yo empatizo, tu empatizas, el …

La empatía es la forma más natural de comenzar una conversación, una negociación, o simplemente una partida de mus.  Esta habilidad la utilizamos de forma intuitiva, subconsciente y está presente, intencionadamente o no, en multitud de aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, tengo la costumbre de pensar en algún tema para este blog y venirme a escribirlo a la cafetería de unos grandes almacenes. Hoy según entraba en ellos, he reparado en la chica de la entrada, guapa y agradable, nos miramos brevemente  y esbozó una sonrisa encantadora,  la música de ambiente era alegre, y la temperatura cálida en contraposición con los 2 grados de la calle que tenemos hoy en Madrid. Sin darme cuenta estaba ya empatizando con la postura que estos grandes almacenes querían transmitirme, y probablemente la chica de la entrada fue la que más me influenció. ¿Por qué?
Al parecer existen dos mecanismos que nos permiten empatizar con nuestros congéneres, el sistema de las neuronas espejo, de las que ya hablamos alguna vez, y la red neuronal social. Ambos se ubican en diferentes regiones de nuestro cerebro y funcionan de manera diferente. Mientras las neuronas espejo se activan al ver o imaginar movimientos, expresiones, y/o sonidos de nuestros congéneres, la red neuronal social se pone en funcionamiento cuando atribuimos un estado de ánimo a otra persona sin que intervenga ningún componente corporal o espacial. Quizá la razón de la mayor influencia del rostro de la chica en mí estado de empatía se deba a que más de las dos terceras partes de la información se transmite mediante la comunicación no verbal y a nuestra naturaleza emocional innata.


¿Y en nuestro mundo en la red como aplican estos conceptos tan biológicos? Pues lamentablemente creo que no aplican todavía de manera consciente y sistemática.  Empatizamos con los mismos mecanismos que usabamos al leer el Quijote, al que cada uno le pone el rostro que se imagina, o nos dejamos llevar por rostros agradables en webs bien diseñadas, pero aun no guardamos el rastro emocional que ambas redes neuronales nos dejan en nuestro subconsciente en ningún formato digital. No tenemos esas dos terceras partes de comunicación no verbal. Y desde luego no guardamos el rastro emocional de cada una de nuestras interacciones en red, no existen avatares emocionales para guardar esas sensaciones.
Mientras llega esta red emocional me hizo gracia el comentario de Silvia a la que conocí presencialmente tras acabar una reunión y con la que había intercambiado correos electrónicos. No se sorprendió al conocerme porque al parecer me parecía mucho a mi avatar lo que nos alivió de presentaciones vanales. Me alegró la coincidencia y las jerarquías de parecido, yo pensaba que mi avatar se parecía a mí, pero probablemente ella tenga razón.

La comunicación no verbal, otra diferencia más

carlos IIIEstábamos en el departamento de Ingeniería Telemática de la Carlos III discutiendo sobre la web 3D y conveníamos que uno de los grandes aportes que se deberían dar a los avatares de nueva generación era dotarlos de emociones, de una comunicación no verbal. Aunque una vez de acuerdo en ponerle el cascabel al gato hay que hacerlo, aunque eso ya es otra historia.
la comunicación no verbal

Este es un tema  que desde pequeño me ha atraído. En los años 80 cayó en mis manos “la comunicación no verbal” de Flora Davis, y me di cuenta que muchas de las intuiciones que tenía estaban o podían están ponderadas y  eran medibles. Además por aquella época, me tocó trabajar como vendedor a domicilio, y en los cursos que recibí, además se me enseñó, que estas pautas eran reproducibles. Empíricamente comprobé en aquella época, que el éxito o no de cada venta se debía sobremanera al entorno, a la comunicación no verbal: la entonación, los gestos, conseguir empatía, … y muy rara vez al interés de lo que se decía, o la mercancía que se vendiera.
Si esto parece exagerado podemos mirar por ejemplo en la wikipedia, que aunque no sea la biblia nos dice si miramos términos como comunicación no verbal encontramos porcentajes como este:

Regla de Mehrabian
El psicólogo Albert Mehrabian, actualmente profesor emérito en UCLA, llevó a cabo experimentos sobre actitudes y sentimientos y encontró que en ciertas situaciones en que la comunicación verbal es altamente ambigua, solo el 7% de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38% se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc) y el 55% al Lenguaje Corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración. etc).

