la gran ciudad, el yo digital y mi círculo de amistades

Estoy harto, no aguanto más, y quiero irme de aquí. Quiero que me toque la lotería primitiva y pasar de todo. ¿Quién no ha pensado esto alguna vez? hasta creo que es sano. La última vez que me asaltó este deseo  recapacite en dos temas. El primero, ¿cómo sería mi yo digital si mi yo biológico fuese asquerosamente rico?  y Segundo: caí en la cuenta que los años no pasan en balde, antes de más joven hubiese deseado venir a vivir aquí, a una gran urbe, y ahora quiero irme de ella.

Desde finales del siglo pasado parece evidente que la humanidad vivirá en grandes urbes. Es el proceso lógico del desarrollo económico y social, de hecho hoy en día más de la mitad de la población mundial habita en grandes ciudades  y en 2050 lo harán  dos tercios de la humanidad. Mi familia emigró a la ciudad buscando mejores oportunidades y lo cierto es que la metrópoli  te las da, mejor acceso a la enseñanza, universidad, centros hospitalarios, e incluso se liga más … Por el contrario no está tan claro que sea más saludable. Mayor polución, ruidos, pero sobre todo stress. Al parecer este stress es la causa de que favorece el  padecer enfermedades mentales en la ciudad, véase, el influjo de la ciudad, aquí se referencian diversos  experimentos y se pone de manifiesto como dependiendo del tamaño de la población donde vivían los probandos se activaba en distinto grado la actividad de  la amígdala cerebral habiendo una correlación casi lineal entre el tamaño de la población donde vivían y la actividad mostrada por este órgano ante el stress.

Luego por otra parte estudios realizados por Lisa Feldman Barett, del hospital General de Massachusetts, parecen demostrar que una red social bien construida protege de trastornos mentales. Lisa midió mediante resonancia magnética el tamaño de la amígdala en cuestión y comprobó que aumentaba según el tamaño del círculo de amistades.

Desde luego con él auge de las redes sociales lo que es evidente, es que el número de contactos aumenta. Eso sí, ¿está bien construido? Sinceramente creo que no, empezando por mis propias amistades digitales, y eso que pongo especial empeño  bajo parámetros no sólo de empatía sino de privacidad, confidencialidad, …

La duda que me cabe es si un buen yo digital que ayude a reforzar la red social de cada uno puede ayudarnos también a protegernos del estrés y minimizar el riesgo de enfermedades mentales, e incluso favorecer el crecimiento de la amígdala cerebral al igual que en los casos anteriores. Creo firmemente que si, pero para ello hará falta que posea herramientas sencillas que nos permita construir y manejar la red social de manera intuitiva.

Además un buen yo digital es independiente de si vivo en el campo o en la ciudad, puesto que mis círculos digitales van con él y el tiempo que tengo para interrelacionarme depende no sólo de mi, sino de ellos, y al ritmo que vamos la gran mayoría vivirá en una gran ciudad. (De hecho no hay campo ni lotería para todos) Así que no nos queda más remedio que construir buenas ciudades, (smart cities?) buenos círculos sociales (digitales?)  aunque creo que yo  a la hora de la verdad preferiré un chateo en el sentido clásico. (Antes irse de chatos era tomarse unos vinos en unos pequeños vasos como excusa para hablar de como iba la vida y otras cosas)

 

 

Cosas (Indignantes) que se leen en Semana Santa

Esta semana santa he vagueado todo lo que he podido, pero claro, para desentumecerme que mejor que leer noticias indignantes como la de: Dime tu clave de Facebook y te daré un puesto de trabajo . O no después de lo que vean por allí. Vamos, si ya lo llevé mal cuando el súper capo de mi empresa me envío una solicitud para hacerse amigo mío en Facebook no me quiero ni imaginar como me sentiría si se me obligase a descubrir mis opiniones, amistades, y demás verdades confesables de mi perfil oficial en cualquier red social.

Porque siempre he sido consciente del derecho a la intimidad, a libre pensamiento y albedrío de la gente. Se puede o no estar de acuerdo con las ideas de los demás pero siempre que el prójimo tenga a bien compartirlas. Las obras ya son otra cuestión, pero los pensamientos como “el honor, es patrimonio del alma y el alma solo es de Dios”, que diría Calderón. Claro que tal como va la crisis, la reforma laboral, etc..  quién sabe cuanto nos puede menguar el honor.

