Tu vida en un grafo

Apr
04

TouchGraph de Google¿Accederemos en el futuro a ggg.yodigital.es en lugar de a www.yodigital.es? En noviembre de 2007 Tim Berners-Lee, el padre de la World Wide Web, escribió un post en el que hablaba por primera vez del Giant Global Graph (en la entrada "Giant Global Graph, by timbl" del blog La cofa se resume en qué consiste). A partir de ese momento se han sucedido las noticias acerca del salto de la WWW a la GGG. Independientemente de si dicho salto se produce o no, lo cierto es que Internet está cambiando y las relaciones y las conexiones son cada vez más importantes. En mis anteriores entradas hablaba del éxito de las redes sociales. Por otro lado, comienzan a aparecer herramientas como TouchGraph de Google, Kartoo, Grokker o TheBrain, que presentan el resultado de una búsqueda en forma de grafo o mapa, siendo esta una forma distinta de presentar y navegar por la información.

La idea del grafo va más allá de una red social. El grafo representa todas las conexiones que una persona tiene, incluye las redes sociales a las queMi Yo Social pertenece la persona pero también lugares, vídeos, fotos, documentos, compañías u organismos, etc. El grafo de nuestra vida digital cada vez se va extendiendo más a medida que Internet se va haciendo más imprescindible en nuestras vidas y tendemos a guardar nuestros recuerdos (ya sean personales, laborales o académicos) en formato digital.

En mi Yo Digital yo tengo mi grafo y puedo, por ejemplo, bucear por él para localizar las fotos que me pasó un amigo de la ceremonia de graduación en la universidad. El Yo Digital me permite localizar lo que estoy buscando a partir de mi grafo social, pero ¿qué pasa si no recuerdo qué amigo fue el que me pasó las fotos de la graduación?, por supuesto tampoco recuerdo la fecha ni en dónde las guardé. Sin embargo, sí recuerdo que fue cuando acabé la carrera, que estaba contenta, con mis compañeros de la universidad y que cuando entramos al bar al que fuimos a celebrarlo curiosamente sonaba la canción de "We are the champions" de fondo. Mi memoria funciona así. El Yo Digital me permite asociar estos aspectos (además de otros) a aquellas fotografías, para que cuando quiera recuperarlas no tenga que recordar quién hizo las fotos, en qué fecha o lugar se hicieron, dónde las guardé, etc. Es decir, mi Yo Digital es la suma de mi grafo y mi memoria.

Mi Yo Social es mío

En mi anterior entrada "Mi Yo Social, ¿es mío?" me preguntaba si toda la información que hay sobre nosotros en la Red y en particular en las redes sociales es nuestra o más bien de los sitios web que la albergan. Tim O'Reilly ya pronosticaba en su artículo sobre la Web 2.0 que en el futuro el poder residiría en los datos y, por tanto, en quien los tuviese. Ya se está viendo esa lucha de titanes en las redes sociales, que cada vez tienen más usuarios y, por tanto, másLogotipos de redes sociales información, pero todavía no saben cómo rentabilizarla. La publicidad es la posibilidad más obvia que se baraja fundamentalmente como fuente de ingresos. Sin embargo no todos los usuarios parecen estar muy por la labor de que se use su información para ofrecerles publicidad personalizada o de forma intrusiva. Por no hablar de si se están respetando las políticas de privacidad en cuanto a protección de datos personales.

Pero al margen de esa lucha de titanes se encuentra el usuario, que es el que ha creado su perfil, ha introducido su información y ha invitado a sus amigos a participar en estas redes. Y resulta que si quieres pertenecer a otras redes o te quieres cambiar de red, no te puedes llevar tu perfil, tu información y tus amigos contigo (como le pasó a Robert Scoble, famoso blogger, cuando Facebook le deshabilitó su cuenta por intentar mover su grafo social a otros sitios), y es misión imposible borrar tu cuenta. Existen iniciativas abiertas como DataPortability.org cuyo objetivo es permitir que un usuario pueda llevarse su información a donde quiera, evitando tener que volver a teclear o configurar una y otra vez su perfil o perfiles y teniendo que cargar una y otra vez su información. Esto es lo que Logotipo de DataPortabilityintenta representar la maleta que aparece en el logotipo de DataPortability, que es la iniciativa en este ámbito que parece tener más probabilidades de triunfar. Se espera que para el verano exista ya una primera versión y los gigantes de Internet y las redes sociales parece que han dicho que lo van a aceptar (habrá que ver la interpretación que hacen de la iniciativa y en qué términos permiten las migraciones de datos).