Y esto sí que denota una gran diferencia entre la comunicación de “el mundo real clásico” y “el mundo virtual”.

Me pregunto, estarán los nativos digitales perdiendo la facultad de leer los signos no verbales, o por el contrario, estaré yo siendo incapaz de percibir este metalenguaje en las conversaciones digitales.

telepataPor ejemplo, de pequeño, cuando me aburría, (No tenía TV, a lo mejor era un poco friki), salía a la calle e intentaba mirando a la gente intentar adivinar qué voz tendrían y que tono emplearían. Con el tiempo logré acertar incluso en el sentido contrario, oyendo una voz, le ponía una cara y no solía fallar por mucho en los rasgos y la expresión.
Ahora sin embargo me pasa algo curioso. Cuando veo la Tele, los anuncios, las series, y por supuesto las películas y veo una clara disociación entre los gestos y el tono de voz. Claro, todo está doblado. Incluso los gestos,  las posturas y las caras se corresponden más con la cultura anglosajona dominante que con nuestra forma de ser mediterránea.

musAdemás de colaborar en la Carlos III también imparto clases de mus en mis ratos de ocio, y he notado que efectivamente los nativos digitales tienen unas habilidades del engaño no verbal distintas. Diferentes. Serán debidas a esa falta de aprendizaje en la calle, o a la deformación que nos da la caja tonta.

De cualquier forma es evidente que la comunicación humana va más allá de la mera transmisión de un mensaje matemático. Y me parece evidente que debemos dar herramientas para acompañar nuestra imagen digital con estos signos que denotan nuestras intenciones que no queremos que se muestren demasiado explícitamente.

madrid la noite

Si de algo me ha servido este don de la observación y donde he pude aplicar todos estos conocimientos fue en la noche madrileña. Nada mejor que un local con la música demasiado alta y una copas de más, para obviar la parte del mensaje menos importante, las palabras, y descubrir por otros medios las intenciones de cada habitante de la noche.

Ahora que  las redes sociales suplen en gran medida las necesidades de relación que en su momento tuvo la movida, mas nos valdrá de dotarnos de herramientas que digan lo que queremos sin necesidad de dar demasiadas explicaciones.

HElP ME, me vuelvo digital

Tiempo ha, decidimos estudiar posibles comportamientos digitales, y lo primero que hicimos fue analizar las diferencias entre la vida digital y la “analógica”. Resumimos a modo de comienzo las siguientes como las más obvias. (Ver Ya nada es eterno, espero.)

 

Comunicación en Red Comunicación tradicional
Componente no Verbal No existe Existe y es muy importante
Contexto Se pierde Unido a la comunicación
Número de Personalidades Muchas y muy variadas, Necesidad de herramientas para gestionarlas adecuadamente Depende de nuestra idiosincrasia. Se manejan intuitivamente.

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Pero la vida digital evoluciona que da gusto, y me resultan más obvias unas y otras se me aparecen más difusas. Por ejemplo, el componente no verbal sigue sin existir, pero cada vez es más intuible el humor de quién twittea, o el estado de con quién chateamos. Ya sea por los emoticonos, por el mensaje personalizado del día. Con avatares gestuales de dentro de un par de versiones esto mejorará mucho, claro que aun no se podrá comparar con el mirar a la cara a quién te miente, o a los ojos de tu futura pareja que desdicen lo que dicen sus palabras mientras su pose te desconcierta aun más.

