Digitalmente ‘BORGEANOS’

SEGUIMOS  BORGEANOS   y   ahora, trascendentales.   Hay otra imagen semejante al extravío de una lágrima en la intelecto.jpginteligencia.jpginmensidad de la lluvia.   Esta es:  lo  efímero  de  la  flor  del  almendro.   Cada conjunto de nuestros recuerdos, de cada mente;  no es más que una flor de un almendro. fotobjaguar.jpg Tan solo unos días en la eternidad.  Esta segunda imagen, sin embargo, muestra una lectura trascendente.  A cada mente le sucede otra y a ésta otra…  Así, desde que comenzó la hominización hace cuatro millones de años, o, acaso,  desde que comenzara la primatización, o desde que comenzara la vida…, o, …
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-¿ De  verdad  se  pierden  los  recuerdos  que  no  se  digitalizan ?     O  permanecen  como  posibilidad  para  las  siguientes  mentes,  para  las siguientes  centurias,  milenios,  eras  y  civilizaciones.    Los  recuerdos  y  los  contenidos  mentales  que  no  se  comunican,  como  las  palabras  que  nunca son  dichas.    ¿ Dónde  están ?
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¿Dónde está ese espacio, ese plano de  lo  posible ?   De lo que puede o pudo ser  pero todavía, ahora, no es.  Para el positivismo  solo cuenta lo real,  medible y cuantificable.  Las visiones positivistas igualan realidad a presente,  y  determinación pensado.jpg a  Historia.  Sin embargo, para  la  crítica al positivismo y para  el  post-historicismo:   lo posible  no se confunde con lo imposible   y  lo real puede extenderse hasta incluir lo posible.  Las interpretaciones ontológicas de la mecánica cuántica, en la física, han acotado, como nunca antes,  este espacio de realidades posibles sincrónicas con la nuestra.  ¿Pero cuál es  nuestra realidad?
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Esto la psicología lo llama:  pensar;  la capacidad para valorar alternativas de realidad, refutando las imposibles y explorando las posibles;  esto es la manipulación de Modelos Mentales.   En filosofía está cuestión desemboca en el esinteligencia2.jpgpensamiento.jpgtudio de   la  modalidad,  los modos de ser,  la lógica modal, y la valoración de los discursos sobre lo posible.
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BORGEANOS  SEGUIMOS:  cualquier memoria que una mente albergó, alguna vez, podrá, y  volverá  a, ser albergada en otros tiempos futuros y pasados, por otras mentes diferentes, pero en esencia la misma  MENTE.   Aristóteles denominó a esa mente, la eterna, y eternamente la misma:  nous  poietikós.    Esto es,  la  MENTE  GENERADORA,   la inteligencia y espíritu activo y generador;  intelecto agente para los escolásticos.
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La  capacidad  mental  del  hombre.    Donde  un  hombre  es  todos  los  hombres  como    El__Inmortal    Homero  de   J.L. Borges.  n053p05.jpg  La flor del almendro, que se sucede pero es eterna,  se desplaza en el tiempo como una hormiga, pero nunca cesa su desplazamiento. Acaso se desplaza no solo en el tiempo sino también por diferentes planos modales,  por  ALTER_nativas  de  realidad, sincrónicas con la nuestra.
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Todo  lo  que  no  sea    V A C I A D O    en  un   Yo Digital,  restará  aún  para  que  sea  rehecho,  redicho,  repensado, por otros  Yoes  futuros,  sí,  pero  también  pasados,  y  también  otros  Yoes  sincrónicos  con  los  que  ya,  en  este  ahora,   existimos  y  somos.
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ALTER_nativas,    en  otros  presentes,   a  nuestros  Yoes  e  identidades  digitales   y  naturales.

SONRISA digital.