¿Y si a una iniciativa como DataPortability se le une el Yo Digital? Al fin y al cabo ambas parten de la misma premisa, que el usuario es el dueño de sus datos y su información, y, por tanto, van allá donde vaya. El Yo Digital proporcionaría al usuario una forma de encontrar la información o la persona que necesita en cada momento y gestionar sus personalidades en red (que no es lo mismo que perfiles) dentro de ese inmenso océano en que se está convirtiendo nuestra vida digital, en la medida en que Internet forma cada vez más parte de nuestras vidas y que almacenamos nuestros recuerdos en formato digital.

Digitalmente ‘BORGEANOS’

Dec
21
Posted in General. Yo digital beta 1.0, Gente virtual, Mi vida en la red
by Javier Gómez Morales
SEGUIMOS  BORGEANOS   y   ahora, trascendentales.   Hay otra imagen semejante al extravío de una lágrima en la intelecto.jpginteligencia.jpginmensidad de la lluvia.   Esta es:  lo  efímero  de  la  flor  del  almendro.   Cada conjunto de nuestros recuerdos, de cada mente;  no es más que una flor de un almendro. fotobjaguar.jpg Tan solo unos días en la eternidad.  Esta segunda imagen, sin embargo, muestra una lectura trascendente.  A cada mente le sucede otra y a ésta otra…  Así, desde que comenzó la hominización hace cuatro millones de años, o, acaso,  desde que comenzara la primatización, o desde que comenzara la vida…, o, …
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-¿ De  verdad  se  pierden  los  recuerdos  que  no  se  digitalizan ?     O  permanecen  como  posibilidad  para  las  siguientes  mentes,  para  las siguientes  centurias,  milenios,  eras  y  civilizaciones.    Los  recuerdos  y  los  contenidos  mentales  que  no  se  comunican,  como  las  palabras  que  nunca son  dichas.    ¿ Dónde  están ?
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¿Dónde está ese espacio, ese plano de  lo  posible ?   De lo que puede o pudo ser  pero todavía, ahora, no es.  Para el positivismo  solo cuenta lo real,  medible y cuantificable.  Las visiones positivistas igualan realidad a presente,  y  determinación pensado.jpg a  Historia.  Sin embargo, para  la  crítica al positivismo y para  el  post-historicismo:   lo posible  no se confunde con lo imposible   y  lo real puede extenderse hasta incluir lo posible.  Las interpretaciones ontológicas de la mecánica cuántica, en la física, han acotado, como nunca antes,  este espacio de realidades posibles sincrónicas con la nuestra.  ¿Pero cuál es  nuestra realidad?
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Esto la psicología lo llama:  pensar;  la capacidad para valorar alternativas de realidad, refutando las imposibles y explorando las posibles;  esto es la manipulación de Modelos Mentales.   En filosofía está cuestión desemboca en el esinteligencia2.jpgpensamiento.jpgtudio de   la  modalidad,  los modos de ser,  la lógica modal, y la valoración de los discursos sobre lo posible.
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BORGEANOS  SEGUIMOS:  cualquier memoria que una mente albergó, alguna vez, podrá, y  volverá  a, ser albergada en otros tiempos futuros y pasados, por otras mentes diferentes, pero en esencia la misma  MENTE.   Aristóteles denominó a esa mente, la eterna, y eternamente la misma:  nous  poietikós.    Esto es,  la  MENTE  GENERADORA,   la inteligencia y espíritu activo y generador;  intelecto agente para los escolásticos.
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La  capacidad  mental  del  hombre.    Donde  un  hombre  es  todos  los  hombres  como    El__Inmortal    Homero  de   J.L. Borges.  n053p05.jpg  La flor del almendro, que se sucede pero es eterna,  se desplaza en el tiempo como una hormiga, pero nunca cesa su desplazamiento. Acaso se desplaza no solo en el tiempo sino también por diferentes planos modales,  por  ALTER_nativas  de  realidad, sincrónicas con la nuestra.
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Todo  lo  que  no  sea    V A C I A D O    en  un   Yo Digital,  restará  aún  para  que  sea  rehecho,  redicho,  repensado, por otros  Yoes  futuros,  sí,  pero  también  pasados,  y  también  otros  Yoes  sincrónicos  con  los  que  ya,  en  este  ahora,   existimos  y  somos.
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ALTER_nativas,    en  otros  presentes,   a  nuestros  Yoes  e  identidades  digitales   y  naturales.

El arte del olvido

Dos veces se ha cruzado ya con la cuestión de la muerte esta reflexión compartida sobre cómo la tecnología digital está alterando nuestros modos de vivir, de ser y de comprendernos.