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El contexto se sigue perdiendo en la vida digital y de hecho una de las labores más arduas del proyecto del yo digital era como preservarlo, máxime para luego dar coherencia a las distintas personalidades que adoptabas, ante determinados interlocutores, en un contexto dado.
Pero luego observo más diferencias aun, que pensaba que me eran ajenas pero que cada vez más adopto, o quizá que ya tenía de serie. Por ejemplo me hace gracia que ningún adolescente sea capaz de haber oído un LP, CD entero, es más, supongo que sólo las canciones más relevantes, es más, a veces pienso que sólo es estribillo. Claro que luego lo analizo mejor y no sólo no es cierto sino que yo adolezco del mismo defecto aunque nunca reconocido. Ver la paja en ojo ajeno … Por ejemplo, soy incapaz de ver en televisión ninguna película que no haya visto antes. Con la falta de tiempo libre que tengo como para invertir dos horas en ver la tele, que tenga que dejar la peli a medias y que me estuviese gustando. (Caso más desfavorable a la vez que improbable dada la calidad y novedad de nuestras TVs). Supongo que el caso de mis adolescentes más cercanos les pasa algo similar, con el montón de canciones, videos, etc… pasemos al siguiente.
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Ya sea por abundancia de oferta, o por escasez de tiempo, el resultado es el mismo, nunca se concluye con la obra entera, solo con la parte comercial de la misma. Es esto nuevo, o la vida digital lo ha acentuado. Mirándome retrospectivamente, aun considerándome bastante indolente, creo que siempre hemos sido así y esta época digital lo acentúa. Por ejemplo, quién recuerda el otoño de Vivaldi, yo al menos ahora sólo la primavera, y especialmente su parte álgida.
En otra trampa que he caído en este mundo digital es la del tiempo compartido. El hecho de ir por el mundo analógico pegado a mi ventana digital, este tablet desde el que escribo estas ideas, me hace diluirme en un montón de cosas en los microtiempos muertos. Por ejemplo me acaba de llegar un correo suplicándome una invitación al google wave y he estado a punto de desviarme de mi objetivo, concluir este post. Esta vez lo he resistido, quizá por hacerme un poco el duro con la invitación, pero casi nunca lo consigo. Máxime ahora que he empezado a ir a un máster. Lo que pensaba que era una ventaja, escribir en el tablet y estar conectado al mundo digital se está volviendo en una distracción increíble, claro que al menos el otro día en una clase un pelín peñazo al menos vi como perdía Verdasco con Del Potro. Antaño, cuando iba a clase aprovechaba mejor el tiempo, y me evitaba los sinsabores del real time.
En fin, que me vuelvo digital y me diluyo. Help me, decidme que otras diferencias veis de esta transición del analógico al digital. Aparte de estas que podríamos llamar de tiempo digital compartido y la anterior de no profundizar en los contenidos digitales claro está.
Sin embargo aun me queda la esperanza o la limitación de que para las cosas importantes no nos distraemos, los estrenos los vemos en el cine, en el máster hacemos los exámenes sin pensar en otra cosa, al igual que cuando hacemos el amor con nuestra pareja (bueno si aquí también desvariamos, no es achacable a la vida digital)

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Identidades situadas [III]: contextos, roles y grupos

Igual que ocurre en nuestra vida analógica, el ser humano virtual también es un animal social: conversamos con nuestros amigos, familiares y conocidos a través de herramientas como MSN Messenger o Twitter, entramos en relaciones de cooperación/competición en diversos MMORPG, expresamos libremente nuestras opiniones en la blogosfera, y establecemos contactos con nicks y avatares a cuyos propietarios jamás conoceremos personalmente en multitud de foros y chats, ya sean gráficos o visuales, como Habbo Hotel o Second Life… Y en todas y cada una de estas relaciones sólo mostramos aquellas facetas de nuestra identidad que deseamos dar a conocer en ese preciso instante.