S O N R I S A digital: retrato digital de emociones .
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Si una identidad digital puede devolverme sentimientos y emociones recordadas; experimentadas en momentos previos aunque yo no las tenga conscientes ahora… Incluso la identidad digital de otros puede arrojarme sentimientos registrados por otras personas (aunque sean nuestros más íntimos y allegados seres queridos)…

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… …Esto de las identidades digitales, por la propia definición de sentimiento, empieza a cobrar interés pero puede que también tenga sus riesgos.
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LAS EMOCIONES podrán ser consideradas agradables o desagradables.
¿ Querremos hacernos cargo de las emociones desagradables -propias o ajenas- ?, ¿y con las emociones INTENSAS; aún las agradables estarán aconsejadas para todos los usuarios y fisgones de las identidades digitales..?

… … …

¿ Qué haremos con los sentimientos que NO nos gustan, o con los que nos ALTERan, nos arrastran con pasiones corporales (aunque nos agraden) ?
… … …

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¿Cómo afrontaremos (y quién nos enseñará a hacerlo) los sentimientos y los recuerdos “veraces” que nos confunden o con los que nos desagradan (los propios y los ajenos) ?
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Las ventiscas de 1978, la Guerra Fría y el alcance de la digitalización del yo

 

En torno a un experimento imagDaniel Dennettinario de D.C. Dennett (I) 

 

Era difícil imaginar en 1978 que las tecnologías de almacenamiento, manipulación y transmisión de información hubieran de registrar un desarrollo tan fulgurante que unas pocas décadas bastaran para que cobrase sentido hablar de una incipiente digitalización del yo, cuyo alcance, aún hoy, nos cuesta calibrar.

         

cbbs.jpgEl temporal de viento y nieve que azotó aquel invierno la ciudad de Chicago sirvió para que Ward Christensen y Randy Suess crearan el primer Bulletin Board System, un ingenio que, merced a un protocolo de transmisión de datos binarios a través de modem creado por el propio Christensen, permitía a múltiples usuarios intercambiar mensajes -también software, o imágenes- a través de una línea telefónica. Pero acontecimientos sin duda más pasmosos atrapaban entonces la imaginación y el miedo de la ciudadanía. Pocos días después del temporal, un satélite soviético de exploración oceánica, Cosmos 954, regresaba a la atmósfera terrestre sin haber logrado desprenderse del reactor nuclear que albergaba, y se estrellaba contra nuestro planeta en algún lugar de los Territorios del Noroeste, en Canadá. En Washington, ya en primavera, el presidente Jimmy Carter anuncia que los Estados Unidos postergarán la producción de la bomba de neutrones. Sin atomic-blast.jpgembargo, la política de reducción de la tensión que el entonces Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Leónidas Brezhnev, llevaba impulsando desde mediados los años 60 -la détente- daba ya sus últimas bocanadas. Chile, Angola, Afganistán, Irán, Nicaragua: los continuos fogonazos entre las potencias anunciaban un nuevo recrudecimiento de la Guerra Fría. En las elecciones presidenciales del 4 de noviembre de 1980, Ronald Reagan se haría con el voto de 44 de los 51 estados.  Poco después, el recién elegido presidente proclamaría la puesta en marcha de su Iniciativa de Defensa Estratégica -más conocida como “Guerra de las Galaxias”. El acuerdo de no proliferación de armas nucleares estratégicas que Carter y Brezhnev habían alcanzado en Viena en 1979 nunca llegaría a ser ratificado.

          Daniel Dennett, entonces un joven filósofo formado en Harvard y Oxford, publicó en 1978 un atrevido ensayo en el que relataba cómo había sido captado por “unos agentes del Pentágono, que me pidieron que me prestara voluntario para una misión altamente secreta y altamente peligrosa. […E]l Departamento de Defensa estaba invirtiendo miles de millones de dólares en el desarrollo de un Sistema Supersónico de Tunelación Subterránea, o SSTS. Estaba diseñado para penetrar a toda velocidad a través del centro de la Tierra hasta depositar una cabeza nuclear ‘directamente bajo los silos de los misiles comunistas’, en palabras de uno de los jefazos del Pentágono.” Todo era una farsa, claro, pero las aventuras y desventuras inventadas por Dennett anticipaban la idea de la digitalización del yo probablemente mucho más allá de lo que Christensen y Suess hubieran podido imaginar.