Hemos rememorado la voz aciaga del último Nexus 6 anunciándonos que su final es también el de cosas que ni siquiera conocemos: “Yo he visto cosas que vosotros jamas creeríais: naves en llamas mas allá de Orión, rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos recuerdos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.


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Hemos recordado la “llamada muda” de los difuntos de Fayum: sus ojos clavados en nosotros desde los retratos que decoraban sus sarcófagos, pues, según relatara Herodoto, cuando alguien fallecía “los familiares se quedan con el cuerpo y encargan un cofre de madera, tallado a semejanza de la forma humana, en el que lo meten” y al que adhieren un retrato, luego “conservan ese valioso cofre en una cámara funeraria, donde lo colocan en posición vertical, pegado a la pared”.

En el noviembre de 2019 imaginado por Ridley Scott y en la provincia romana de Egipto, entre el siglo I y el IV de nuestra era, la angustia resulta ser la misma: que nuestros recuerdos nos sobrevivan en la memoria de otros.

cargo-containers.jpgParece que no somos los únicos en barruntar que la digitalización del yo cambiará no sólo nuestra forma de vivir, sino también nuestra forma de morir. El proyecto Mission Eternity Sarcophagus, de etoy.CORPORATION, se ha alzado ganador de VIDA 10.0, la X Edición del Premio Internacional de Arte y Vida Artificial convocado por la Fundación Telefónica. Mission Eternity Sarcophagus no es sino “un sepulcro móvil”, del tamaño de un contenedor de carga pero con el interior tapizado de pantallas LED, “que contiene y muestra retratos interactivos de aquellos que desean que sus memorias sean conservadas digitalmente”. Por “retratos interactivos” se entiende una amalgama de “textos, entrevistas, fotografías familiares, etc”. provenientes de los ordenadores interconectados de las personas que forman la red social del difunto, a las que el proyecto bautiza, entre la trascendencia y la ironía, como “Mission Eternity Angels”.

sarcophagus-2.jpg sarcophagus-1.jpg

borges.jpgPero la hipermnesia que encierra para la vida la digitalización del yo impregnaría así también la muerte. Recordando la atormentada condición de Funes el Memorioso, el “vaciadero de basuras” de su memoria, nos hemos preguntado si nos será grata esa proliferación de recuerdos, si querremos hacerlos nuestros o más bien desearemos que nuestras prótesis digitales nos ayuden también, a veces, a olvidar, a desprendernos, como en las hogueras de la noche de San Juan, de lo que ya no deseamos en nuestra vida. ¿Era en verdad un don la memoria total cuyo secreto buscaban Raimundo Lulio, Giordano Bruno, Giulio Camilo o el propio Leibniz, o era una maldición? La misma pregunta –claro- vale para esa vida después de la muerte que ya los héroes homéricoshomero.jpg anhelaban: la pervivencia del recuerdo, que no era para ellos sino la gloria –el único modo de salvar la penosa inmortalidad de las almas en el reino de Hades, desprovistas de todo recuerdo o pasión. La misma pregunta: lo deseamos porque nos falta, pero, si de verdad pudiéramos tenerlo, ¿seguiríamos deseándolo? ¿Querríamos de todo corazón que nuestros seres queridos no nos olvidaran? Al fin y al cabo, ya decía el propio Borges que “no basta ser valiente para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa te desgarra…”. ¿Querremos rituales funerarios digitalizados que entorpezcan nuestra desaparición definitiva, para siempre, “como lágrimas en la lluvia”?

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Como lágrimas en la lluvia

Dec
11
Posted in Emociones digitales, Mi consciencia digital
by Nuria Calderón García-Botey

En 1982, el director norteamericano Ridley Scott estrenó una película basada en la novela de Phillip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que habría de convertirse en icono del cine de ciencia-ficción: Blade Runner

blade-runner1.jpg blade_runner.jpg blade_runner_5.jpg

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Veinticinco años, siete versiones, unas cuantas secuelas y varios documentales después, los cinéfilos todavía siguen embarcados en sesudas discusiones acerca del mensaje filosófico del film, de la verdadera naturaleza de sus personajes, o del significado de cada uno de sus planos.