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Así pues, parece que nuestras interacciones virtuales siguen un patrón similar a nuestras relaciones sociales analógicas, en lo que respecta a la presentación social del yo, puesto que seleccionamos aquellos elementos de nuestra identidad que a priori nos resultan más adecuados para cada contexto social, en función del rol que aspiramos a desempeñar en él.internet_troll.png

Por ejemplo, si entro un foro con intención de actuar como troll y desbaratar el hilo de una conversación, es porque previamente he seleccionado de forma automática -esto es, sin necesidad de hacer primero un ejercicio de reflexión consciente- los elementos de mi identidad que mejor me permiten desempeñar ese papel: sarcasmo, actitudes radicales, agresividad, etc.

Sin embargo, es evidente que entre la identidad analógica y la virtual existen diferencias ostensibles en algunos elementos esenciales. Por ejemplo, en la interacción social que se ejerce dentro de los grupos con los que nos relacionamos. En el siguiente cuadro se pueden ver, de forma esquemática, en qué consisten esas diferencias.

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Lo cierto es que en el mundo analógico no nos relacionamos con quien queremos, sino con quien podemos. Dicho de otro modo, nuestras interacciones se ven constreñidas por una serie de aspectos físicos y territoriales, que nos llevan a tratar con personas que viven en nuestro barrio, se sientan a nuestro lado en clase, o trabajan en la misma planta que nosotros. En cambio, en el mundo virtual no existen las fronteras, y basta con teclear una URL y saber escribir un inglés rudimentario para interactuar con CUALQUIER ser humano "digitalizado". Por consiguiente, las únicas barreras para nuestras relaciones digitales son nuestros propios gustos, intereses u opiniones.

En el mundo analógico, los grupos ejercen un vasto control social: nuestros amigos se quejan de que les dedicamos poco tiempo cuando pasan meses sin que nos veamos, los miembros de la peña senderista a la que pertenecemos nos recriminan si no vamos a la excursión del último sábado del mes, y nuestra familia demanda que celebremos la Nochebuena en casa de los abuelos… Aduciendo para ello una serie de normas sociales implícitas que exigen el cumplimiento de ciertos compromisos grupales, so pena de ser excluido del grupo si no se acatan. ¿Ocurre lo mismo en el mundo virtual? En términos generales, no, ya que en ese entorno, los individuos gozamos de una mayor libertad para transitar entre comunidades virtuales, incluso aunque éstas se encuentren enemistadas entre sí. Basta con cambiar de nick o de avatar.

Estas diferencias dan lugar a los tres últimos contrastes que se observan en el esquema superior:

  • LAZOS SOCIALES: en el mundo analógico, los vínculos que nos unen a los miembros de nuestro grupo se sostienen de forma casi pasiva. Estar presente en ciertas actividades, expresar de vez en cuando una opinión similar a la del resto del grupo, o simplemente vestir con los colores corporativos de la empresa en durante un meeting de la organización son conductas suficientes para demostrar implicación. Sin embargo, el mundo virtual exige una implicación grupal mucho más directa. Si no escribes en el foro donde te diste de alta, si no cuelgas fotos en tu red social, o no juegas con el personaje que creaste en World of Warcraft, ¿quién puede decir que formas parte de cada uno de esos grupos?
  • RELACIONES INTRAGRUPALES: Como se desprende de las ideas expuestas anteriormente, el mundo analógico exige un alto grado de compromiso con los grupos a los que pertenecemos. Es decir, aunque los lazos se puedan mantener de forma pasiva, es imprescindible cumplir las normas mínimas de pertenencia, tales como realizar actividades destacadas para el grupo o emplear símbolos distintivos, para evitar el riesgo de marginación o exclusión. En cambio, en el mundo virtual apenas se nos puede exigir esa implicación, sencillamente porque apenas existen mecanismos de control social. Si a mí me expulsan del club de poker del Instituto por hacer trampas, no puedo volver a él. Sin embargo, si me echan de Bite Figth por trucar mi personaje, ¿cómo impedirme que cree uno nuevo, con distinto nombre e IP móvil?
  • RELACIONES INTERGRUPALES: En el mundo analógico, un individuo que pertenezca a dos grupos enfrentados entre sí no podrá sostener esa pertenencia ambivalente durante mucho tiempo sin sufrir las consecuencias… Cosa que no ocurre en en el mundo virtual, donde las fronteras entre grupos sociales son mucho más laxas y difusas, y donde la pertenencia es mucho más difícil de rastrear y de controlar.

