te gustan, porque todos los artículos tenían algo interesante.
En el artículo "Google, Profiling and Privacy" (Google, perfiles y privacidad) se habla de la compra de Doubleclick (la mayor compañía de publicidad online) por parte de Google (el mayor motor de búsquedas online) y de lo que puede suponer para la privacidad de los usuarios el hecho de que Google tenga, no sólo la información que ya tenía antes (términos de búsqueda, contenidos de los emails, etc.), sino también los flujos de clicks de los diferentes anuncios que aparecen en las páginas web. Esto me lleva al motivo por el que surgió el Yo Digital, que fue el tener una herramienta que permita al usuario controlar qué información suya hay en Internet, quién la tiene, cómo la usa y en qué medida se distribuye.
Y es que cada vez empieza a preocupar más a los usuarios, no sólo qué se hace con sus datos, sino también el spam publicitario que pueda haber en una red social. Así en el artículo "Fighting Spam on Social web Sites" (Combatiendo el spam en los sitios web sociales), se exponen algunas estrategias para intentar evitar el spam en este tipo de redes.
Otro artículo "The future of Social Networks on the Internet. The need for semantics" (El futuro de las redes sociales en Internet. La necesidad de la semántica) habla de cómo hoy en día tenemos nuestros blogs por un lado (en blogspot, por ejemplo), nuestros bookmarks (o marcadores) por otro (en del.icio.us, por ejemplo), nuestras fotos por otro (en Flickr, por ejemplo), nuestros vídeos por otro (en YouTube, por ejemplo), etc., y sobre la necesidad de relacionar de alguna forma toda esa información por medio de la semántica. Esto me lleva a otro de los objetivos del Yo Digital, que el usuario controle toda su información desde un único punto independientemente de dónde está alamacenada esa información, ya sea localmente o en la Red.
una maravillosa prenda a buen precio. Mi sueldo tampoco me permite ser de esas afortunadas personas que contratan a otras para que les compren la ropa. Así que, cuando no me queda más rmedio voy de compras y si encuentro lo que busco en la primera tienda, lo compro y se acaba la tortura.
Vendo el Yo Digital, o al menos lo intento. Es una experiencia tan enriquecedora como frustrante. No hay gloria sin esfuerzo. Aunque todos sabemos que el esfuerzo no lleva a la gloria.


inmensidad de la lluvia. Esta es:
Tan solo unos días en la eternidad.



tudio de


Parece que no somos los únicos en barruntar que la digitalización del yo cambiará no sólo nuestra forma de vivir, sino también nuestra forma de morir. El proyecto

Pero la hipermnesia que encierra para la vida la digitalización del yo impregnaría así también la muerte. Recordando la atormentada condición de Funes el Memorioso, el “vaciadero de basuras” de su memoria, nos hemos preguntado si nos será grata esa proliferación de recuerdos, si querremos hacerlos nuestros o más bien desearemos que nuestras prótesis digitales nos ayuden también, a veces, a olvidar, a desprendernos, como en las hogueras de la noche de San Juan, de lo que ya no deseamos en nuestra vida. ¿Era en verdad un don la memoria total cuyo secreto buscaban Raimundo Lulio, Giordano Bruno, Giulio Camilo o el propio Leibniz, o era una maldición? La misma pregunta –claro- vale para esa vida después de la muerte que ya los héroes homéricos
anhelaban: la pervivencia del recuerdo, que no era para ellos sino la gloria –el único modo de salvar la penosa inmortalidad de las almas en el reino de Hades, desprovistas de todo recuerdo o pasión. La misma pregunta: lo deseamos porque nos falta, pero, si de verdad pudiéramos tenerlo, ¿seguiríamos deseándolo? ¿Querríamos de todo corazón que nuestros seres queridos no nos olvidaran? Al fin y al cabo, ya decía el propio Borges que 

memoria (Taurus: 1974, Siruela: 2005) la filosofía manejaba los conceptos, y la mnemotecnia utilizaba las imágenes mentales -y las emociones que evocaban- para potenciar la memoria, facilitar la inteligencia y el desarrollo de la personalidad.
parte de la retórica y de su enseñanza, en el renacimiento desembocó, de nuevo, un viejo brío ocultista de la tradición hermética. De aquello, la obra, vida y figura de Giordano Bruno -torturado y asesinado por las autoridades eclesiásticas católicas- representa el mejor exponente (cfr. F.A. Yates: Giordano Bruno y la Tradición Hermética).

El Condado de Santa Clara, en California, se despliega a lo largo de la orilla suroeste de la Bahía de San Francisco. El Pueblo de San José de Guadalupe, fundado en 1777, es hoy su capital –San José–, además de la población hispana más antigua de California y su primera capital. Santa Clara fue siempre un fértil y soleado valle, que proveía de suministros agrícolas a los destacamentos militares cercanos.
La razón es que Magitti no tiene en cuenta cómo me siento, si estoy trabajando o dando una vuelta, si estoy con compañeros de trabajo o con mi jefe, o con unos viejos amigos de la Universidad, si he conseguido o no acabar el proyecto al que llevo toda la semana dando vueltas, qué opinan de ese restaurante o de esa película mis amigos –pero sólo aquellos de cuyos gustos me fío–, o, aunque esté en casa o en un café, cuál de mis identidades en cuál de los metaversos que suelo transitar es la que prima en este momento –si soy el reputado empresario o el rey de los trasgos. Si Magitti supiera todo eso, podría hacernos sugerencias mucho más –digamos– sugerentes, o podría incluso sospechar cuándo no tengo ganas de recibir sugerencias. Todo eso, y un buen número de cosas más, es lo que está preparado para incorporar el sistema de gestión de conocimiento autobiográfico, emocional y social del Yo Digital.
Soy un obrero del S XXI. Con mi formación el siglo pasado sería un ingeniero, pero ahora debido al avance de la penetración de la red y la posibilidad de estar siempre conectado soy un oficinista del siglo XXI. Cual es la diferencia que noto más relevante a nivel profesional entre un siglo y otro; pues que siempre puedo estar trabajando, os acordáis del famoso slogan de Martini, "donde estés y a la hora que estés", pues ahora igual sólo que cambiando el vaso con cubitos de hielo por un portátil. Por contrapartida, cuando estoy físicamente en mi trabajo, puedo estar resolviendo mis asuntos personales, revisando mi cuenta bancaria, reservando un hotel para el fin de semana … y en cualquier caso siempre puedo tomarme un respiro, y pasar a mi faceta de ocio, leerme la crónica del ultimo partido que no vi e incluso visualizar los goles a través de Internet. Y en las pautas y costumbres no encuentro gran diferencia entre un ingeniero, un publicista, un representante, un gestor de una cadena de ultramarinos, etc.…
La clásica distinción, que aprendí en algún momento cuando era estudiante de, ocho horas de trabajo, ocho horas personales-ocio, más ocho horas de sueño, ¿Sigue siendo valida?. En mi caso al menos las ocho horas de sueño se han acortado, y las otras dos se han mezclado y no están relacionadas con la ubicación; el edificio de trabajo, mi casa, o la sala de cine. ¿Qué no? En la última película que estuve vi como un compañero de la fila de butacas recibía un mail en su fashion blackberry y tenía que salir de la sala a engancharse a la sociedad de la información y el conocimiento. Me sonreí, aun o estoy tan conectado, o aun compartimento mis momentos mejor, o igual soy más ordenado, en cualquier caso me sonreí. En el cine con la luz apagada todos somos iguales, no se nos ve la nómina, y al menos a mí no me había sonado el móvil.
