En un mundo ideal a la hora de buscar trabajo nos gustaría que no se nos preguntase por el sexo (Aunque se buscase una camarera para el bar Coyote) ni por la edad (Aunque este no sea país para viejos) ni por cuestiones políticos religiosas (demasiados ejemplos). Me despreocupe y me desindigne un poco puesto que a pesar de la crisis esto siempre sería ilegal en un país civilizado, al menos en esta ribera del atlántico. Además, si alguien quiere saber quién soy en la red que se lo curre, y en eso que días después leí, lo de la CISPA.

Un nuevo proyecto sobre ‘ciberseguridad’ en EEUU desata otra vez las alertas en Internet. Y aquí no sólo hay empresas y muy profesionales que se curran esa búsqueda de mi información se va más allá. Este proyecto de ley permite no sólo recopilar información personal sino el compartirla entre empresas si se supone que es en beneficio de la seguridad nacional. (La de EEUU) y entre las empresas no está la panadería de la esquina, sino IBM, Microsoft, Facebook, Intel, … Esta noticia es tan indignante como la anterior, pero a diferencia de la primera, SERÁ LEGAL si se aprueba. ¡Glups! El hecho de que se apruebe en EEUU no me deja indiferente, puesto que si estamos en un mundo intercomunicado, ¿se podrán utilizar mis post foráneos de EEUU para caracterizarme en EEUU? Yes they can.

Con todo lo anterior sólo me reafirmo en la idea de construir un yo digital, lo suficientemente seguro para permitirme salvaguardar mi intimidad en la red, mostrar mis distintas personalidades a quién y como quiera, y no tener que dar más explicaciones que las que daría Calderón de la Barca sobre su honor.

Nuestro nuevo jefe es genial, pero sólo en internet …

Teníamos nuevo ejecutivo, la reorga se materializó con un desconocido en la empresa, estupendo salvia fresca y sin contaminar. Nos lanzamos todos a buscar quién era y que había hecho, y nos enredamos en lo que decía y cómo lo decía, en sus blogs, en su twitters,…. A las pocas semanas aterrizó en la empresa como elefante en cacharrería. Sus presentaciones sobre la nueva forma de ser/trabajar nos cautivaron, instauró herramientas de colaboración corporativa y nos ilusionamos todos. Luego fue pasando el tiempo y nada. ¿Qué pasó?
Desde luego dominaba bien el nuevo lenguaje, el que se quería oír. Pero es que el lenguaje nos condiciona en cierta manera nuestra personalidad e influye en nuestro pensamiento. Lera Boroditsky y Caitlin Fausey publicaron diversos estudios entre 2010 y 2011 sobre la manera de percibir y relatar los mismos sucesos por sujetos anglosajones, japoneses y españoles. Así por ejemplo realizaron el siguiente experimento. En una sala de cine dos actores reventaron la función, a veces intencionadamente y otras por accidente. Los asistentes a la proyección explicaron el suceso e independientemente de lengua materna, recordaban con exactitud quién estropeó la proyección cuando se hizo a propósito. Sin embargo cuando el accidente se produjo de manera fortuita, japoneses y españoles no recordaban con el mismo rigor que los estadounidenses a los causantes del desaguisado. Al parecer el estadounidense medio atribuye con mayor facilidad la intención que japoneses y españoles.
En el caso extremo, si fortuitamente tiramos una taza de una mesa, un anglosajón diría, “Él tiro la taza” mientras que en japonés la forma verbal difiere en caso de que no haya propósito. “La taza se cayó por ella misma”, sería la traducción.
¿Pero qué ocurre cuando tenemos sujetos poliglotas? Pues puede que la personalidad cambie según la lengua que se use. Psicólogos de la universidad politécnica de Hong Kong así lo han publicado en el Personality and Social Psychology Bulleting. Two Languages, Two Personalities? Examining Language Effects on the Expression of Personality in a Bilingual Context