En mi caso, la primera vez que vi a la dramática historia de los replicantes sentenciados por una exigua fecha de caducidad, yo estaba en segundo de carrera, y la pantalla del salón de actos de la facultad de Psicología de la Complutense donde se proyectaba era demasiado pequeña, de modo que las imágenes se "desbordaban" ligeramente sobre la pared. En cierto modo, a mí me ocurrió algo similar con el mensaje que me transmitían: sabía que había visto algo más que una película de ciencia-ficción, pero no tenía del todo claro qué era.

bladerunner.jpgHace unas semanas asistí a una proyección de Blade Runner: The final cut, la última revisión del director con motivo del cuarto de siglo desde su estreno, en pantalla gigante, sesión nocturna y versión original. Quizá en parte por el entorno, pero sin duda por la predisposición psicológica que ha generado el proyecto del Yo Digital en todo el equipo, esta vez reparé en unas cuantas ideas que no había analizado la primera vez que ví la película y que, aún a riesgo de convertirme en SPOILER para futuras generaciones de espectadores, me voy a permitir el lujo de exponer… Porque a pesar de haber sido rodada en 1982, la filosofía de Blade Runner enlaza directamente con dos de los elementos que hemos empleado en el proyecto Yo Digital para caracterizar la identidad humana: las emociones y la memoria.

Por supuesto, para que este análisis pueda comprenderse en toda su extensión, es imprescindible haber visto el film (recomendado) o al menos, conocer una sinopsis de su argumento.

Si te has animado a hacer click en el enlace anterior o ya conoces la película, voy a pedirte que traigas a tu memoria la conversación entre Deckard y Mr. Tyrell después de que el primero compruebe mediante el test Voight-Kampff que Rachel, la joven secretaria de Tyrell Corporation, es en realidad una replicante experimental.

  • Pero ella tiene recuerdos… - se asombra Deckardrachel.jpg
  • Todos falsos - corrige Tyrell, para explicar a continuación el motivo de que una replicante albergue narraciones sobre un pasado del que carece.

Uno de los problemas observados a medida que avanzaba el desarrollo de los modelos Nexus -viene a decir el presidente de Tyrell Corporation- es que éstos eran capaces de aprender emociones humanas. Sin embargo, la gestión de esas reacciones superaba sus habilidades cognitivas, lo que les desequilibraba enormemente. Y para evitarlo… se les dota de un soporte racional, que permita integrar tal aprendizaje. Es decir, se les implantan esos "recuerdos".

Cuando comenzamos a definir los elementos que integrarían el modelo psicológico del Yo Digital, el equipo ICIV tuvo muy claro que una de las principales diferencia entre un almacén informático de datos y la memoria humana es que ésta última está teñida de emociones.

Como ya se indicaba en la entrada Cuéntame tu vida, nuestra mente organiza sus recuerdos de forma temporal, pero no siguiendo una secuencia cronológica, sino emocional: aquél suceso que nos impactó, el año malo en que nos mudamos de casa y rompimos con nuestra pareja de toda la vida… ¿Les faltaba eso a los Nexus anteriores a Rachel en Blade Runner? ¡Porque entonces no es de extrañar que fueran incapaces de organizar sus cogniciones!

Sin llegar a la extrema propuesta de replicantes inmortalizados por los guionistas Hampton Fancher y David Peoples, es innegable que todo intento computacional para emular el funcionamiento de la memoria humana debe combinar emociones y narraciones tematizadas, tal y como estamos desarrollando en el proyecto del Yo Digital. Pero no sólo eso.

roy-batty.jpg¿Quién no conoce el monólogo final de Roy Batty -Rutger Hauer- cuando, después de salvar la vida al maltrecho Blade Runner que le persigue para "retirarlo", hace un recuento de todas sus vivencias como esclavo en las colonias exteriores? Porque él ha visto atacar naves en llamas más allá de Orión, y rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser…

Todos esos momentos, dice el replicante, se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

¿Pero por qué Roy Batty salva a Deckard, y le cuenta todos estos recuerdos? ¿Es acaso el blade runner un replicante más -aunque él mismo lo ignora-, y de ahí la piedad de su enemigo? ¿O tal vez es una muestra de bondad del Nexus 6, capaz de manifestar un grado de humanidad superior al del mismísimo género humano?

Aunque ambas hipótesis son discutidas y contrastadas por los expertos en el film, yo tengo mi propia teoría al respecto: ni la naturaleza del blade runner ni la humanidad del replicante tienen importancia para explicar la conducta de éste último.

En mi opinión, Roy no salva a Deckard por piedad hacia un ser inferior -un humano- ni hacia un homólogo replicante, sino por "afán de supervivencia". Él no sólo está irremisiblemente condenado a morir -sus cuatro años de vida tocan a su fin-, sino que tras la caída de sus compañeros Zhora y León, y la de Pris, su pareja, es el último Nexus 6 en la galaxia. ¿Quién recordará entonces su existencia, si no queda nadie que pueda dar fe de ella?A falta de un pasado real y de una red social de familiares y amigos, ¿qué será de esos recuerdos que tan intensamente atesora? Porque la inmortalidad no consiste en vivir físicamente para siempre, sino en dejar una huella en los seres queridos que nos sobreviven.