Ahora bien, una vez hemos analizado las diferencias entre nuestra identidad social analógica y digital, ¿será posible responder a aquellas preguntas que nos planteábamos en las dos entradas sobre identidad situada que precedieron a la que tienes en tu pantalla? ¿Es factible definir un conjunto de contextos, grupos y roles universales y estables para los internautas occidentales? Más aún, ¿somos los seres humanos capaces de organizar nuestra estructura cognitiva y social en estos términos? En próximas entradas intentaremos dar respuesta empírica a estas cuestiones.

El metaverso lejano

snow-crash.jpg Corría el año 1992 cuando Neal Stephenson acuñó el término metaverso para describir un entorno de ficción donde los humanos interactuaban social y económicamente mediante iconos, moviéndose para ello dentro del soporte de un ciberespacio que servía como metáfora del mundo real, aunque sin las limitaciones físicas de éste.

Tuvieron que pasar cerca de diez años -con sus correspondientes campanadas en el carrillón de la Puerta del Sol- para que los metaversos de Stephenson se hiciesen "realidad" en el Universo digital.

En 2007, Habbo, Second Life y muchos otros juegos de rol multijugador masivo online [MMORPG] como los célebres Neverwinter Nights , Ultima Online , EverQuest , World of Warcraft o Guild Wars cuentan con millones de avatares dispuestos a bailar, charlar, discutir, establecer alianzas, comprar o vender armas, destronar reyes, levantar imperios, masacrar ciudades o enriquecerse virtualmente gracias a la especulación digital.

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Saltando de un metaverso a otro, yo puedo ser un jugador de basquet, un troll sanguinario, una espiritual elfa nocturna, un hipnotizador experto en provocar el caos, o una sensual avispa con cabeza de gato, dispuesta a mantener relaciones con cualquier avatar que me ofrezca tantos linden dolars como cuestan mis favores.

Aunque entra de lleno en el objeto de estudio del Grupo ICIV, en este post no tengo intención de analizar las complicaciones/beneficios que podrían derivarse la fragmentación identitaria que se desprende de nuestra inmersión en los citados metaversos digitales, sino de algo mucho más prosaico: la enorme brecha que aún separa la vida analógica de la experiencia virtual.

El 22 de septiembre de 2007, Madrid celebró la segunda edición de La Noche En Blanco, manifestación cultural gratuita y abierta destinada a fomentar, difundir y popularizar la creación contemporánea en todas sus formas: artes plásticas, proyecciones cinematográficas, música, representaciones teatrales, circenses, etc.

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Dentro de todas las propuestas de este año, hubo una que llamó especialmente mi atención: Two Gardens Between Us , del profesor Mario Paul Martínez Fabre.

¿Su objetivo? Convertir los jardines del Palacete del Marqués de Salamanca, sede de la Fundación Astroc , en un espacio de interconexión entre lo digital y lo analógico. Para ser exactos, entre los participantes de La Noche En Blanco y la comunidad virtual de Second Life.

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En el mundo real caía una lluvia fina y tibia que invitaba a pensar en naves en llamas más allá de Orión, mientras el Palacete del Marqués de Salamanca resplandecía bajo los focos dorados.

En mitad del jardín, dos pantallas blancas presagiaban el encuentro entre el metaverso y la vida física, que sendas webcams camufladas en las palmeras se encargarían de hacer realidad, como si al fin se hubiese fabricado un azogue lo bastante puro como para recrear el espejo mágico de Alicia.