Estudiantes chinos nativos que hablaban inglés con fluidez se mostraban más extravertidos y abiertos conversando en inglés que en cantones. Este estudio sostiene que idioma que un individuo habla induce a adoptar rasgos de personalidad propios de la cultura asociada a la lengua usada o al colectivo que se dirige.
Volviendo al ejecutivo en cuestión que pudo haber sucedido. Quizá el explicarse usando las herramientas en red sea usar un nuevo lenguaje, y por ende lleve asociada una nueva cultura, más libre, más cooperativa, más tolerante, y haga aflorar una nueva personalidad acorde a estos valores. Si así fuere puede que también la red nos haga mejores. Que no se diga que no soy optimista. Claro que al final de toda burbuja siempre nos podemos refugiar en textos tan duros y pesimistas como los de la biblia, “por sus obras/frutos los conoceréis” Mateo 7, 15-20. Donde se da el consejo para distinguir a buenos de falsos profetas.

 

Inteligencia Emocional y mi Yo Digital

Se acaba el fin de semana y empiezo a pensar “negativamente” en la semana que comenzará. A ver, entre las reformas laborales, reorgas en el trabajo y crisis generalizada no estamos para tirar cohetes. Además preveo una semana de trabajo intenso donde solo interactuaré con el resto del mundo a través de la pantalla de un ordenador. Así que me he dicho, bueno ya que estoy viendo como introducir emociones a mi yo digital, y viendo  que mi inteligencia racional no me ayuda con el entono hostil, cómo podría aprovecharme con mi  inteligencia emocional en este mundo digital.

Según la definición de la wiki, La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Mal vamos, si de algo nos quejamos en este blog es de las múltiples carencias que existen en el mundo digital para expresar, y por tanto descubrir las emociones. Así pues, si además estamos de acuerdo con  la inseparabilidad entre emoción y razonamiento empezamos con un hándicap de partida. Pero seamos analíticos, desglosemos cuatro ejes de la inteligencia emocional.

  1. Capacidad para percibir las emociones de forma precisa. Bueno, aquí me encuentro muy confortable en la vida real, y mediante la información no verbal, tono de voz, gestos, forma de vestir, … soy capaz de intuir el estado anímico de mi interlocutor. Pero en el mundo digital apenas existe apenas componente no verbal. Como mucho intuyo el cabreo de jefes y clientes antes  fallos y retrasos, y mucho miedo a dejar por escrito algo comprometedor, no sea que cambie la situación y queden retratados en una opinión errónea.
    ¿Y en mi red social? Cualquiera se fía del estado de ánimo que la gente pone en su facebook. He de reconocer que una amiga mía estuvo poniendo mensajes, “en clave” sobre su enfermedad y ni me di cuenta.
  2. Capacidad para encauzar las emociones de suerte que faciliten el pensamiento y el razonamiento. Nada aquí tampoco veo que pueda rascar mucho del el mundo digital, si veo que mis colegas están contentos y por ende más proclives a realizar una labor u otra lo tengo que saber por mecanismos no digitales.
  3. Capacidad para comprender las emociones Aquí la Inteligencia emocional trata de la capacidad para comprender las emociones y sus transiciones, una persona hábil con esta competencia sería capaz de predecir cuándo una irritación desatendida puede desembocar en furia.
    Bueno, en este caso tanto en mi entorno laboral como en mi red social, más me vale que me apoye en informaciones fuera del contexto digital.
  4. Capacidad para controlar las emociones propias y de los demás. Bueno aquí al menos si me apoyo un poco en el ordenador, y he de reconocer que al principio del día o después de comer siempre elijo alguna tarea que me introduzca y me ordene mentalmente en lo que debo hacer. Ordenar los presupuestos en una hoja de calculo, si tengo que tomar alguna decisión económica, apuntar mis ideas en un mapa mental, si tengo que estructurar alguna presentación, …
    Probablemente con una buena presentación, o un buen esquema, también sea capaz de controlar en algo el raciocinio de mis colegas. Aunque no se hasta que punto les habré trasmitido mis emociones.

En definitiva:
Aunque el concepto de inteligencia emocional lanzado al estrellado por Daniel Goleman en 1995 parece que pierde relevancia en los medios, pienso que es una muy buena referencia para nuestra vida digital. Si por algo han tenido éxito las redes sociales ha sido por añadir una capacidad emocional que facilitan las relaciones. Por aprovecharse del EQ (Coeficiente Emocional), de las personas y abrir la red a todos con independencia del IQ (Coeficiente de inteligencia) de las mismas. Así pues intentaré de maximizar estos conceptos y engrandecer la inteligencia emocional de mi Yo Digital.