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          La cuestión es que la participación de Dennett en la misión exigía una decisión heroica: debía desprenderse de su propio cerebro –lo que el Cosmos 954 no había podido hacer con su reactor nuclear. Para evitar daños neurológicos debidos a las radiaciones que la cabeza nuclear provocaba en las profundidades de la Tierra, el cerebro de Dennett sería extirpado, y “se guardaría en un lugar seguro desde el que podría ejecutar sus funciones de control normales a través de elaboradas conexiones de radio. […] Cada vía nerviosa aferente y eferente, según fuese seccionada, quedaría reemplazada por un par de transductores de radio microminiaturizados, uno conectado con toda precisión al cerebro y el otro a los muñones nerviosos de mi cráneo vacío.

 

brain-in-a-jar.jpg           La cirujía -contaba Dennett- se había desarrollado, sin la menor desviación respecto a lo planificado, en el Centro de Aeronáutica Espacial Tripulada de Houston, Texas.  Mientras su cerebro flotaba en una cubeta que sostenía artificialmente sus funciones vitales, el cuerpo de Dennett sería trasladado a un emplazamiento secreto cerca de Tulsa, Oklahoma, desde el cual se adentraría en el ciclópeo túnel. Una vez allí abajo, justo cuando “me acababa de poner a trabajar con el soplete […] de repente sucedió algo terrible. Me quedé sordo como una tapia. Al principio creí que se me habían roto los auriculares de la radio, pero al dar unos golpecitos sobre el casco, no oí nada. Al parecer, los transductores auditivos se habían ido al garete. Ya ni oía a Houston ni me oía a mí mismo, pero podía hablar, así que empecé a contarles lo que había pasado. A mitad de frase, me di cuenta de que algo más andaba mal. Mi aparato fonador se había quedado paralizado. En ese momento se me durmió la mano derecha –otro transductor menos. Realmente me había metido en un lío. Pero lo peor aún estaba por llegar. Al cabo de unos minutos, me quedé ciego. Maldije mi suerte y maldije a los científicos por ponerme en semejante peligro. Ahí estaba: sordo, mudo y ciego, en un agujero radiactivo a más de una milla de profundidad debajo de Tulsa. Entonces falló la última de mis conexiones de radio cerebrales, y de pronto me encontré con un problema aún más pasmoso: hacía sólo un instante estaba enterrado vivo en Oklahoma, y ahora estaba en Houston, desencarnado. No reconocí mi nuevo estatus inmediatamente. Me llevó varios minutos de ansiedad hasta que caí en la cuenta de que mi pobre cuerpo estaba a varios cientos de millas de mí, con el corazón latiendo y los pulmones respirando, pero por lo demás tan muerto como el cuerpo de cualquier donante de corazón, y con el cráneo lleno de chatarra electrónica totalmente inútil.

          Desde que despertara de la anestesia, la intervención quirúrgica había suscitado en la mentalidad filosófica de Dennett múltiples inquietudes, que al fin y al cabo de condensaban en una inocente pregunta -la que tanta gente hace al recuperarse de una anestesia general, o de una pérdida de consciencia por otras causas: ¿dónde estoy? Pero la respuesta, en su caso, era más espinosa de lo habitual, dado que su cuerpo estaba en un lugar y su cerebro en otro.

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          En marzo de aquel año, el Soyuz 28 había completado con éxito su misión en el programa Intercosmos, acoplándose a la estación orbital Salyut 6. Uno de los cosmonautas  que regresaban a la Tierra con Soyuz 28, Yuri Romanenko, padecería terribles dolores de muelas durante buena parte del trayecto, que sólo pudo aliviar con agua caliente –y con los mensajes patrióticos y revolucionarios del camarada Brezhnev. Los desastrosos sucesos del túnel de Tulsa eran, qué duda cabe, mucho más graves que un dolor de muelas, pero  al menos servían para  aclarar algunas de preocupaciones filosóficas respecto a la localización del yo.

