Digital Brainstorming
Siendo humilde he decidido cambiar el punto de vista a la hora de ordenar mis ideas acerca de cómo estructurar el “Yo digital”. En lugar de pensar cómo nos cambiaría el hecho de poder vivir en un entorno digital, porqué no pensar en las cosas que me he perdido al haber nacido AI (Antes de internet). Para bien y para mal. Esto va muy rápido, y aunque estas reflexiones se podrán hacer en cualquier época, el hecho tener la facilidad para vivir en red; comunicarnos, aprender, ligar, guardar nuestra memoria compartida, etc… creo que nos ha supuesto, como especie, el mayor reto a la hora de percibir la realidad, y por ello nos va a obligar a mutar o al menos a adaptar nuestros esquemas mentales y sociales como nunca habíamos hecho hasta ahora. En fin voy a poner unos ejemplos a modo de brainstorming con la esperanza de que me ayudéis con vuestras sugerencias dejando algún comentario.
MEMORIA
Todo está en la red. En tiempos todo estaba en los libros.
- Antes había que saber buscar en una biblioteca, o fiarte de los libros de texto que habían elegido para ti. Ahora hay que saber usar un buscador y fiarte de los resultados que te da. (Quién se fía de Baidu.com, y de google.com)

- El olvido. Todo lo que he olvidado y todo lo que he distorsionado (para mi bien: me recuerdo como quiero recordarme por ejemplo). Sin embargo todo lo que hemos publicado en la red no lo cambia ni el photoshop.
RELACIONES
Siempre on-line. No me acabo de acostumbrar a estar conectado con tod@s a la vez, en todo momento. Todo lo que está en la red perdura para siempre, y las relaciones son más difíciles de perder.
- No sólo no habría perdido el contacto con mis colegas del cole, lo que lamento,
- Sino que seguiría sabiendo de mis ex novias, y ellas de mí, lo cual puede ser una ventaja.

Según el número mágico de Robert Dunbar, 150 es el número medio de relaciones para las que estamos programados. Es el número más común en sociedades tribales, u organigramas empresariales. Pero aunque en cada momento pueda tener presente más o menos a una comunidad de 150 individuos, seguro que me podría retrotraer a momentos pasados y a sus comunidades.
EDUCACION.
Todo está en pixeles. Todo se lee en una pantalla, o se puede simular en ella. Es ya el principal vehículo de aprendizaje. Sobre todo de autoaprendizaje. AI, (Antes de internet) probablemente fuesen las clases presenciales, el estudio personal sobre los libros y si te relajabas el cine o la TV. (La historia en este caso siempre era lo que decía Hollywood) pero ahora se aprende teniendo la red a tu lado.
- No sé si con los pixeles hubiese sido más o menos miope que con los libros pero
- Seguro que dibujaría peor que lo hago ahora
- Mi redacción y forma de contar las cosas sería totalmente diferente. (Mejor?, peor?, al menos distinta)
- Mi forma de componer imágenes y plantear problemas en una pantalla es mucho más limitada que la de los actuales nativos digitales. (Véase este blog)
- Claro que puede que te distraigas más.
- ¿Einstein habría sido capaz de elaborar la teoría de la relatividad o se habría enredado programando en Java?
Concluyendo que me enrollo, os animo a que comentéis diferencias y tendencias que probablemente marquen el futuro. Por mi parte intuyo que sería más analítico y menos emocional de lo que lo soy ahora de haber nacido DI (Después de Internet), hay algún nativo digital que me lo rebata? Y a modo de broma de geekaresexy.







Donde tenemos nuestra memoria en esta era digital y de redes sociales. Los números de teléfono en el móvil, las rutas en el GPS, y la cultura … ¿en Wikipedia. ?? Lo cierto es que la labor de memorizar esta pasada de moda. ¿O siempre lo estuvo?
En 1948 Donal Hebb realizó hipótesis relativas al refuerzo de estas conexiones mientras se formaban marcas mnésicas cerebrales. Estudios en Berkeley en los años sesenta demostraron que la exposición en un medio rico de estimulos daba lugar a un aumento de peso y del espesor de la corteza cerebral.