 

Por qué los informáticos no saben jugar al mus

Mi abuela Marta era ciega, pero me enseño a leer, y siempre conocía el estado de ánimo de todos en la casa, sólo con como hablábamos. Más tarde alguien me dijo que en los pueblos el ciego era el listo, y el sordo era el tonto. Básicamente, porque según él, aprendíamos por el oído, y pensándolo fríamente puede que tenga razón, por ejemplo, recordad un anuncio de la TV que os haya gustado, a que recordáis su música.


Ahora que ando metidos en descubrir las descubrir diferencias entre el mundo digital y biológico, y de las carencias emocionales que aun tiene el mundo digital reparo en cuanto estamos perdiendo de esta facultad de interpretar el valor añadido que da la voz al mensaje. Por las prisas, en la red todo aquello que no sea atómicamente indexable pierde valor. Por ese motivo suelo mandar antes una foto, con el momento preciso, que un video de tres minutos. Quién es capaz de esperar un tiempo indeterminado hasta que llegue el fotograma en cuestión. Prefiero una página web, que leo en diagonal o a saltos, que un post hablado, por el que no puedo navegar. Incluso en mi trabajo se pone de moda la mensajería instantánea como manera de administrar el tiempo y evitar interrupciones. Estoy de acuerdo en muchos casos pero claro se pierde toda la información no verbal, y se disminuye la componente emocional tan necesaria para formar equipo en el entorno laboral. La componente no verbal de las conversaciones esta cada vez más deteriorada, o si no pensad, ya todos somos capaces de ver cualquier película doblada sin notar que la boca se mueve de una forma mientras las palabras salen de otra.
Pero es más, cada cultura, cada lengua, tiene peculiaridades propias. ¿Podrá la red unificarlas? O debemos rendirnos y ver el mundo bajo un prisma anglosajón. Desde luego la red unifica, todos sabemos que el corta y pega es control c, control v. Pero, mientras en occidente el tiempo y la manera de escribir transcurre de izquierda a derecha, en oriente es desde arriba hacia abajo. En español, puente es masculino, mientras que en alemán es femenino (Die Brücke), y en cada caso se asocian atributos o de fortaleza o de gracilidad. Además cada lengua su idiosincrasia propia.
No creo que la red sea capaz de unificarnos, o al menos la componente emocional de cada cultura. Lo que es cierto es que no solemos ser conscientes de la importancia que tiene nuestra forma de hablar en temas tan espinosos como conseguir una pareja estable.  Y me refiero más al cómo que al qué.  James W. Pennebaker de Texas analizó las conversaciones de 40 parejas  durante una sesión de citas románticas de sólo cuatro minutos. Analizó el uso de artículos y expresiones tipo yo, él, esto, y, como,…  partículas gramaticales usadas en todos los contextos y que se usan de forma rápida e inconsciente. Pues bien, observo que las parejas que usaban palabras funcionales similares y con una frecuencia parecida tenían más tendencia a querer volver a “quedar”. (Cuanto darían muchos por aplicar bien estas técnicas en los chats de contactos). Con posterioridad Pennebaker estudió el uso de estas palabras en mensajes escritos cortos con 86 parejas estables, llegando a la misma conclusión.
No se sabe  si estas parejas son más estables porque per sé hablan de la misma manera o porque han aprendido a escucharse y modular los mensajes con la misma estructura, pero estoy seguro de que mi abuela ligaría más que muchos en un chat, y de que esta es la razón por la que muchos informáticos juegan tan mal al mus.