          Desencarnado, Dennett recuerda que su “[…] estado de ánimo era caótico. Por un lado, estaba muy excitado con mi descubrimiento filosófico y me estaba devanando los sesos (una de esas pocas cosas de toda la vida que aún podía hacer) intentando averiguar cómo comunicarlo a las revistas especializadas; por otro lado, estaba amargado, solo, y abrumado por la incertidumbre y el miedo. Por supuesto, esto no duró mucho, ya que mi equipo de mantenimiento me sedó y me dejó en un sueño sin sueños […]”. Despertaría un tiempo después para descubrir que los científicos del programa habían logrado conectarle a un nuevo cuerpo, sobre cuyo origen prudentemente prefirió no indagar. No en vano, un afamado novelista y divulgador científico, David Rorvik, acababa de publicar In His Image: the Cloning of a Man, un libro en que relataba su participación en un proyecto de clonación de un ser humano adulto -un magnate al que se daba el nombre de Max. El programa, según Rorvik, había culminado con éxito, aunque no podía aportar pruebas de ello. El 3 de marzo de 1978, el libro de Rorvik era portada del New York Post. Sea como sea, el hecho de que siguiera reconociéndose como Daniel Dennett, pese a que todo su cuerpo -salvo el cerebro- hubiera sido reemplazado por otro, fortalecía su convicción de que el cerebro es la sede del yo.

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          Pero el reencuentro corporal con su cerebro -la visita a la sala que albergaba la cubeta donde reposaba su cerebro- le reservaba nuevos motivos de estupor. En su primera llegada a esa sala, después de la operación inicial, Dennett había tenido oportunidad de combatir su propia incredulidad desconectando el interruptor del sistema de mantenimiento vital de su cerebro – un venerable gesto filosófico, emparentado con la serenidad con que Sócrates bebiera la cicuta. Naturalmente, eso había provocado su inmediato desmayo, pero los médicos sólo tuvieron que volver a conectar el dispositivo para reanimarlo.  En su segundo encuentro con su propio cerebro, Dennett había reiterado el mismo gesto, pero esta vez, para su desconcertada preocupación, no sucedió nada, ni siquiera un leve mareo. Ante sus protestas, el director del proyecto trató de tranquilizarlo: “Al parecer, antes incluso de la primera operación, habían construido un duplicado computacional de mi cerebro, reproduciendo por completo tanto su estructura de procesamiento de información como su velocidad computacional en una súper-computadora. Tras la operación, pero antes de atreverse a enviarme a mi misión en Oklahoma, habían tenido al programa y a [mi cerebro] funcionando en paralelo. Las señales que llegaban de [mi cuerpo] se enviaban simultáneamente a los transductores de [mi cerebro] y al sistema de input de la computadora. Y los outputs de [mi cerebro] no sólo se reenviaban a mi cuerpo […]; se grababan y se contrastaban con las señales que simultáneamente emitía el programa informático, el cual, por razones oscuras para mí, se llamaba Hubert. Durante días, durante semanas, los outputs eran idénticos y sincrónicos, lo cual desde luego no demostraba que hubieran conseguido copiar la estructura funcional del cerebro, pero suponía un apoyo empírico muy alentador.” Hubert Dreyfus, un filósofo de la Universidad de California en Berkeley que, como estudiante, había coincidido en Harvard con Dennett, había publicado en 1972 una durísima crítica de los trabajos de los pioneros de la Inteligencia Artificial y de sus presupuestos teóricos.

          El caso es que ya no era el cerebro de Dennett quien controlaba su nuevo cuerpo, sino su simulación digital. La sincronía entre ambos era tan perfecta que el propio Dennett podía, a su antojo, alternar entre el control biológico y el computacional de sí mismo con tan sólo pulsar un botón. La transición era suave como la seda: podía incluso producirse a mitad de una frase particularmente ingeniosa, y el cerebro o su réplica digital, según el caso, la completarían sin titubear. Dennett tenía, en el más pleno sentido de la expresión, un yo digital.

          Las oportunidades que ofrecía su nueva circunstancia eran casi inabarcables: “¿Acaso no había muchas cosas que me apetecía hacer, pero que, al ser sólo una persona, no había podido hacer? Ahora, un Dennett podría quedarse en casa y ser el buen profesor, padre y esposo, mientras el otro podría lanzarse a una vida de viajes y aventuras –añorando a la familia, claro, pero feliz por saber que el otro Dennett mantenía vivo el hogar. Podía ser fiel y adúltero al mismo tiempo. Incluso podía ponerme los cuernos a mí mismo –por no hablar de otras lujuriosas posibilidades que mis colegas estaban encantados de imponer a mi sobrecargada imaginación.