Por eso Roy salva la vida de Deckard, y le habla de naves en llamas, y de rayos C: para que su recuerdo, su imagen más emocional, se instale en la memoria de otro ser vivo -humano o replicante, qué importa-, permitiéndole alcanzar al fin esa supervivencia que tanto anhela… Aunque sea de un modo virtual.

En cierto modo, el proyecto del Yo Digital se apoya en una filosofía similar, pues si yo almaceno mis recuerdos -mis datos-, mis identidades, e incluso mis proyecciones futuras en un sistema integrado y con estructura similar a la memoria humana… ¿No podrán heredarlo mis descendientes, y tener así una imagen vívida de lo que fue la vida de su antepasado? O, al menos, evitar que mis recuerdos se pierdan en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.

Ars Memoriae.

Nov
30
Posted in General. Yo digital beta 1.0
by Javier Gómez Morales

ARS  MEMORIAE:    

     -Memoria y Poder,8845916677_imm1.jpg

     -Los Palacios de la Memoria,

 

     -Memoria  DIGITAL

         e  Hipermnesia.

 

"… …En el decente rancho, la madre de Funes me recibió. Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela… …

… …Ireneo empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis Historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitríades Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez… …

… …Sabía las formas de la nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños y todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como la vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoria señor es como vaciadero de basuras. … …
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… …Esas cosas me dijo; ni entonces ni después las he puesto en duda. En aquél tiempo no había cinematógrafos ni fonógrafos; es, sin embargo, inverosimil y hasta increible que nadie hiciera un experimento con Funes. … …"
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MEMORIA  Y  PODER.
En mi niñez me asombraban las historias sobre hombres de memoria prodigiosa. Los relatos, junto a los testimonios y exhibiciones propias de la cultura televisiva, me hacían dudar de si éstos se correspondían con capítulos de la ciencia o de la magia y el ilusionismo.
       Posteriormente, me surgió un igual asombro al ir conociendo que  los  límites  entre  mnemotecnia, magia  y ciencia  no  eran  nítidos, sino difusos,  incluso para las disciplinas y personas llamadas eruditas.
        La ciencia solo había afrontado esa diferenciación desde los años 60 del siglo pasado, pero las sociedades secretas, la masonería y el hermetismo habían continuado el cultivo de la mnemotecnia, como un saber oculto, hasta una fecha igualmente indefinida, entre el final del s.XVIII  y la mitad del s.XIX;  dependiendo de la diferente permeabilidad hacia la democracia parlamentaria que aparecía en las distintas sociedades occidentales.  De ellas,  las naciones más retrasadas como fuera España, retrasaron todavía otro siglo y medio esos procesos históricos.
         En esa dirección, otras reflexiones, que creo relacionadas, me acompañaban: ¿por qué los  Estados  de in-formación napoleónica conservan todavía sistemas de oposición para acceder a la función pública, por qué tanto contraste con la transparencia y flexibilidad de los paises de in-formación anglosajona?. Todavía me resultaba menos explicable el hecho de que tales procesos de acceso a puestos públicos subsistiera en las universidades…
         La respuesta la hallé también reconociendo, en la mnemotecnia,  la llave de acceso al poder que se habían reservado quienes lo obstentaban, participando de sociedades secretas, aun cuando su objetivo final fuera, entonces -que no hoy-, modificar el poder para un crecimiento democrático, humano, intelectual y material de la sociedad.
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LOS PALACIOS  DE  LA  MEMORIA.
La Psicología experimental pudo esperar hasta las décadas de los 60 y 70 del s.XX, para comprobar y documentar -aceptándolo- un hecho, de antiguo, conocido: la íntima unión entre memoria e imaginación. Esto ocurrió gracias, entre otros, al psicólogo canadiense Allan Paivio.