Además, las noticias vienen de donde vienen las noticias: ni más ni menos que San Francisco, California, ni más ni menos que la
elantado (léase con tanto aire irónico como quiera cada uno: ¿en qué terreno no se ha adelantado Microsoft al signo de los tiempos, últimamente?). Su flamante jefe de software, Ray Ozzie, había marcado ya el rumbo de una decidida apuesta por la red y por la integración de tecnologías. 
informes del trabajo, las invitaciones del cumpleaños del niño, los historiales médicos, los datos de Hacienda, las cuentas del banco, los libros que estamos leyendo, la guía con la que estamos preparando el viaje que haremos en verano, las canciones, incluso la balada de “Revolver” en que Paul McCartney intentaba cantar a lo Marianne Faithfull… Bien. Ésa es –qué duda cabe– parte de la intuición original que animó la idea del Yo Digital. Si Microsoft ha decidido traerla, pronto estará aquí.
Sobre Live Mesh, por otra parte –como sobre Windows– podrían funcionar aplicaciones de todo tipo, tuvieran o no la firma de Microsoft. La estrategia –
Lo importante es que la sincronización de información que se nos propone sigue siendo eso: sincronización de información, fusión de carpetas –carpetas, no nos dejemos engañar por la metáfora: los viejos directorios. Pero nada se atisba en Live Mesh de la idea de integración psicológica de esa información, de la capacidad que hemos tratado de otorgar al Yo Digital de dar sentido a ese maremágnum de datos, de darle la forma misma de nuestra vida. Lo hemos reiterado una y otra vez, con múltiples ejemplos: querríamos encontrar de pronto aquella canción de los Beatles -¿o era de McCartney en solitario?– que escuchábamos tanto durante el viaje por Gales, un verano -¿qué año sería?– y que aún nos provoca una agradable melancolía, acaso de un particular matiz azulado… pero quién sabe en qué carpeta estará. Queremos, sí, poder buscarla en cualquier parte, aunque no estemos en casa. Pero también poder buscarla como si estuviéramos en casa: tal como buscamos las cosas en los laberintos de nuestra propia memoria.
Más: ni rastro parece haber en Live Mesh, tampoco, de las herramientas de gestión de identidades y redes sociales que forman parte del corazón del Yo Digital. Pero ya sabemos que quien busca tal o cual documento bien puede ser la esmerada profesional, la alocada noctámbula, la madre abnegada, la princesa élfica…, que casi todo cambia –sólo casi todo– según el caso, y que querríamos que la tecnología se hiciera eco de estos cambios en lugar de obligarnos a mostrar siempre ante ella una misma cara de nosotros mismos: el sufrido, resignado usuario.
Vendo el Yo Digital, o al menos lo intento. Es una experiencia tan enriquecedora como frustrante. No hay gloria sin esfuerzo. Aunque todos sabemos que el esfuerzo no lleva a la gloria.


inmensidad de la lluvia. Esta es:
Tan solo unos días en la eternidad.



tudio de


Parece que no somos los únicos en barruntar que la digitalización del yo cambiará no sólo nuestra forma de vivir, sino también nuestra forma de morir. El proyecto

Pero la hipermnesia que encierra para la vida la digitalización del yo impregnaría así también la muerte. Recordando la atormentada condición de Funes el Memorioso, el “vaciadero de basuras” de su memoria, nos hemos preguntado si nos será grata esa proliferación de recuerdos, si querremos hacerlos nuestros o más bien desearemos que nuestras prótesis digitales nos ayuden también, a veces, a olvidar, a desprendernos, como en las hogueras de la noche de San Juan, de lo que ya no deseamos en nuestra vida. ¿Era en verdad un don la memoria total cuyo secreto buscaban Raimundo Lulio, Giordano Bruno, Giulio Camilo o el propio Leibniz, o era una maldición? La misma pregunta –claro- vale para esa vida después de la muerte que ya los héroes homéricos
anhelaban: la pervivencia del recuerdo, que no era para ellos sino la gloria –el único modo de salvar la penosa inmortalidad de las almas en el reino de Hades, desprovistas de todo recuerdo o pasión. La misma pregunta: lo deseamos porque nos falta, pero, si de verdad pudiéramos tenerlo, ¿seguiríamos deseándolo? ¿Querríamos de todo corazón que nuestros seres queridos no nos olvidaran? Al fin y al cabo, ya decía el propio Borges que 


Hace unas semanas asistí a una proyección de Blade Runner: The final cut, la última revisión del director con motivo del cuarto de siglo desde su estreno, en pantalla gigante, sesión nocturna y versión original. Quizá en parte por el entorno, pero sin duda por la predisposición psicológica que ha generado el proyecto del Yo Digital en todo el equipo, esta vez reparé en unas cuantas ideas que no había analizado la primera vez que ví la película y que, aún a riesgo de convertirme en SPOILER para futuras generaciones de espectadores, me voy a permitir el lujo de exponer… Porque a pesar de haber sido rodada en 1982, la filosofía de Blade Runner enlaza directamente con dos de los elementos que hemos empleado en el proyecto Yo Digital para caracterizar la identidad humana: las emociones y la memoria.
¿Quién no conoce el monólogo final de Roy Batty -Rutger Hauer- cuando, después de salvar la vida al maltrecho Blade Runner que le persigue para "retirarlo", hace un recuento de todas sus vivencias como esclavo en las colonias exteriores? Porque él ha visto atacar naves en llamas más allá de Orión, y rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser…
memoria (Taurus: 1974, Siruela: 2005) la filosofía manejaba los conceptos, y la mnemotecnia utilizaba las imágenes mentales -y las emociones que evocaban- para potenciar la memoria, facilitar la inteligencia y el desarrollo de la personalidad.
parte de la retórica y de su enseñanza, en el renacimiento desembocó, de nuevo, un viejo brío ocultista de la tradición hermética. De aquello, la obra, vida y figura de Giordano Bruno -torturado y asesinado por las autoridades eclesiásticas católicas- representa el mejor exponente (cfr. F.A. Yates: Giordano Bruno y la Tradición Hermética).