SOPA, PIPA, Megaupload y otras lindezas

Mis primeros días en la universidad fueron desconcertantes. Allí nadie compartía nada, y se rezumaba un espíritu de competitividad que no había vivido hasta entonces. A la primera que perdí una clase y pedí los apuntes de la misma me encontré con excusas peregrinas, había clanes que se guardaban sitios entre ellos,  y me sentía un bicho raro entre bichos más raros todavía.
Luego todo fue cambiando poco a poco. Bien es cierto que aun recuerdo compañeros que teniéndolo todo, PC propio, libros oficiales, … jamás compartieron nada y compañeros que ofrecieron todo sin esperar nada a cambio. Luego acabamos la carrera y mantengo contacto con muchos de mis colegas en la vida profesional.
Entretanto y sin esperarlo se fue desarrollando la red. Y curiosamente hemos ido aprendiendo a colaborar sin esperar nada a cambio y sin que nadie nos obligase a cooperar. Compartiendo canciones y películas, (Gran pecado), comentarios en los artículos de los periódicos, en los blogs, aportaciones en la wikipedia,… Es decir compartiendo y creando cultura. Bien es cierto que como todo en la vida, hay quienes sólo recogen y apenas aportan, pero estamos en este camino, y es imparable.


Ahora nos toca la SOPA, según la cual los americanos podrán ser jueces de la red, más de lo que aun lo son.  ¿Defendiendo su poderosa industria de creación de contenidos? También. Pero y ¿los conceptos que hemos ido asimilando en este tiempo? Y  ¿si aplicamos esta problemática a mi Yo Digital? pues resulta que siempre aparece  lo bueno asociado a compartir, y lo exclusivo, el comprar para uso y disfrute de uno mismo, no tanto. Si no comparar las frases comprar/compartir cultura, emociones, información, contenidos, y lo que se os ocurra…
Aun recuerdo de la universidad aquellos profesores que editaban su libro, que sólo era vendido entre los alumnos de su curso, para obtener unas ganancias extras mediante un público cautivo. Yo no siempre pude comprar aquellos libros, y desde luego siempre estuve en contra de este modelo de negocio por principio. De la misma forma que ahora que puedo permitírmelo tampoco estoy de acuerdo con pagar, microcomprar, todo aquello que otros si queremos compartir. Porque aunque yo si pueda ahora, hay muchos más que no pueden, y no debemos excluir de la cultura, del ocio y de la red a nadie simplemente por motivos económicos. Aun sigo pensando que el acceso a toda forma de cultura debiera ser un derecho universal, desde un estudio sobre la teoría de la relatividad hasta una película de Indiana Jones. 
La solución el tiempo nos la dará, pero no será la SOPA ni ninguna ley similar, y al igual que se extinguieron los dinosaurios se extinguirán los profesores que editan su libro, y las mega industrias que quieran tener cautivos y controlados sus contenidos sin que se compartan libremente.
Por cierto, con independencia del poder adquisitivo de quienes compartían o no en la universidad, me parece percibir, y es una intuición, que quienes compartían entonces  son ahora más felices, igual tenían predisposición a ello.
(Bueno la próxima semana seguiré con el contenido normal del blog pero esta semana tocaba SOPA)

La motivación, ¿puede ser digital?

