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El Condado de Santa Clara, en California, se despliega a lo largo de la orilla suroeste de la Bahía de San Francisco. El Pueblo de San José de Guadalupe, fundado en 1777, es hoy su capital –San José–, además de la población hispana más antigua de California y su primera capital. Santa Clara fue siempre un fértil y soleado valle, que proveía de suministros agrícolas a los destacamentos militares cercanos.

El Centro de Investigación de Xerox en Palo Alto –más conocido como Xerox PARC–, en Santa Clara, lleva desde 1970 cosechando contribuciones al desarrollo de las nuevas tecnologías que tanto han cambiado nuestras vidas como la interfaz gráfica de usuario (GUI), merced a la cual ya no tenemos que entendernos con el ordenador introduciendo comandos en una pantalla negra –como con aquel inquietante C:\ de MSDOS–, sino que podemos pulsar y manipular iconos, ventanas y áreas de trabajo, o el propio ratón con el que hacemos todo eso. Sólo un año después, en 1971, un periodista acuñaría la expresión Silicon Valley para describir la formidable proliferación de empresas relacionadas con la fabricación de circuitos integrados y computadoras que había conocido el valle de Santa Clara.
Hace unas semanas, los ingenieros de PARC informaron de que, en colaboración con Dai Nippon Printing, han desarrollado un software capaz de hacer llegar a nuestro teléfono móvil recomendaciones de tiendas, restaurantes o actividades de ocio adaptadas al lugar en qué nos encontramos, la fecha y la hora, y nuestros gustos personales. Del invento, bautizado como Magitti, se ha hecho eco recientemente la prestigiosa revista electrónica de ciencia, tecnología, sociedad y cultura Tendencias21.
Cuando Magitti esté en nuestros teléfonos móviles, se convertirá en una parte de nuestro yo digital, como ahora lo es la lista de contactos o la agenda. Pero, igual que la mayor parte de las listas de contactos y agendas actuales, su relación con nosotros no será todo lo fluida que desearíamos, o que podemos imaginar.
La razón es que Magitti no tiene en cuenta cómo me siento, si estoy trabajando o dando una vuelta, si estoy con compañeros de trabajo o con mi jefe, o con unos viejos amigos de la Universidad, si he conseguido o no acabar el proyecto al que llevo toda la semana dando vueltas, qué opinan de ese restaurante o de esa película mis amigos –pero sólo aquellos de cuyos gustos me fío–, o, aunque esté en casa o en un café, cuál de mis identidades en cuál de los metaversos que suelo transitar es la que prima en este momento –si soy el reputado empresario o el rey de los trasgos. Si Magitti supiera todo eso, podría hacernos sugerencias mucho más –digamos– sugerentes, o podría incluso sospechar cuándo no tengo ganas de recibir sugerencias. Todo eso, y un buen número de cosas más, es lo que está preparado para incorporar el sistema de gestión de conocimiento autobiográfico, emocional y social del Yo Digital.
Soy un obrero del S XXI. Con mi formación el siglo pasado sería un ingeniero, pero ahora debido al avance de la penetración de la red y la posibilidad de estar siempre conectado soy un oficinista del siglo XXI. Cual es la diferencia que noto más relevante a nivel profesional entre un siglo y otro; pues que siempre puedo estar trabajando, os acordáis del famoso slogan de Martini, "donde estés y a la hora que estés", pues ahora igual sólo que cambiando el vaso con cubitos de hielo por un portátil. Por contrapartida, cuando estoy físicamente en mi trabajo, puedo estar resolviendo mis asuntos personales, revisando mi cuenta bancaria, reservando un hotel para el fin de semana … y en cualquier caso siempre puedo tomarme un respiro, y pasar a mi faceta de ocio, leerme la crónica del ultimo partido que no vi e incluso visualizar los goles a través de Internet. Y en las pautas y costumbres no encuentro gran diferencia entre un ingeniero, un publicista, un representante, un gestor de una cadena de ultramarinos, etc.…
La clásica distinción, que aprendí en algún momento cuando era estudiante de, ocho horas de trabajo, ocho horas personales-ocio, más ocho horas de sueño, ¿Sigue siendo valida?. En mi caso al menos las ocho horas de sueño se han acortado, y las otras dos se han mezclado y no están relacionadas con la ubicación; el edificio de trabajo, mi casa, o la sala de cine. ¿Qué no? En la última película que estuve vi como un compañero de la fila de butacas recibía un mail en su fashion blackberry y tenía que salir de la sala a engancharse a la sociedad de la información y el conocimiento. Me sonreí, aun o estoy tan conectado, o aun compartimento mis momentos mejor, o igual soy más ordenado, en cualquier caso me sonreí. En el cine con la luz apagada todos somos iguales, no se nos ve la nómina, y al menos a mí no me había sonado el móvil.


