Como lágrimas en la lluvia

Dec
11
Posted in Emociones digitales, Mi consciencia digital
by Nuria Calderón García-Botey

En 1982, el director norteamericano Ridley Scott estrenó una película basada en la novela de Phillip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que habría de convertirse en icono del cine de ciencia-ficción: Blade Runner

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Veinticinco años, siete versiones, unas cuantas secuelas y varios documentales después, los cinéfilos todavía siguen embarcados en sesudas discusiones acerca del mensaje filosófico del film, de la verdadera naturaleza de sus personajes, o del significado de cada uno de sus planos.

En mi caso, la primera vez que vi a la dramática historia de los replicantes sentenciados por una exigua fecha de caducidad, yo estaba en segundo de carrera, y la pantalla del salón de actos de la facultad de Psicología de la Complutense donde se proyectaba era demasiado pequeña, de modo que las imágenes se "desbordaban" ligeramente sobre la pared. En cierto modo, a mí me ocurrió algo similar con el mensaje que me transmitían: sabía que había visto algo más que una película de ciencia-ficción, pero no tenía del todo claro qué era.

bladerunner.jpgHace unas semanas asistí a una proyección de Blade Runner: The final cut, la última revisión del director con motivo del cuarto de siglo desde su estreno, en pantalla gigante, sesión nocturna y versión original. Quizá en parte por el entorno, pero sin duda por la predisposición psicológica que ha generado el proyecto del Yo Digital en todo el equipo, esta vez reparé en unas cuantas ideas que no había analizado la primera vez que ví la película y que, aún a riesgo de convertirme en SPOILER para futuras generaciones de espectadores, me voy a permitir el lujo de exponer… Porque a pesar de haber sido rodada en 1982, la filosofía de Blade Runner enlaza directamente con dos de los elementos que hemos empleado en el proyecto Yo Digital para caracterizar la identidad humana: las emociones y la memoria.

Por supuesto, para que este análisis pueda comprenderse en toda su extensión, es imprescindible haber visto el film (recomendado) o al menos, conocer una sinopsis de su argumento.

Si te has animado a hacer click en el enlace anterior o ya conoces la película, voy a pedirte que traigas a tu memoria la conversación entre Deckard y Mr. Tyrell después de que el primero compruebe mediante el test Voight-Kampff que Rachel, la joven secretaria de Tyrell Corporation, es en realidad una replicante experimental.

  • Pero ella tiene recuerdos… - se asombra Deckardrachel.jpg
  • Todos falsos - corrige Tyrell, para explicar a continuación el motivo de que una replicante albergue narraciones sobre un pasado del que carece.

Uno de los problemas observados a medida que avanzaba el desarrollo de los modelos Nexus -viene a decir el presidente de Tyrell Corporation- es que éstos eran capaces de aprender emociones humanas. Sin embargo, la gestión de esas reacciones superaba sus habilidades cognitivas, lo que les desequilibraba enormemente. Y para evitarlo… se les dota de un soporte racional, que permita integrar tal aprendizaje. Es decir, se les implantan esos "recuerdos".

Cuando comenzamos a definir los elementos que integrarían el modelo psicológico del Yo Digital, el equipo ICIV tuvo muy claro que una de las principales diferencia entre un almacén informático de datos y la memoria humana es que ésta última está teñida de emociones.

Como ya se indicaba en la entrada Cuéntame tu vida, nuestra mente organiza sus recuerdos de forma temporal, pero no siguiendo una secuencia cronológica, sino emocional: aquél suceso que nos impactó, el año malo en que nos mudamos de casa y rompimos con nuestra pareja de toda la vida… ¿Les faltaba eso a los Nexus anteriores a Rachel en Blade Runner? ¡Porque entonces no es de extrañar que fueran incapaces de organizar sus cogniciones!

Sin llegar a la extrema propuesta de replicantes inmortalizados por los guionistas Hampton Fancher y David Peoples, es innegable que todo intento computacional para emular el funcionamiento de la memoria humana debe combinar emociones y narraciones tematizadas, tal y como estamos desarrollando en el proyecto del Yo Digital. Pero no sólo eso.

roy-batty.jpg¿Quién no conoce el monólogo final de Roy Batty -Rutger Hauer- cuando, después de salvar la vida al maltrecho Blade Runner que le persigue para "retirarlo", hace un recuento de todas sus vivencias como esclavo en las colonias exteriores? Porque él ha visto atacar naves en llamas más allá de Orión, y rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser…

Todos esos momentos, dice el replicante, se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

¿Pero por qué Roy Batty salva a Deckard, y le cuenta todos estos recuerdos? ¿Es acaso el blade runner un replicante más -aunque él mismo lo ignora-, y de ahí la piedad de su enemigo? ¿O tal vez es una muestra de bondad del Nexus 6, capaz de manifestar un grado de humanidad superior al del mismísimo género humano?