Arghhhh, me desperezo, me despierto de estas vacaciones navideñas con unos kilillos de más y muy pocas ganas de comenzar el nuevo año laboral. Así que lo primero que se me ha ocurrido ha sido leer un artículo sobre las claves de la motivación. Después mientras lo digería y me preguntaba por qué hago lo que hago, que me gustaría hacer y cómo debería motivarme he tenido una idea genial. Este año no me pondré objetivos, se los pondré a mi Yo Digital.
Así dicho puede ser parecer una tontería, pero déjame explicarme. En primer lugar es una cuestión de coherencia. ¿No estoy abogando a favor del  Yo digital?, ¿no tenemos todos una componente digital cada vez mayor? dependencia del móvil, fotos guardadas en nuestro pc, en la nube, nuestras finanzas en la banca electrónica, nuestros amigos en las redes sociales, nuestra memoria en la wikipedia, y algunos hasta nuestras disertaciones en un blog… Si es así no voy  mal desencaminado.
Pero vayamos más allá. Poner objetivos a mi yo digital tiene una ventaja inicial y obvia, estos objetivos son fácilmente medibles, y por tanto controlables. Por ejemplo cada vez que corro, nado o me peso y lo anoto en una hoja de cálculo tengo el control inmediato de mi evolución física. Además para esto existen multitud de programas gratis que te ayudan, yo últimamente me apoyo en sportypal con mi móvil.
Pero al margen de esta obviedad si profundizo más puede que alcance una mayor ventaja al definir los objetivos de mi yo digital. Las áreas de motivación clásica caen en la clasificación de logro, poder o afiliación. Logro como la  necesidad de mejorar día a día, poder como impulso para ser superior a nuestros congéneres y afiliación para anteponer nuestra necesidad de querer y ser querido. Estos tres motores de la motivación están en nuestro subconsciente y por ende no siempre somos conocedores de ellos. Con ellos nos formamos una motivación implícita y subconsciente, luego está la motivación explicita, aquella que nos imponen el resto, lo que yo creo que esperan de mi, e incluso lo que yo creo que espero de mi. De aquí saldrán los objetivos de mi Yo Digital.
Al parecer se tiene un mayor grado de éxito si la motivación explicita coincide con nuestra motivación implícita, si los motores ajenos de motivación, en cuanto a logro, afiliación y poder, están alineados con nuestra forma subconsciente de ser. Es por ello que al menos este año voy a pensar en unos objetivos para mi Yo Digital más alineados con el yo subconsciente que creo ser. A ver si organizándolos consigo tener más éxito que estos años de crisis.
Una vez superada esta fase solo me quedará enunciar estos objetivos para mi Yo Digital, aunque esto será fácil, puesto que todo se hace en el plano digital o al menos tiene un reflejo en él. Y si no pensar como controlamos nuestras finanzas, como guardamos nuestros recuerdos, o incluso como podemos buscar una pareja sentimental.
Mientras pensaba en ello, y me autoanalizaba digitalmente he pensado en los twitter, y facebooks, de mis conocidos en redes digitales, qué fácilmente identificables son los que se mueven por motivos  de afiliación, más difíciles de identificar son los que están motivados por un afán de logro, y que claros están los que están guiados por el poder. ¿O no?



Mi yo digital vivirá en la nube

Asumámoslo, Bill Gates se retiró y Steve Jobs ha muerto. Uno popularizó, vulgarizó, el PC, el otro sublimó el resto de dispositivos, ipod, tablet y sobre todos iphones a las altas más altas cotas de exquisitez. Gracias a ambos hemos visto al tendero de la esquina tecleando nuestra cuenta en una pantalla táctil y a la Sra María enseñándonos las fotos de sus nietos en un iPhone. Pero ahora no se vislumbra ningún nuevo dispositivo disruptivo.  (Evidentemente si se adivinase a no sería rompedor) Pero eso sí todos hablamos, consciente o inconscientemente de la nube. En esta época de crisis, ¿sólo nos queda la nube?
Posteriores a Bill y Steve, a la vez que coetáneos con ellos están las compañías que nacieron y viven en y desde la nube. Google la más significativa, y aunque apuesta significativamente por los androids no creo que sea capaz de crear ningún dispositivo con el glamour de difunto Steve. Pero no importa, todos sabemos ya que el futuro está en la nube. Y dentro de unos ciclos más de nuestra CPU colectiva (un año o dos) puede que no importe tanto el dispositivo con el que accedamos a la nube, como el contenido que tengamos ella.
Evidentemente es bueno tener grandes autopistas y más agradable conducir un ferrari que un utilitario. Pero lo importante es viajar. Poco a poco las Telco construirán esas autopistas y todos tendremos un coche. O no. Hoy en día para viajar sirve cualquier coche, pero se farda más con unos que con otros. Igualmente se farda más con un iphone/android que con un android/Iphone. Bueno va en gustos, pero sólo sirven para acceder a la nube. Ah y para hablar, se me olvidaba.
Incluso en el caso de apareciese ese dispositivo rompedor sería para facilitarnos el acceso a la nube. Sigo teniendo mis esperanzas en el grafeno, en la computación cuántica, y en los derivados que pueden crear. Hace tres o cuatro décadas, todas las pelis de ciencia ficción cuando hablaban de los 2000s pintaban el futuro con coches voladores. Igual no se han construido porque no es a esas nubes a las que queremos ir.
Y mientras tanto, como será mi yo digital en la nube. Pues tengo clara una cosa. Mi memoria, mis recuerdos será fácilmente transportable a la nube. Seguramente todos tarde o temprano subamos nuestras fotos, películas, libros, … a la nube. No me queda duda que será un servicio a no muy alto precio que nos será ofertado. Si algo ha bajado hoy en día es el coste de almacenamiento. Cada día cuestan menos las memorias y cada vez se gestionan mejor. Poco a poco nos convenceremos que las fotos están más seguras en la nube, que en CDs, USBs, o en próximo PC a punto de perderse, romperse, ….¿darán gratis este servicio las Telcos? Si, por ejemplo Movistar tiene el Terabox. ¿Pero estaremos dispuestos a no cambiar de compañía solo por el hecho de no poder migrar nuestros recuerdos?
Y nuestras relaciones, amistades, y distintas personalidades/identidades que mantenemos en la red. Bueno, eso es más difícil. Hoy por hoy están en Facebook, quizá pasado mañana en google+, y ayer estuvieron en MSN, pero aun no existe un yo digital que gestionen nuestras distintas instancias en las redes sociales. Es un problema que no se sabe resolver pero para eso estamos aquí.
Y nuestro yo digital en la nube será gratis. Pues no, todo tiene un precio y aunque barato tendremos que pagar. Supongo que pagaremos por almacenar seguramente nuestros recuerdos, porque es un problema que las grandes compañías saben vender ( Google, Amazon, …), y a nosotros nos interesa estar seguros de que no se pierden. En cuanto a nuestras relaciones seguirán durante bastante tiempo en las redes sociales, gratis por supuesto.
Yo mientras tanto intentaré gastarme lo mínimo en dispositivos glamurosos y programas con licencia propietaria, iphones, u Offices de Microsoft, puesto que lo importante estará en el viaje y no en el vehículo.