Por desgracia, cuando nos acercamos a ellas, la ilusión del contacto se desvaneció. Al otro lado del ciberespacio, delante de la pantalla que representaba el jardín de la Fundación Astroc, sólo se podían ver las espaldas digitales de cuatro avatares despistados. Tanto, quizá, como los visitantes de carne y hueso del jardín real.

¿Por qué las cámaras de Second Life no estaban colocadas de tal forma que los humanos noctámbulos pudiéramos ver los rostros de los avatares que se habían congregado en la recreación virtual del jardín? ¿Les sucedía lo mismo a ell@s con nuestras imágenes?

escher-camaleon.JPGSe suponía que íbamos a disfrutar de un encuentro visual y sonoro entre lo digital y lo analógico, pero por los altavoces estratégicamente dispersos por los alcorques de los árboles no llegaba más que el croar electrónico de una rana virtual, y los maullidos sincopados de un gato digital, al que un avatar "desalmado" -¿o simplemente aburrido?- había metido en la fuente.

¿Dónde estaba la interconexión entre lo digital y lo analógico? ¿Confluyeron en algún momento el metaverso recién nacido con la experiencia artística y cultural en pañales de La Noche en Blanco? Sólo puedo decir que mientras nosotros estuvimos allí, no.

Parece que, como a los camaleones de Escher, aún nos constriñen demasiadas barreras técnicas, mecánicas y psicológicas para que nuestras identidades analógicas y digitales encuentren un espacio de comunicación eficaz.

 

 

 

La memoria está en los besos

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La memoria está en los besos, sentenció Antonio Mercero, y Mara Torres -presentadora de La 2 Noticias- puso cara de póker, como si temiera que la entrevista se le escapase de las manos.

Fue el pasado 19 de septiembre, cuando el director acudió a promocionar ¿Y tú quién eres?, su última película, donde el actor Manuel Aleixandre encarna a un paciente de Alzheimer en las primeras fases de la enfermedad.

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Hace ya unos meses, en este blog se habló de la pérdida de la identidad que provoca el trastorno descubierto en 1906 por Alois Alzheimer. Por eso no tengo intención de volver ahora sobre el tema, sino de reflexionar sobre algunos otros que se derivan de la conversación entre Antonio Mercero y Mara Torres, y estrechamente vinculados a las facetas virtuales de nuestra vida digital.

Cuando Mercero decía la memoria está en los besos, se refería de un modo poético al hecho de que la información con carga emocional establece huellas mnésicas más profundas y duraderas que los datos asépticos, como mi compañera Pilar Gallo ha señalado en entradas anteriores.

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Sin embargo, el primer problema que ingenieros y usuarios encontraron al empezar a poblar este mundo digital en que ahora nos movemos como peces -binarios- en el agua, era la imposibilidad de intercambiar "besos", entendidos como una metonimia de la afectividad humana… Y precisamente un 19 de septiembre de 1982, Scott E. Fahlman transmitió el primer emoticono en las BBS de la Facultad de Informática de la Universidad Carnegie Mellon, con la única intención de dotar de un significado emocional a las comunicaciones escritas.

Por supuesto, los términos tecnológicos han cambiado bastante desde aquellas caritas diseñadas en código ASCII hasta las actuales prácticas de sexo virtual en Second Life, pero lo que parece innegable es que la vida digital necesita acompañerse de una expresión emocional, a imagen y semejanza de la que se desarrolla fuera de la web.

Tal vez por eso en su entrada "Ya nada es eterno, espero" José Sánchez indicaba que, según encuestas del Reino Unido, las relaciones virtuales ya superan a las reales, y diversas investigaciones en redes sociales digitales corroboran este dato, destacando la fuerza de los lazos afectivos que se generan en entornos digitales.