Aunque ambas hipótesis son discutidas y contrastadas por los expertos en el film, yo tengo mi propia teoría al respecto: ni la naturaleza del blade runner ni la humanidad del replicante tienen importancia para explicar la conducta de éste último.

En mi opinión, Roy no salva a Deckard por piedad hacia un ser inferior -un humano- ni hacia un homólogo replicante, sino por "afán de supervivencia". Él no sólo está irremisiblemente condenado a morir -sus cuatro años de vida tocan a su fin-, sino que tras la caída de sus compañeros Zhora y León, y la de Pris, su pareja, es el último Nexus 6 en la galaxia. ¿Quién recordará entonces su existencia, si no queda nadie que pueda dar fe de ella?A falta de un pasado real y de una red social de familiares y amigos, ¿qué será de esos recuerdos que tan intensamente atesora? Porque la inmortalidad no consiste en vivir físicamente para siempre, sino en dejar una huella en los seres queridos que nos sobreviven.

Por eso Roy salva la vida de Deckard, y le habla de naves en llamas, y de rayos C: para que su recuerdo, su imagen más emocional, se instale en la memoria de otro ser vivo -humano o replicante, qué importa-, permitiéndole alcanzar al fin esa supervivencia que tanto anhela… Aunque sea de un modo virtual.

En cierto modo, el proyecto del Yo Digital se apoya en una filosofía similar, pues si yo almaceno mis recuerdos -mis datos-, mis identidades, e incluso mis proyecciones futuras en un sistema integrado y con estructura similar a la memoria humana… ¿No podrán heredarlo mis descendientes, y tener así una imagen vívida de lo que fue la vida de su antepasado? O, al menos, evitar que mis recuerdos se pierdan en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

SONRISA digital.

Nov
06
Posted in Emociones digitales
by Javier Gómez Morales
S O N R I S A digital: retrato digital de emociones .
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Si una identidad digital puede devolverme sentimientos y emociones recordadas; experimentadas en momentos previos aunque yo no las tenga conscientes ahora… Incluso la identidad digital de otros puede arrojarme sentimientos registrados por otras personas (aunque sean nuestros más íntimos y allegados seres queridos)…

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… …Esto de las identidades digitales, por la propia definición de sentimiento, empieza a cobrar interés pero puede que también tenga sus riesgos.
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LAS EMOCIONES podrán ser consideradas agradables o desagradables.
¿ Querremos hacernos cargo de las emociones desagradables -propias o ajenas- ?, ¿y con las emociones INTENSAS; aún las agradables estarán aconsejadas para todos los usuarios y fisgones de las identidades digitales..?

… … …

¿ Qué haremos con los sentimientos que NO nos gustan, o con los que nos ALTERan, nos arrastran con pasiones corporales (aunque nos agraden) ?
… … …

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¿Cómo afrontaremos (y quién nos enseñará a hacerlo) los sentimientos y los recuerdos “veraces” que nos confunden o con los que nos desagradan (los propios y los ajenos) ?
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La memoria está en los besos

Oct
02
Posted in Gente virtual
by Nuria Calderón García-Botey

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La memoria está en los besos, sentenció Antonio Mercero, y Mara Torres -presentadora de La 2 Noticias- puso cara de póker, como si temiera que la entrevista se le escapase de las manos.

Fue el pasado 19 de septiembre, cuando el director acudió a promocionar ¿Y tú quién eres?, su última película, donde el actor Manuel Aleixandre encarna a un paciente de Alzheimer en las primeras fases de la enfermedad.

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Hace ya unos meses, en este blog se habló de la pérdida de la identidad que provoca el trastorno descubierto en 1906 por Alois Alzheimer. Por eso no tengo intención de volver ahora sobre el tema, sino de reflexionar sobre algunos otros que se derivan de la conversación entre Antonio Mercero y Mara Torres, y estrechamente vinculados a las facetas virtuales de nuestra vida digital.

Cuando Mercero decía la memoria está en los besos, se refería de un modo poético al hecho de que la información con carga emocional establece huellas mnésicas más profundas y duraderas que los datos asépticos, como mi compañera Pilar Gallo ha señalado en entradas anteriores.