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          El signo de los días que había vivido desde que aquellos agentes del Pentágono se pusieran en contacto con él, sin embargo, habían hecho mella en el ánimo de Dennett, y le preocupaban más otras cuestiones. “El aspecto realmente inquietante de esta nueva situación era la perspectiva, que no tardé en advertir, de que alguien desconectara el repuesto […] y lo conectara a otro cuerpo […]. Entonces (si no antes) habría dos personas, eso estaba claro. Uno sería yo, y el otro sería una especie de súper-gemelo mío. Si hubiera dos cuerpos, uno controlado por [la simulación digital de mi cerebro] y el otro por [mi cerebro], ¿a cuál de los dos reconocería la sociedad como el verdadero Dennett? Y más allá de lo que la gente decidiera, ¿cuál de los dos sería realmente yo? ¿El que tuviera el cerebro [biológico], en virtud de su prioridad causal y su antigua intimidad con […] el cuerpo original de Dennett? Esa opción parecía demasiado legalista […] como para resultar convincente en un plano metafísico. La perspectiva de que existieran dos Dennetts [...]me parecía aberrante, sobre todo por motivos sociales. No quería ser mi propio rival por el cariño de mi esposa, ni tampoco me atraía la idea de tener que compartir mi modesto sueldo de profesor con otro Dennett. Todavía resultaba más vertiginosa y más desagradable, con todo, la noción de saber tanto sobre esa otra persona, a la par que ella sabía lo mismo sobre mí. ¿Cómo podríamos mirarnos a la cara?

Referencias:

Dennett, D.C. 1978. “Where Am I?”, en D. Dennett, 1978. Brainstorms: Philosophical Essays on Mind and Psychology. Cambridge, MA.: MIT Press / Bradford Books.

Dreyfus, H.L. 1972. What Computers Can’t Do. Nueva York: Harper&Row. Segunda edición revisada: 1979. Nueva York: Harper & Row. Tercera edición revisada: 1992. What Computers Still Can’t Do. Cambridge, MA.: MIT Press.

Rorvik, D.M. 1978. In His Image: the Cloning of a Man. Nueva York: Pocket Books. Traducción castellana de H. González Trejo: A su imagen. El niño clónico. Barcelona: Mundo Actual, 1979.  

Mujeres en la red

MUJERES EN LA RED

Autora: Marisa Soleto (Directora de la Fundación Mujeres)

Si se puede ser todo no se es nada a priori. En una espléndida noche de verano madrileña mantuvimos durante la cena una conversación en torno a las ventajas que para una mujer tiene un entorno interactivo en el cual puede despojarse de su identidad de género (aquélla que nos hace, entre otras cosas, incompetentes ante los planos e invisibles a los cincuenta). Le pedí que redactara su análisis con el objetivo de iniciar en nuestro blog la reflexión en torno a las posibilidades que abre para las mujeres y para otros colectivos el debilitamiento en la red de los marcos identitarios.

¿Cómo se comporta un hombre que mantiene una identidad femenina en la red? ¿Cuáles son sus referentes para definir el comportamiento adecuado a la identidad que desea mantener en este momento? ¿Y al revés? ¿Cómo se comporta una mujer que finge ser un hombre en sus relaciones virtuales? ¿Tiene el género algo que ver incluso con la suplantación de la identidad del sexo contrario? Pero además de estas preguntas hay una que me parece más útil ¿por qué y para qué se hace? ¿Qué ventajas representa suplantar al sexo contrario?

La historia y la creación literaria y cinematográfica, nos ofrecen ejemplos de mujeres que para ser ellas mismas tuvieron que presentarse como hombres. Seudónimos masculinos de autoras, cortes de pelo, vendado de tórax, incluso en algunos casos un matrimonio conveniente con un científico mediocre, han sido instrumentos de ayuda para poder escribir, estudiar, investigar, guerrear, en definitiva, para estar en espacios que estaban vedados a la presencia y participación de mujeres.