         Pero los psicólogos científicos que describieron como la imaginación puede potenciar y aumentar, geométrica y exponencialmente, la capacidad mnemónica del ser humano (culto, educado, alfabetizado y entrenado) fueron los últimos en la historia en atesorar ese saber.  El poder de las imágenes mentales era descrito, ya, en la antigüedad grecorromana como  imagine agentes.
          En esta breve exposición, de justicia, será también, mencionar el espacio, tiempo y polémica que los psicólogos estructuralistas de la escuela de Würzburgo; herederos de los empeños fundacionales de la psicología experimental decimonónica,  dedicaron a este tópico, y a otros relacionados, en el último cuarto del XIX.
        Así, la Psicología experimental pudo esperar casi un siglo desde su aparición hasta afrontar esta temática. Pero el  Arte de la Memoria  es un viejo saber, que en nuestra tradición de pensamiento occidental hacemos remontar hasta hacerlo coincidir con el surgimiento de la filosofí­a, aun así, podemos retrotraer la aparición de esta técnica hacia Egipto y la tradición hermética con probables influencias babilónicas.
        En nuestra tradición, el arte de la memoria fue creado por Simónides de Ceos; poeta s.VI a.C. Formando desde entonces parte de la formación de los hombre libres y cultos del mundo griego y romano. Como nos muestra Frances A. Yates en su libro: El arte de la 8478448764.jpgmemoria (Taurus: 1974, Siruela: 2005) la filosofí­a manejaba los conceptos, y la mnemotecnia utilizaba las imágenes mentales  -y las emociones que evocaban-  para potenciar la memoria, facilitar la inteligencia y el desarrollo de la personalidad.
        La Escolást¡ca resguardó este saber como parte de la virtud de la prudencia, pero fue  en el renacimiento cuando re-aparece con brío como un capítulo de la magia. En el Renacimiento con el hermetismo, el neoplatonismo y el lulismo será reelaborado y desarrollado, como muestra Yates,  en el arte de Ramón Llull, el Teatro de la Memoria de Giulio Camillo, los sistemas de Giordano Bruno y las relaciones de la mnemónica con las otras artes; con las bellas: con la pintura y con la arquitectura.
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        Si bien en la edad media la mnemotecnia formaba 8434487039.jpgparte de la retórica y de su enseñanza, en el renacimiento desembocó, de nuevo, un viejo brío ocultista de la tradición hermética. De aquello, la obra, vida  y figura de Giordano Bruno  -torturado y asesinado por las autoridades eclesiásticas católicas-  representa el mejor exponente  (cfr. F.A. Yates:  Giordano Bruno y la Tradición Hermética).
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 En el renacimiento  -por no mucho tiempo-  hasta la llamada revolución científica de nuestra tradición gnoseológica occidental,  coincidirán la mnemotecnia y la ciencia, ambas con una tercera que las englobaba:  LA  MAGIA.
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.atrio2.jpg            image012.jpg
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         La idea base contenida en todos estos sistemas mnemónicos es más o menos semejante: asociar conceptos e ideas, que necesitan ser recordados, con localizaciones espaciales.  Cada recuerdo se asociará con una habitación o espacio de un edificio o edificios singulares:  los  Palacios de la Memoria.
         Este  viejo, y nuevo,  Arte de la Memoria se concibió, percibió y usó siempre como techné  -técnica; arte-  que asistía y distingía a las personas libres, cultivadas y afortunadas  para quedar luego relegado a números del gran circo y el ilusionismo. 
         Desde su origen, este arte, que se le atribuye al poeta Simónides, VI-V a.C,  se mostró como un artefacto, una techné, frente a la capacidad natural de la memoria; parte de la physis.
         Simónides  de  Ceos,  cuenta nuestra tradición, descubrió la mnemotecnia casualmente, por accidente.  En voz de Cicerón, s.I a.C., conocemos como ocurrió  (cfr. Yates, 1974):   En  Tesalia  el noble  Scopas daba un banquete. Simónides había sido requerido para ofrecer un poema en honor del anfitrión.  En su canto, el poeta, alabó también a los gemelos dioses  Castor  y  Polux.   El noble Scopas replicó que solo le pagaría la mitad del poema pues la otra mitad ya se la pagarían los dioses.  Después de esto Simónides recibió aviso de que saliera a  atender a unos jovenes que le llamaban afuera.  Salió y no encontró a nadie,  pero entonces la estructura de la casa venció y se desplomó el tejado sobre los asistentes al banquete que permanecían dentro,  aplastándolos y pereciendo,  quedando destrozados sus cuerpos.  De esta forma,  el  fatum,  o los dioses pagaron  a Simónides su parte del poema y su canto, permitiéndole permancer con vida.
