Tomamos conciencia de Red?
by José Sánchez Sánchez
Empiezo mis vacaciones y empiezo mis buenos propósitos.
Este año al contrario que otros he hecho mis buenos propósitos mientras trabajaba y voy a empezar a desarrollarlos directamente mientras disfruto. Entre ellos retomar el blog del yodigital.
Así que mirando en retrospectiva veo como he cambiado y como ha cambiado todo. Cuando comencé la aventura del yodigital mis principales motivaciones eran defender la identidad digital ante la desidia general que percibía. A nadie le importaba el rastro digital que se dejaba en la red. Además buscaba, buscamos concienciar ante la necesidad de proteger y preservar nuestra intimidad y la confidencialidad de nuestras acciones digitales. Lo tomamos con tanto impulso que desarrollamos un modelo emocional de nuestro ser digital para interactuar en la red, (modelo que se quedo en piloto de laboratorio) y este blog.
Además había otras motivaciones, pero a mí personalmente siempre me intrigo cómo el ser humano podría progresar como especie. Se podría incrementar el conocimiento humano? O habría un momento en el cual este sería tan denso e inalcanzable que necesitaría de toda una vida de estudio para alcanzar a su comprensión antes de poder aportar un granito de arena.
Y en esto llegó la red. Realmente pienso que estamos en un momento delicado del conocimiento. Como especie estamos ante un entorno que evoluciona más rápidamente que el ser humano. Al menos en términos de la sociedad del conocimiento estoy seguro que es así.
De pequeño, o de joven, tenía la sensación de que los grandes genios de la
humanidad lo eran en todas las facetas del saber. Admiraba a los genios del renacimiento por su horizontalidad, y tenía la sensación de que según avanzaban los siglos los genios lo eran en parcelas más especializadas. Quizá a esto ayudo la convivencia con algunos de mis compis de estudios a los que hoy se les llamaría frikis. Tendría esto un límite. Pienso que si, y que nos acercamos a él de manera logarítmica, pero eso lo contaré en otro momento.
Y en esto llegó la red. Cuando comenzamos el yodigital advertíamos de la importancia de nuestra vida en la red. Acuñamos el lema de “si no está en la red no existe” y a pesar de nuestra fe ciega en la red, la realidad supera a nuestras expectativas. Quizá ahora estemos en otro momento crucial. Cuando empezamos a tener conciencia de que progresamos en red y como una red. Tuve la suerte de asistir a la conferencia de Rahaf Harfoush , responsable de la campaña de Marketing online de Obama y me reafirme en esta hipótesis. Además vi una aplicación práctica de la gestión de redes sociales con las “nuevas tecnologías” y que acaba en caso de éxito. Enhorabuena Rahaf & company. Y en el caso del saber es también así? Dos ejemplos, la secuenciación del genoma es más fácil si se realiza en red. El CERN expondrá sus resultados para que la red pueda estudiarlos .

Me hago muchas preguntas y mis sentimientos son agridulces. Si debemos progresar como especie y como red, nos convertiremos en una sociedad donde prime lo colectivo a lo individual? La suma de individualidades conformará una red mejor? Hemos estado siempre progresando como una red unida por vínculos sociales y ahora tenemos herramientas que transcienden esos vínculos tradicionales? Puedo explicar esto matemáticamente? Soy un romántico individual y anarquista o debo adaptarme a este nuevo entorno y vivir por y para la red?
Bueno, de momento voy a tomar el hábito de seguir escribiendo en este blog, qué está en la Red.
¿Accederemos en el futuro a ggg.yodigital.es en lugar de a www.yodigital.es? En noviembre de 2007 Tim Berners-Lee, el padre de la World Wide Web, escribió un
pertenece la persona pero también lugares, vídeos, fotos, documentos, compañías u organismos, etc. El grafo de nuestra vida digital cada vez se va extendiendo más a medida que Internet se va haciendo más imprescindible en nuestras vidas y tendemos a guardar nuestros recuerdos (ya sean personales, laborales o académicos) en formato digital.




Parece que no somos los únicos en barruntar que la digitalización del yo cambiará no sólo nuestra forma de vivir, sino también nuestra forma de morir. El proyecto

Pero la hipermnesia que encierra para la vida la digitalización del yo impregnaría así también la muerte. Recordando la atormentada condición de Funes el Memorioso, el “vaciadero de basuras” de su memoria, nos hemos preguntado si nos será grata esa proliferación de recuerdos, si querremos hacerlos nuestros o más bien desearemos que nuestras prótesis digitales nos ayuden también, a veces, a olvidar, a desprendernos, como en las hogueras de la noche de San Juan, de lo que ya no deseamos en nuestra vida. ¿Era en verdad un don la memoria total cuyo secreto buscaban Raimundo Lulio, Giordano Bruno, Giulio Camilo o el propio Leibniz, o era una maldición? La misma pregunta –claro- vale para esa vida después de la muerte que ya los héroes homéricos
anhelaban: la pervivencia del recuerdo, que no era para ellos sino la gloria –el único modo de salvar la penosa inmortalidad de las almas en el reino de Hades, desprovistas de todo recuerdo o pasión. La misma pregunta: lo deseamos porque nos falta, pero, si de verdad pudiéramos tenerlo, ¿seguiríamos deseándolo? ¿Querríamos de todo corazón que nuestros seres queridos no nos olvidaran? Al fin y al cabo, ya decía el propio Borges que 
El Condado de Santa Clara, en California, se despliega a lo largo de la orilla suroeste de la Bahía de San Francisco. El Pueblo de San José de Guadalupe, fundado en 1777, es hoy su capital –San José–, además de la población hispana más antigua de California y su primera capital. Santa Clara fue siempre un fértil y soleado valle, que proveía de suministros agrícolas a los destacamentos militares cercanos.
La razón es que Magitti no tiene en cuenta cómo me siento, si estoy trabajando o dando una vuelta, si estoy con compañeros de trabajo o con mi jefe, o con unos viejos amigos de la Universidad, si he conseguido o no acabar el proyecto al que llevo toda la semana dando vueltas, qué opinan de ese restaurante o de esa película mis amigos –pero sólo aquellos de cuyos gustos me fío–, o, aunque esté en casa o en un café, cuál de mis identidades en cuál de los metaversos que suelo transitar es la que prima en este momento –si soy el reputado empresario o el rey de los trasgos. Si Magitti supiera todo eso, podría hacernos sugerencias mucho más –digamos– sugerentes, o podría incluso sospechar cuándo no tengo ganas de recibir sugerencias. Todo eso, y un buen número de cosas más, es lo que está preparado para incorporar el sistema de gestión de conocimiento autobiográfico, emocional y social del Yo Digital.



identidad virtual tras la que pensó haber encontrado un/a nuevo/a amigo/a digital? Podemos hacernos muchas preguntas, tantas como Rubén Darío en su Sonatina… Pero en esta ocasión necesitamos encontrarles respuesta, porque nuestra vida digital exige prevenir tales ataques a la privacidad de las personas.