Mi Yo digital, mi Yo digital laboral y mi Yo.

Se habla de la conciliación de la vida laboral y personal, y se considera algo muy bueno, pero que hay de la conciliación de mi yo digital laboral con mi yo digital íntimo. A qué me refiero. Pues a las facilidades/dificultades que todos tenemos para conmutar a mis distintos Yoes digitales.

En la intimidad de casa no tenemos ningún problema para acceder a la red con nuestros Yoes Laborales. Prácticamente todas las empresas permiten el acceso a las intranet corporativas para que, una vez salvados los requisitos de seguridad, nos sintamos como en el trabajo. (Incluso según veremos mucho mejor)
Pero y en la oficina, ¿qué facilidades tenemos para acceder con nuestros Yoes Digitales íntimos?
Pues ya no es lo mismo. Algunas empresas filtran aquellas direcciones de portales con contenido pornográfico y apuestas, … (bueno), otras impiden el acceso a determinadas redes sociales, Facebook, MSN, …  E incluso, las hay que no permiten el acceso a servidores de correo web como el gmail para evitar fugas de información.
Pero si tenemos la suerte de no estar en ninguno de esos casos, probablemente lo que más coarte nuestro Yo Digital íntimo en la empresa sea el estilo de oficina en sí,  dado que últimamente lo que más se lleva es el estilo de espacios abiertos, donde la intimidad de la pantalla del trabajador es limitada. Pero curiosamente incluso para el trabajo, para el Yo Digital Laboral, estos entornos disminuyen la productividad del trabajador.
Estudios de Alexander Haslam  y Craig Knight en la Journal of Experimental Psycology desvelan que:
Un entorno de trabajo atractivo aumenta la productividad, pero además si la oficina estaba decorada se trabajaba un 15 % más deprisa sin errores. La productividad y el bienestar aumentaba aun más, el 30 %, si la oficina estaba personalizada por el propio usuario.
Además del diseño y configuración afectan otros aspectos como la acústica. Percibir ruidos vocales irrelevantes desciende los grados de concentración en la lectura, memorización de números y sensación de bienestar.
Pero probablemente lo peor, al menos para mí, son aquellos lugares donde se percibe que el jefe puede vigilar controlar el puesto de trabajo. Entornos panópticos. Los mismos estudios demuestran que a mayor sensación de control menor capacidad del trabajador para concentrarse.
Evidentemente en entornos de este tipo, qué capacidad se tiene de en un descanso conmutar a tu yo digital íntimo, consultar lo que escribe tu chica en facebook, o incluso ver tu cuenta bancaria sin sentir la sensación de que como te vean, piensen que estas vagueando y perdiendo el tiempo.
Yo creo que como en el mus hay que perder un poco del tiempo en causas menores para ser más productivo en los momentos importantes. También que yo como persona tengo una vida interior, y un yo digital que enriquece a mi entorno, y que las empresas deberían valorar como un activo importante, en lugar de atajarlo como un cáncer.  Evidentemente no sería de recibo que todos los días un 80 % del tiempo el trabajador estuviese conectado a su red social  pero los seres humanos somos capaces de contagiar nuestro estados de ánimo: humor, pero también la creatividad, satisfacción y productividad (Ver post anteriores en este blog ). Quizá gracias a estos factores las empresas punto como de los 90s fueran más productivas además estoy muy de acuerdo con Colón que dijo algo así como: Encuentra la felicidad en el trabajo o nunca serás feliz. Claro que estas políticas de ahorro y espacio abiertos en las oficinas no están pensadas para favorecer estos conceptos.