       Los cuerpos de los asistentes quedaron tan deshechos que no podían ser identificados por los familiares y amigos que acudieron tras la tragedia.  Pero  Simónides  podía recordar donde estaban situados cada uno de los asistentes al banquete antes de que, él, se ausentara.  Recordaba la situación espacial en el edificio y con respecto a la mesa en que se hallaban sentados.  Por esto, pudo mostrar a los familiares quienes eran, y donde estaban,  sus muertos.
        El tradicional relato de Cicerón prosigue mencionando el invento de la mnemotecnia:   Simónides cayó en la cuenta de que su recuerdo del orden espacial, de los lugares, de los concurrentes a la mesa  era la clave que le había permitido su identificación.  Entonces pudo concluir que para garantizar un buen recuerdo resultaba de la máxima importancia disponer de un orden;  y  que las relaciones espaciales, de lugar, eran una de las mejores y potenciales fuentes de ese orden necesario para una memoria eficaz.
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MEMORIA  DIGITAL  E  HIPERMNESIA.
En  voz de Cicerón, también, la  mnemotecnia queda descrita como artificial, distinguiéndose de la memoria natural, capacidad, y espontánea.   Se da otra condición, de la memoria y la cognición, propia del recuerdo natural y espontáneo:  la  hipermnesia.
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         La hipermnesia supone un estado alterado de conciencia en el que la percepción y el recuerdo se hallan exarcebados, plenos de detalles sensoriales y  eidéticos.  En la cultura pop y televisiva se la ha referido, en ocasiones, como memoria fotográfica. Esta exarcerbación de la memoria asociativa, en ocasiones,  se halla unida  a obsesiones  y/o delirios.   El relato de  J.L.Borges : Funes el Memorioso,  presenta, entre otros aspectos, una visión de la condición de la hipermnesia.  Aunque para el autor es un medio de expresión de sus constantes existenciales: el laberinto, el infinito, la cábala y un cierto panteísmo implícito, entre otras.  Además,  los biógrafos de Borges, habitualmente han visto en ese, y en otros, relatos cierto auto-exorcismo  y autorretrato:  Funes comparte con Borges, además de su aficción a estudiar enciclopedias,  el haberse visto  ALTERado  mentalmente tras un accidente que implicaba un fuerte golpe y daño físico, dejándole en la proximidad de la muerte.  Tras el accidente en sus biografías:   Funes lo recordaba todo,  igual que Borges había empezado  a  narrar, magistral  e imaginativamente, en la convalecencia de su accidente.
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- ¿ Cuál  es  el  siginificado  y  la  valoración  funcional  y  adaptativa  que tendrá  la  gestión  DIGITAL  de  nuestros  recuerdos  y  memorias ?
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         La condición de  Funes, no le es grata. Le llega a atormentar hasta el punto de querer vivir en la oscuridad para reducir su percepción y reducir lo que pueda recordar.  Funes  ha olvidado olvidar,  y sus recuerdos innumerables y de sumo detalle, le impiden incluso pensar adecuadamente.  Borges nos dice expresamente que no se puede pensar desde el detalle;  se necesita poder abstraer y anular diferencias.
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- ¿ ACEPTAREMOS  EL  YO DIGITAL,  Y  SU  MEMORIA,  O  PREFERIREMOS  VIVIR  EN  LA OSCURIDAD  COMO  FUNES,   ANTES   QUE  OLVIDARNOS   DE  OLVIDAR ?
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- ¿ LLEGAREMOS   A  DAR  EN  ALGÚN  MOMENTO  LA  RESPUESTA  QUE  FUNES  LE  DIO  A  BORGES :    MI  MEMORIA,  SEÑOR,  ES  COMO  VACIADERO  DE  BASURAS ?
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        La gestión digital de nuestra memoria, como es el caso del Yo Digital supone un puente entre la memoria natural y la memoria entrenada con técnica.  Pero   ¿ NOS  SERÁ  GRATA ?   ¿Querremos  recordarlo todo y con todo detalle?   ¿Aceptaremos los recuerdos digitales que nosotros ya no reconocemos como nuestros?.
          