¿Todas estas mujeres tenían un problema de identidad sexual? Yo creo que no. Es cierto que las cosas han cambiado, que vivimos en otro tiempo, que sobre el papel los derechos y el acceso a diferentes ámbitos se ha equilibrado para mujeres y hombres, pero quedan muchos creencias y valores residuales de otros tiempos que determinan comportamientos sociales de mujeres y de hombres.senalmujertrabajando.JPG

En relación con las nuevas tecnologías, por ejemplo, el trabajo de Cecilia Castaño[1], muestra diferencias significativas en el uso y percepción de la utilidad de la tecnología entre mujeres y hombres, incluso entre los grupos de edad más joven, donde podríamos suponer que las cosas están cambiando. Con estas diferencias de partida, resulta lógico pensar que el género (por cierto, concepto virtual donde lo haya), pueda tener más de una implicación en la interacción social que se produce a través de las nuevas tecnologías. Las implicaciones se extenderán, además, a la forma de acceder, usar y aprovechar cualquier novedad en este sentido.

Las diferencias que se producen entre mujeres y hombres en el uso de la tecnología, derivadas en muchos casos del mandato cultural del género y, por lo tanto, con lo definido socialmente como correcto para lo femenino y lo masculino, han de ser tenidas en cuenta en el diseño de nuevos avances. Resulta imprescindible si se desea que el resultado, es decir, el uso, aprovechamiento y percepción de utilidad, reporte un beneficio equivalente, sea cual sea el sexo de las personas, en este caso. Historia a parte es determinar si estamos en presencia de cuestiones relativas a la identidad o, en realidad, son cuestiones relacionadas con los estereotipos que definen y encorsetan los comportamientos sociales que consideramos adecuados y que nos impiden tener lo que realmente queremos.marchamujer051.jpg

Volviendo al principio, cuando suplantamos la identidad del otro sexo ¿no será que estamos buscando algo que se nos niega socialmente desde lo que somos?

(1) Catedrática de Economía Aplicada (UCM) y autora de Las mujeres y las tecnologías de la información.Alianza Editorial.


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*Jared LETO -Another Human Chameleon-

*Jared LETO -Another Human Chameleon-
ALTERaciones, ficciones y de_generación.
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¿Quién podría decir, mirando las imágenes arriba y abajo, que TODAS ellas son del mismo y sexy -actor y cantante estadounidense- Jared LETO?

 

El actor y cantante estadounidense Jared Leto, 1971, ha mostrado en diferentes ocasiones su capacidad camaleónica. Donde reside el amor (1995) de J. Moorhouse, Secuestro (1997) de Jeb Stuart, Leyenda urbana (1998) de Jamie Blanks, La delgada línea roja (1998) –T.Malick- o El club de la lucha (1999) o La habitación del pánico (2002), estas dos, ambas, de D.Fincher. Su interpretación más destacada, hasta 2007, está en la muy celebrada e impresionante Réquiem por un sueño (2000) del igualmente impresionante Darren Aronofsky. También en El señor de la guerra (2005) de A.Niccol, y Mr.Nobody (2007) _Jacob van Dormael_. Otra de sus interpretaciones señaladas fue su papel de Hefestión en Alejandro Magno (2004) de Oliver Stone.

La transformación más extrema, llevada a cabo por el camaleón Leto, quizá esté en Chapter 27 (2007) de J.P. Schaefer. Esta película versa sobre los días previos al asesinato de Lennon en diciembre de 1980, interpretando al asesino M.D.Chapman; mostrando una notable y más que lograda obesidad.