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Sin embargo, el primer problema que ingenieros y usuarios encontraron al empezar a poblar este mundo digital en que ahora nos movemos como peces -binarios- en el agua, era la imposibilidad de intercambiar "besos", entendidos como una metonimia de la afectividad humana… Y precisamente un 19 de septiembre de 1982, Scott E. Fahlman transmitió el primer emoticono en las BBS de la Facultad de Informática de la Universidad Carnegie Mellon, con la única intención de dotar de un significado emocional a las comunicaciones escritas.

Por supuesto, los términos tecnológicos han cambiado bastante desde aquellas caritas diseñadas en código ASCII hasta las actuales prácticas de sexo virtual en Second Life, pero lo que parece innegable es que la vida digital necesita acompañerse de una expresión emocional, a imagen y semejanza de la que se desarrolla fuera de la web.

Tal vez por eso en su entrada "Ya nada es eterno, espero" José Sánchez indicaba que, según encuestas del Reino Unido, las relaciones virtuales ya superan a las reales, y diversas investigaciones en redes sociales digitales corroboran este dato, destacando la fuerza de los lazos afectivos que se generan en entornos digitales.

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Ahora bien, si como hemos postulado en la Tercera Ley del Yo Digital, nuestra identidad biológica no es algo distinto, ajeno e independiente de nuestra(s) identidad(es) virtuales, sino que todas ellas interactúan vivamente entre sí, produciendo la emergencia de un sistema cognitivo conjunto que se retroalimenta, enriquece y modifica con cada intercambio, ¿qué recuerdos dejarán en nosotros esos amig@s digitales de los que sólo conocemos su nick y su avatar? ¿Qué huella mnésica será más estable: la producida por una vibrante partida de Última contra 3.000 jugadores online, o la de un Risk compartido con tu grupo de amigos y sus respectivas cervezas?

¿Qué recuerdos preservarán durante más tiempo los enfermos de Alzheimer o Parkinson del 2050, los derivados de su vida analógica, o de sus experiencias digitales? ¿Podrán desentrañar unos de otros los psicólogos, psiquiátras, neurólogos y terapeutas ocupacionales que los asistan?

Tal vez no sea necesario hacerlo, y nuestra vida digital de hoy nos ayude a luchar mañana contra las demencias que amenazan con borrar incluso la memoria que atesoran los besos.

Meterse en la cabeza de los demás

Jul
20
Posted in Emociones digitales
by Pilar Gallo

Meterse en la cabeza de los demás:

El enigma del lenguaje facial

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Tras los viajes interplanetarios y el desciframiento del genoma los seres humanos tenemos la sensación de vivir en un mundo explorado y conocido. ¿Quién nos diría que aún quedan misterios sin resolver y que no hay que irse muy lejos para toparse con ellos?. Es suficiente con plantarse delante de un espejo, mirar nuestra cara y empezar a jugar con el enigma de la sonrisa, de la tristeza, del enfado, del miedo, del asco, de la sorpresa.

De este sistema expresivo facial queda por explicar:

- Su UNIVERSALIDAD: Si viajamos a un país lejano no entenderemos la lengua de sus habitantes pero podremos interpretar sin problemas su lenguaje facial.

- Su ORIGEN: En la escala filogenética no hemos sido los primeros en emplear este lenguaje. Al ver fotografías de primates lo que nos da esa sensación de cercanía -de humanidad- es la expresividad de su rostro. Incluso algunos mamíferos marinos -como la ballena belluga- muestran un rudimentario pero encantador repertorio de caras. En la escala ontogenética el bebé humano despliega su competencia en la sincronización de ojos, cejas y nariz mucho antes de andar y hablar.

 

El planteamiento del enigma ya estaba en Darwin. En su libro "El origen de las expresiones emocionales en el hombre y en los animales" muestra su interés por el tema. Entre la imagen de un mono trepando por los árboles y la de un hombre leyendo es difícil plantear la continuidad evolutiva. No lo es tanto ante una imagen de una mamá chimpancé y de su cría mirándose amorosamente.

Siguiendo su razonamiento, las expresiones emocionales serían un componente del sistema de activación. Por ejemplo, si voy paseando por el bosque y se me aparece un oso, se iniciará una cadena de cambios en mi cuerpo: aumento del ritmo cardíaco, del ritmo respiratorio, erizamiento del vello… Además abriré mucho los ojos y la boca, echaré la cabeza hacia atrás, tensaré la frente… La emoción de miedo abarcaría el fragmento facial de la reacción del cuerpo para emprender la huida.