SONRISA digital.

Nov
06
Posted in Emociones digitales
by Javier Gómez Morales
S O N R I S A digital: retrato digital de emociones .
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Si una identidad digital puede devolverme sentimientos y emociones recordadas; experimentadas en momentos previos aunque yo no las tenga conscientes ahora… Incluso la identidad digital de otros puede arrojarme sentimientos registrados por otras personas (aunque sean nuestros más íntimos y allegados seres queridos)…

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… …Esto de las identidades digitales, por la propia definición de sentimiento, empieza a cobrar interés pero puede que también tenga sus riesgos.
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LAS EMOCIONES podrán ser consideradas agradables o desagradables.
¿ Querremos hacernos cargo de las emociones desagradables -propias o ajenas- ?, ¿y con las emociones INTENSAS; aún las agradables estarán aconsejadas para todos los usuarios y fisgones de las identidades digitales..?

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¿ Qué haremos con los sentimientos que NO nos gustan, o con los que nos ALTERan, nos arrastran con pasiones corporales (aunque nos agraden) ?
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¿Cómo afrontaremos (y quién nos enseñará a hacerlo) los sentimientos y los recuerdos “veraces” que nos confunden o con los que nos desagradan (los propios y los ajenos) ?
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La muerte del yo digital

Oct
30
Posted in Mi vida en la red
by Juan Hermoso

El mundo que habita el yo digital es, hoy por hoy, un enjambre de autorretratos. Asistimos –no sin cierta perplejidad– al afán de miles, de millones de nuestros congéneres por revelarnos sus pensamientos, las músicas que les conmueven, los detalles, enternecedores o anodinos, de su quehacer cotidiano, los rincones de su ciudad donde su corazón descansa, o los heroicos o lúgubres avatares de su imaginación. Más pronto o más tarde –pensamos– esa turbamulta se asentará; las facetas dispersas de cada yo digital se engranarán en una estructura cuyo esqueleto tratamos de dilucidar.

En un bellísimo ensayo sobre los orígenes del retrato en la pintura occidental, Tzvetan Todorov (2001) relata la escalofriante naturaleza de algunos de los vestigios más antiguos de nuestra práctica retratística. Bajo la dominación romana, los habitantes de la provincia de Egipto –muchos de ellos colonos griegos– acomodaron a sus ancestrales creencias algunas de las costumbres de los pueblos a los que acogían –entre ellas, la tradición helenística del retrato. En ciudades como Fayum, al suroeste de El Cairo, cientos de retratos pintados sobre tela con pigmentos mezclados con cera caliente se cosieron a los lienzos que envolvían el cadáver o se adhirieron a las tablas del sarcófago. Sabemos que estos retratos al encausto se pintaban en vida –lo hacían por lo general pintores de origen griego, que, aunque pusieran cierto empeño en la verosimilitud, recurrían con frecuencia a patrones fijos, que mudaban levemente para semejar los rasgos del modelo– ; lo sabemos porque la tela del retrato suele ser más antigua que la de la momia, y la edad del difunto mayor que la que muestra el retrato. Después, como recoge Herodoto, cuando llega la muerte, “los familiares se quedan con el cuerpo y encargan un cofre de madera, tallado a semejanza de la forma humana, en el que lo meten; y conservan ese valioso cofre en una cámara funeraria, donde lo colocan en posición vertical, pegado a la pared”. Así, “el padre o la madre –nos dice Todorov– observan a sus familiares vivos cada vez que cruzan la entrada o desde una alacena”. Sólo más tarde, “cuando se desdibuja la memoria de los difuntos, cuando acaso han muerto todos los que lo conocían, […] entierran las viejas momias de cualquier manera, en fosas comunes, como si quisieran deshacerse de ellas”. Naturalmente, cuando encargaban sus retratos, los egipcios debían de saber que estos “los acompañarían y los representarían en el más allá, después de su muerte”. Sus ojos, casi siempre, nos miran: clavan en nosotros lo que Jean Christophe Bailly (1997) ha dado en bautizar como “la llamada muda”.

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Desprovistas de la querencia egipcia por la preservación de los restos mortuorios, algunas de estas costumbres perviven de una manera u otra en nuestros días. Las casas de nuestros mayores, cuando menos, suelen estar habitadas también por los retratos de los que se fueron. Pero en la hora en que el retrato pueda estar acompañado de las músicas que conmovieron a quienes nos faltan, de sus pensamientos, de las imágenes de los lugares donde fue feliz o de cualquier instante perdido de sus rutinas diarias, en la hora en que podamos ponernos en la piel de los personajes que quiso ser y recorrer los lugares mágicos o vulgares que recorría, cuando podamos incluso escuchar en su voz su consuelo si algo nos aflige, o preguntarles si en esta o aquella encrucijada estamos eligiendo el camino por el que ellos nos habrían llevado de la mano, entonces, en esa hora, ¿querremos hacerlo? Cuando, como los pobladores de Fayum, entendamos que nuestros autorretratos habrán de cumplir ese propósito después de nuestra muerte, ¿cambiará nuestro modo de trazarlos? Empezamos a vislumbrar los múltiples sentidos en que la digitalización del yo transformará –enriquecerá, alborotará, espesará… – nuestra manera de vivir, pero acaso nos sea aún más difícil intuir de qué forma quedará trastocada, también, nuestra manera de morir.

Referencias:

Bailly, J.C. 1997. La llamada muda. Ensayo sobre los retratos de El Fayum. Traducción de A. Ruiz de Samaniego. Tres Cantos: Akal, 2001.

Todorov, T. 2001. Elogio del individuo. Ensayo sobre la pintura flamenca del Renacimiento. Traducción de N. Sobregués. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2006.