“…El fotografo Terry Richardson, ha retratado a Leto para la revista 'Purple Magazine' en ambos momentos. Las fotos tienen 6 meses de diferencia. Las de un Leto obeso se tomaron cuando el rodaje estaba en marcha, y las de Leto visiblemente delgado, una vez que este ya había finalizado y según el actor, ya había conseguido volver a su 'sexy old self', algo así como a su "antigua imagen sexy", en una apariencia física que los de la pasarela Cibeles no permitirían. Estas transformaciones son carne de premios, sobre todo de Oscars, que siempre han demostrado su predilección por aquellos actores o actrices que se entregan físicamente a sus papeles o que son propensos a cambiar su imagen. Ese es el caso de De Niro en "Toro Salvaje", Charlize Theron en "Monster" o Nicole Kidman en "Las Horas", por citar solo unos ejemplos. La entrega de Leto a este papel dará que hablar y si compenetra ese esfuerzo físico con una buena interpretación, podemos encontrarnos ante uno de los papeles del año."Chapter 27" ha sido presentada en el pasado festival de cine de Sundance y todavia no cuenta con fecha de estreno comercial…” (e7cielo.blogspot.com, 2007).

*Por citar a dos actores españoles igualmente camaleónicos he elegido a Fele Martínez, y Jordi Moyá…

Fuentes:

.http://e7cielo.blogspot.com/2007/03/la-transformacion-de-jared-leto.html

.Wikipedia

y .Purple Magazine

 

Emociones en la red

- ¿Qué tal la peli?

- Maravillosa, ¡lo que lloramos!

No hay más que echar una ojeada a la cartelera para constatar que las películas en las que se sufre mucho son las que más éxito tienen. ¿Por qué nos parece maravillosa una pelicula que nos ha hecho llorar?. Porque en el cine las emociones no se experimentan de la misma forma que en la vida. La ficción puede producir un efecto de inversión en el marcaje emocional. Acontecimientos intensamente desagradables son marcados positivamente por el sujeto.

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BABEL

EEUU, 2006,Dir. A.G. Iñárritu

DRAMA: En Marruecos, un juego infantil provoca una cadena de dramáticos acontecimientos que conectan las vidas de una pareja norteamericana, dos chicos marroquíes, una niñera mexicana y una adolescente japonesa. Un cañonazo de cine mexicano: la traumática experiencia de una mujer occidental herida esperando atención médica en una desolada aldea marroquí, la desesperación de una mujer mexicana perdida en el desierto con los niños a los que cuida y la dureza del mundo que sobrepasa a una adolescente sordomuda.

IDEAL YELMO CINEPLEX (v.o.)

 

 

¿Qué requisitos subyacen a este efecto de inversión emocional?

- Un espacio libre de exigencias adaptativas en el que experiencias ficticias representen experiencias reales sin acarrear sus consecuencias.

- Unos sujetos que sientan curiosidad, fascinación e incluso adicción por las emociones.

¿Es posible que se produzca el efecto de inversión emocional en otros entornos?

En la red tiene cabida un espacio de ficción que puede llegar a convertirse en un laboratorio de emociones simbólicas. El anonimato preserva del contacto con el mundo real. De espectadores a actores de tantas películas como se quieran inventar y compartir. ¿Cuánto más desagradables e intensas mejor?.

Meta ALTERación digital

La cuestión de la identidad digital hereda los debates habidos en la psicología, la filosofía y las ciencias sociales. El Yo, sea lo que sea; aquello que nos hace ser Yo y no Otro; aquello que nos EGOcentra y evita que nos ALTERemos.; aquello que nos permite auto-presentarnos y ALTERnar también en la Red –también digitalmente- proponiéndonos un ALTEREGO.