¿Cómo se segregó la expresión emocional?. Empezaré dando una pista: el lenguaje facial se desarrolla en especies animales en las que se establecen fuertes vínculos entre los miembros de la misma especie. Los reptiles no tienen expresiones emocionales. Algunos mamíferos sí.

Si voy por el bosque y veo un oso mi reacción corporal puede salvarme a mí. La expresión de mi cara, si es interpretada como señal de peligro, puede salvar también a mi familia. No es necesario que vean al oso, es suficiente con que se fijen en mi rostro, con que vean mi expresión de miedo.

El cuerpo tiene otras formas de manifestarse. El olor -predominante en roedores o en perros-, el color -en los camaleones- … Estas primitivas conquistas evolutivas permiten al cuerpo informar sobre su estado. Sobre esta base algunas especies han generado sistemas referenciales para informar sobre el entorno. Evidentemente, ninguno llega a la complejidad léxica y morfosintáctica del lenguaje humano. Las expresiones faciales no son referenciales pero componen un sistema de comunicación mucho más sofisticado que las paletas de olores y colores. Su capacidad para combinarse en emociones complejas nos sugiere una gramática ancestral y oculta.

Los seres humanos somos unos grandes lectores de caras. De manera implícita, sin que nadie nos enseñe, desarrollamos la capacidad para asomarnos al interior de la otra persona a partir de sus expresiones faciales. Es el procedimiento básico para una especie que posee Teoría de la Mente, es decir, que infiere en los demás lo que no es visible: sentimientos, pensamientos, intenciones….

En la actualidad se ha puesto en marcha una simulación de este proceso de decodificación. A partir de un vídeo del rostro de una persona, un software analiza sus cuatro componentes claves -cara, ojos, cejas y nariz- y consigue reconocer si es hombre o mujer y si está triste o alegre. El objetivo es llegar a conseguir "meterse en la cabeza de una persona" para conocer su reacción ante, por ejemplo, un anuncio publicitario.

Fuente: Un software determina el estado de ánimo de las personas en tiempo real

http://www.tendencias21.net/index.php?action=article&id_article=678934

 

Además de estas aplicaciones comerciales, un software de este tipo resultaría de gran ayuda para las personas autistas ya que el núcleo de su trastorno es la incapacidad para desarrollar implícitamente una Teoría de la Mente. Aunque estemos muy lejos de resolver el enigma del lenguaje facial, es una buena noticia que se haya emprendido el camino.

Emociones en la red

Jul
09
Posted in Emociones digitales
by Pilar Gallo

- ¿Qué tal la peli?

- Maravillosa, ¡lo que lloramos!

No hay más que echar una ojeada a la cartelera para constatar que las películas en las que se sufre mucho son las que más éxito tienen. ¿Por qué nos parece maravillosa una pelicula que nos ha hecho llorar?. Porque en el cine las emociones no se experimentan de la misma forma que en la vida. La ficción puede producir un efecto de inversión en el marcaje emocional. Acontecimientos intensamente desagradables son marcados positivamente por el sujeto.

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BABEL

EEUU, 2006,Dir. A.G. Iñárritu

DRAMA: En Marruecos, un juego infantil provoca una cadena de dramáticos acontecimientos que conectan las vidas de una pareja norteamericana, dos chicos marroquíes, una niñera mexicana y una adolescente japonesa. Un cañonazo de cine mexicano: la traumática experiencia de una mujer occidental herida esperando atención médica en una desolada aldea marroquí, la desesperación de una mujer mexicana perdida en el desierto con los niños a los que cuida y la dureza del mundo que sobrepasa a una adolescente sordomuda.

IDEAL YELMO CINEPLEX (v.o.)

 

 

¿Qué requisitos subyacen a este efecto de inversión emocional?

- Un espacio libre de exigencias adaptativas en el que experiencias ficticias representen experiencias reales sin acarrear sus consecuencias.

- Unos sujetos que sientan curiosidad, fascinación e incluso adicción por las emociones.

¿Es posible que se produzca el efecto de inversión emocional en otros entornos?

En la red tiene cabida un espacio de ficción que puede llegar a convertirse en un laboratorio de emociones simbólicas. El anonimato preserva del contacto con el mundo real. De espectadores a actores de tantas películas como se quieran inventar y compartir. ¿Cuánto más desagradables e intensas mejor?.