Diferencias entre el mundo digital y biológico. Seguir aprendiendo.

Ando buscando diferencias entre el mundo digital y sus interacciones, mi yo digital, y mi yo biológico y sus formas de comunicación. Especialmente presto atención en el tintado emocional de los recuerdos, algo innato en cada recuerdo personal que tengo, y algo de lo que adolece cualquier fotografía en los distintos repositorios digitales. Por ejemplo si quisiese rememorar mi primer beso con lengua me vendría a la memoria el montón de sensaciones extrañas y contrapuestas que sentí en la oscuridad de aquel cine. Mientras que en el mundo digital prácticamente me es imposible guardar más allá de la imagen de la foto, el video, o el sonido de la canción, y en el fondo de todo ello, en los casos especialmente emotivos, vale más el envoltorio emocional del recuerdo que la imagen en si misma.
Estoy analizando y clasificando las distintas diferencias entre los dos mundos y me asaltan un montón de preguntas. Qué hacer cuando lo tenga claro. ¿Incorporar estas carencias emocionales al mundo digital? O simplemente ser consciente de ellas y seguir aprendiendo a interactuar en un mundo digital siempre extraño. (O al menos que evoluciona mucho más rápidamente que yo).

  • Evidentemente no puedo obviar esta realidad, sería como resistirme en su momento a usar calzado, a pesar de que por generaciones nuestra especie anduvo descalza. Y no sólo por ser moderno, sino porque es útil.
  • Adaptarme sin más a los nuevos usos, pues no. No quiero obviar todo el bagaje emocional con el que he llegado hasta aquí, y que ha debido ser interesante puesto que me considero relativamente feliz y equilibrado. Zapatos sí, pero sin tacón de aguja.
  • Entonces sólo me queda el remedio de seguir aprendiendo e incorporando en lo posible mis vivencias, ¿Es esto posible?

Al parecer si y no importa tanto ni la edad ni las aptitudes como la voluntad y perseverancia. Lo cual es magnífico puesto que si así fuere nadie estaría excluido de esta evolución. Además El aprendizaje transforma el cerebro (Scholz, Jan y Klein, Miriam). En este artículo de mente y cerebro se detallan diversos experimentos según los cuales las distintas personas sujetas a procesos de aprendizaje, como hacer juegos malabares, al cabo de varias semanas lograban modificar su estructura cerebral, tanto en la materia gris, como en las conexiones entre las distintas neuronas, materia blanca. Estas variaciones se constatan mediante técnicas de tomografía por resonancia magnética.
Y efectivamente, el encéfalo no es una estructura estática sino que se adapta sin cesar a las condiciones del entorno. Además aquellos engrosamientos debido a aprendizajes particulares perduran con el tiempo. Según se revelo mediantes estudios tomográficos a personas que estudiaron piano, aunque con el tiempo dejaron de practicarlo.
Y las nuevas generaciones. Pues tendrán que aprender desde el principio, pues no creo que está musculatura cerebral se trasmita de padres a hijos, lo cual es bueno, así cada cual que aprenda el entorno digital que le toque. Y por el camino espero que no se pierdan habilidades tan antiquísimas como contar cuentos, aunque siempre quedará la solución de leerlos, aunque sea de un blog. Es lo que toca.