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Ahora bien, si como hemos postulado en la Tercera Ley del Yo Digital, nuestra identidad biológica no es algo distinto, ajeno e independiente de nuestra(s) identidad(es) virtuales, sino que todas ellas interactúan vivamente entre sí, produciendo la emergencia de un sistema cognitivo conjunto que se retroalimenta, enriquece y modifica con cada intercambio, ¿qué recuerdos dejarán en nosotros esos amig@s digitales de los que sólo conocemos su nick y su avatar? ¿Qué huella mnésica será más estable: la producida por una vibrante partida de Última contra 3.000 jugadores online, o la de un Risk compartido con tu grupo de amigos y sus respectivas cervezas?

¿Qué recuerdos preservarán durante más tiempo los enfermos de Alzheimer o Parkinson del 2050, los derivados de su vida analógica, o de sus experiencias digitales? ¿Podrán desentrañar unos de otros los psicólogos, psiquiátras, neurólogos y terapeutas ocupacionales que los asistan?

Tal vez no sea necesario hacerlo, y nuestra vida digital de hoy nos ayude a luchar mañana contra las demencias que amenazan con borrar incluso la memoria que atesoran los besos.

Existo, luego estoy en la Red

El mundo ha cambiado, en contraposición a épocas anteriores en las qué, el mundo iba a cambiar o el mundo estaba cambiando. Ahora nuestro vivir coexiste con la Red y nuestra cotidianidad entrelaza lo real y lo virtual en todos los aspectos, los laborales, los de ocio y sobre todo los sociales. En EEUU ya se materializan tantas parejas que nacieron en la red como en lances tradicionales.

El cambio es más profundo de lo que conscientemente suponemos. La información que recibimos es infinitamente mayor, la oferta de ocio también, pero los días tienen las mismas horas que en el siglo pasado y aun durmiendo menos no podemos ver tres largometrajes al día, jugar en la videoconsola y ver un partido de la champions. Por contra, si tenemos posibilidad de trabajar en cualquier momento y en cualquier lugar. Al igual que en su momento el hombre primitivo tuvo que hacer frente al paradisíaco mundo hostil que le tocaba vivir con toscas herramientas de piedra nuestra solución en este nuevo entorno es construir herramientas de red. Quién no ha usado esa llamada http://www.google.com/.

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Con este caldo de cultivo Telefónica I+D inició una línea de trabajo que llamó el YO DIGITAL con unas premisas sencillas y totalmente superadas como aquellas de:

  • Lo que no está en red no existe, y poníamos este ejemplo entonces concluyente.

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Dicho de otra forma sólo lo que está en red perdura. Esto nos llevó a conclusiones interesantes ante una aspiración muy humana en cuanto al legado que queremos dejar a nuestra descendencia.

  • No existen limitaciones tecnológicas para guardar todos nuestros recuerdos en formato digital. El problema se ha ipod1.jpgtrasladado no en guardar sino en recuperar la información.Teniendo en cuenta estas y otras consideraciones, las tendencias de uso de la red, y mucha ilusión nos embarcamos en el proyecto del Yo Digital al que definimos como nuestra proyección en la red y que abarca dos aspectos:

1. Mi memoria digital que guarda y gestiona emocionalmente todos mis recuerdos digitales. Para ello hemos recreado los modelos psicológicos de memoria humana.

2. Mi vida en la red. Que me permite desarrollar instintivamente mis múltiples personalidades digitales. En la vida real no nos comportamos igual ante el jefe que con la familia, en la vida virtual no sólo no nos comportamos igual sino que incluso podemos ser quien queramos, como queramos y cuantos queramos ser.

Evidentemente si queríamos un modelo intuitivo necesitábamos ayuda psicológica, y ahí estaba la cátedra de Psicología de la Cardenal Cisneros.

Estos trabajos cristalizaron en un piloto que siendo tremendamente inconsecuentes con nuestras premisas de partida no existe porque aun no lo hemos puesto en la Red.No obstante hemos abierto este blog para discutir los modelos y adelantar las tendencias tanto en redes sociales desde el punto de vista tecnológico, como social y psicológico.