La motivación, ¿puede ser digital?

Arghhhh, me desperezo, me despierto de estas vacaciones navideñas con unos kilillos de más y muy pocas ganas de comenzar el nuevo año laboral. Así que lo primero que se me ha ocurrido ha sido leer un artículo sobre las claves de la motivación. Después mientras lo digería y me preguntaba por qué hago lo que hago, que me gustaría hacer y cómo debería motivarme he tenido una idea genial. Este año no me pondré objetivos, se los pondré a mi Yo Digital.
Así dicho puede ser parecer una tontería, pero déjame explicarme. En primer lugar es una cuestión de coherencia. ¿No estoy abogando a favor del  Yo digital?, ¿no tenemos todos una componente digital cada vez mayor? dependencia del móvil, fotos guardadas en nuestro pc, en la nube, nuestras finanzas en la banca electrónica, nuestros amigos en las redes sociales, nuestra memoria en la wikipedia, y algunos hasta nuestras disertaciones en un blog… Si es así no voy  mal desencaminado.
Pero vayamos más allá. Poner objetivos a mi yo digital tiene una ventaja inicial y obvia, estos objetivos son fácilmente medibles, y por tanto controlables. Por ejemplo cada vez que corro, nado o me peso y lo anoto en una hoja de cálculo tengo el control inmediato de mi evolución física. Además para esto existen multitud de programas gratis que te ayudan, yo últimamente me apoyo en sportypal con mi móvil.
Pero al margen de esta obviedad si profundizo más puede que alcance una mayor ventaja al definir los objetivos de mi yo digital. Las áreas de motivación clásica caen en la clasificación de logro, poder o afiliación. Logro como la  necesidad de mejorar día a día, poder como impulso para ser superior a nuestros congéneres y afiliación para anteponer nuestra necesidad de querer y ser querido. Estos tres motores de la motivación están en nuestro subconsciente y por ende no siempre somos conocedores de ellos. Con ellos nos formamos una motivación implícita y subconsciente, luego está la motivación explicita, aquella que nos imponen el resto, lo que yo creo que esperan de mi, e incluso lo que yo creo que espero de mi. De aquí saldrán los objetivos de mi Yo Digital.
Al parecer se tiene un mayor grado de éxito si la motivación explicita coincide con nuestra motivación implícita, si los motores ajenos de motivación, en cuanto a logro, afiliación y poder, están alineados con nuestra forma subconsciente de ser. Es por ello que al menos este año voy a pensar en unos objetivos para mi Yo Digital más alineados con el yo subconsciente que creo ser. A ver si organizándolos consigo tener más éxito que estos años de crisis.
Una vez superada esta fase solo me quedará enunciar estos objetivos para mi Yo Digital, aunque esto será fácil, puesto que todo se hace en el plano digital o al menos tiene un reflejo en él. Y si no pensar como controlamos nuestras finanzas, como guardamos nuestros recuerdos, o incluso como podemos buscar una pareja sentimental.
Mientras pensaba en ello, y me autoanalizaba digitalmente he pensado en los twitter, y facebooks, de mis conocidos en redes digitales, qué fácilmente identificables son los que se mueven por motivos  de afiliación, más difíciles de identificar son los que están motivados por un afán de logro, y que claros están los que están guiados por el poder. ¿O no?



Se busca una mujer

Edna bajaba por la calle con su bolsa de la compra, cuando pasó a la altura del automóvil. Había algo escrito en la ventanilla lateral:
SE BUSCA UNA MUJER.
Se paró. Era un cartón pegado a la ventanilla, con alguna especie de anuncio.
En su mayor parte estaba escrito a máquina. Edna no podía leerlo desde el lugar de la acera en que se encontraba. Sólo podía ver las letras grandes:
SE BUSCA UNA MUJER.
Era un coche nuevo y de los caros. Edna cruzó la hierba y se acercó a leer la parte mecanografiada:
Hombre de 49 años. Divorciado. Busca una mujer con fines matrimoniales. Que tenga entre 35 y 44 años.
Me gusta la televisión y los films. La buena comida.
Soy contable y tengo el trabajo bien asegurado.
Tengo dinero en el banco. Me gustan las mujeres algo rellenas.
Edna tenía 37 años y estaba algo rellena. Había un número de teléfono. También
había tres fotos del caballero que buscaba una mujer.

Charles Bukowski, South of No North 1973

Tengo que reconocer que cuando leí a Bukowski saliendo de la adolescencia me impresionó, y ahora que gracias a mi e-book he vuelto a releerlo me ha vuelto a impresionar. Hoy por otros motivos, y desde luego tengo que reconocer que fue un adelantado. (Siempre lo pensé) Y si no mirar la introducción. Toca todos los palos de cualquier portal de contactos.  Una descripción breve y concisa, un modo de contacto, en este caso un teléfono fijo, (no había ni móvil, ni internet, ni se los esperaba) e incluso tres fotos.  ¿A cuantos nos suena esto?
Sin embargo para la mayoría Bukowski fue y será un escritor maldito aunque con una mente más abierta hubiese sido un avanzado de algunos apartados de la vida en red. Digamos que él siempre tuvo claro lo único, y que muchos de los escritores de ciencia ficción, más afamados, nunca han atinado tanto como él en estas pocas líneas de “Se busca una mujer” o del  “Loneliness“  original.
¿Qué ha cambiado en estos 38 años? Precisamente la comodidad de comunicar nuestras apetencias a través de la red, y preservando, no siempre lo bien que querríamos, nuestra identidad. Desde luego es más cómodo dejar un anuncio en cualquier portal, meetic, badoo, o cualquier portal de contactos, bajo un apodo, que nuestro teléfono fijo, compartido o no. Y nuestras fotos en el portal en red que en nuestro coche aparcado en la acera. Porque superado esto ya no hay nada transgresor en las líneas de Bukowski, ¿o sí?. Bueno la verdad es que Bukowski siempre será Bukowki  y siempre parecerá un poco sucio aunque el tiempo acabe por darle la razón.
Ahora lo que me impresiona, no es tanto el grito de se “Se busca una mujer” como el medio de publicitarlo. De hecho no podría ser de otra forma en  este blog que se centra en la vida digital, en como gestionamos nuestro Yo Digital, y en como manejamos nuestras identidades digitales.
En fin Bukowski nunca será un clásico, ni siquiera un profeta  de la red, pero hay que reconocer que donde menos se espera salta la liebre, o quizá en este caso, el conejo. Gracias Charles Bukowski!