Manos_EcherALTER. -¡Saludos EGO! Quiero hablar CONTIGO. Necesito –amigo- apaciguar MI mente aprendiendo de TÍ.
-EGO. –Hola ALTER ¿Qué TE ocurre? ¿y por qué piensas que YO tengo la capacidad de ayudarTE?
ALTER. –Sé que TÚ, EGO, siempre eres TÚ; firme, estable, tenaz, consecuente, previsible y coherente. YO ahora necesito ser también así.
-EGO. –Bueno, sí, no sé; también algunos se aburren COMIGO o LES parezco monótono. Hay OTROS que dicen que soy un sin-sal y un sin-gracia y MI pareja un día ME dijo que era un triste, así, como sustancia, no como atributo. ¡Ah! Y también dice que soy un EGOísta EGOcéntrico y EGÓlatra. ¿TU estás seguro de que puedo ayudarTE?
ALTER. –Veras, creo que TÚ y YO podemos ayudarnos mutuamente. Necesito algo de coherencia en MIS presentaciones y respuestas y, quizá, TU necesitas algo más de variedad y ALTERarte un poco.
-EGO. –No sé. Sí. Cuando YO era pequeño MI padre constantemente ME decía que ALTERarse era malo. Luego fui creciendo cada vez con menos ALTERaciones; ME hice más tranquilo.
ALTER. –Veras, bueno YO no pretendo que TE ALTERes, EGO, bueno, no para siempre. Solo digo que podrías ALTERnar un poco más; dejarían de considerarTE aburrido y EGOísta.
-EGO. -¿ALTERnar? ¿con quién y dónde?
ALTER. –Con OTROS; siempre se ALTERna con OTROS y es divertido y UNO se siente bien. Y dónde…; puede ser en la Red.
-EGO. -¿Qué tendría que hacer?
ALTER. –TE ayudaré encantado en cualquier caso. Además TÚ también ME puedes ayudar a MÍ.
-EGO. -¿Cómo?
ALTER. –TÚ, puedes enseñarME a mostrar más coherencia auto-referencial y a formar una visión más EGOcéntrica y unificada de MIS actividades e intereses, en el mundo y en la Red.
EGO. –Sí, pero si cuando YO era pequeño ME mostraba más ALTERado que ahora, lo que TE ocurre a TI, no será una cuestión de juventud… TU eres más joven que YO, por lo que para dejar de ALTERarte tanto, solo tienes que madurar un poco más…
ALTER. –Seguro que ocurrirá como dices, pero también es posible co-educarnos y co-reconstruirnos, aprender el UNO del OTRO.
-EGO. – ¡Pero si el OTRO eres TÚ!
ALTER. –Pues eso digo. ¿Y YO?
-EGO. –TÚ, gradualmente, tienes que ALTERarte menos. Creo que siempre quieres ser OTRO. Estás muy ocupado siendo OTRO y no logras ser TÚ. Ser OTRO –ALTERarse- lleva mucho tiempo y esfuerzo, mientras que ser TÚ, o ser UNO mismo, sale solo sin ningún esfuerzo.
ALTER. –Pero, en MI caso, hasta ahora, YO era YO siempre siendo OTRO casi como un camaleón.
-EGO. –Ya, ¿y cómo se llama ese camaleón?Ojo-Echer
ALTER. –Z e l i g -claro-
-EGO. –Claro-. Bueno, sólo tendrías que cansarTE (rendirTE) de emplear tiempo y energía y recursos personales en ser quien no eres (ser OTRO). Cuando hagas eso, repentinamente, tendrás todo ese tiempo y energía. La podrás emplear sin ningún esfuerzo para ser quien, TÚ, eres.
ALTER. –Mmmmm, entiendo que llegaría a ser quien ME haya gustado ser.
-EGO. –Sí y no. TU serás quien TE guste ser, pero solo cuando consigas que TE guste -y aceptes a- quien ya eres.
ALTER. –Mmmm, ¿Pero, tendré que dejar a las personas que conozco?
-EGO. –Puede que a algun@s pero encontrarás a otr@s conforme a como, TÚ, ya eres y TE gusta ser. También serás un pelín más EGOísta.
ALTER. -Ya sé; y, TÚ, TE divertirás y ALTERnarás más; podrás hacerlo sin ALTERarte demasiado.
-EGO. –Siempre que no soy YO me ALTERo. ¿Cómo lo haré?
ALTER. –ConstrúyeTE un ALTEREGO digital. Haz que muestre algunas características digitales de las que todavía hoy no forman parte de TI pero que TE gustarían que lo fueran. ConstrúyeTE un ALTEREGO digital de forma semejante a como ya TE construiste ese YO tuyo, EGO, al final de TU desarrollo.
-EGO. –¡Hecho! MI YO digital.
ALTER. -¡Ego!, será como TU YO, pero más YO, más cantidad de YO, en cierto sentido, mejor YO, más digital YO; ALTEREGO, fresco, dinámico, hiper-coherente cuando, TÚ, quieras, y ALTERado cuando TU quieras.