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Diferencias entre el mundo digital y biológico. Seguir aprendiendo.

Ando buscando diferencias entre el mundo digital y sus interacciones, mi yo digital, y mi yo biológico y sus formas de comunicación. Especialmente presto atención en el tintado emocional de los recuerdos, algo innato en cada recuerdo personal que tengo, y algo de lo que adolece cualquier fotografía en los distintos repositorios digitales. Por ejemplo si quisiese rememorar mi primer beso con lengua me vendría a la memoria el montón de sensaciones extrañas y contrapuestas que sentí en la oscuridad de aquel cine. Mientras que en el mundo digital prácticamente me es imposible guardar más allá de la imagen de la foto, el video, o el sonido de la canción, y en el fondo de todo ello, en los casos especialmente emotivos, vale más el envoltorio emocional del recuerdo que la imagen en si misma.
Estoy analizando y clasificando las distintas diferencias entre los dos mundos y me asaltan un montón de preguntas. Qué hacer cuando lo tenga claro. ¿Incorporar estas carencias emocionales al mundo digital? O simplemente ser consciente de ellas y seguir aprendiendo a interactuar en un mundo digital siempre extraño. (O al menos que evoluciona mucho más rápidamente que yo).

  • Evidentemente no puedo obviar esta realidad, sería como resistirme en su momento a usar calzado, a pesar de que por generaciones nuestra especie anduvo descalza. Y no sólo por ser moderno, sino porque es útil.
  • Adaptarme sin más a los nuevos usos, pues no. No quiero obviar todo el bagaje emocional con el que he llegado hasta aquí, y que ha debido ser interesante puesto que me considero relativamente feliz y equilibrado. Zapatos sí, pero sin tacón de aguja.
  • Entonces sólo me queda el remedio de seguir aprendiendo e incorporando en lo posible mis vivencias, ¿Es esto posible?

Al parecer si y no importa tanto ni la edad ni las aptitudes como la voluntad y perseverancia. Lo cual es magnífico puesto que si así fuere nadie estaría excluido de esta evolución. Además El aprendizaje transforma el cerebro (Scholz, Jan y Klein, Miriam). En este artículo de mente y cerebro se detallan diversos experimentos según los cuales las distintas personas sujetas a procesos de aprendizaje, como hacer juegos malabares, al cabo de varias semanas lograban modificar su estructura cerebral, tanto en la materia gris, como en las conexiones entre las distintas neuronas, materia blanca. Estas variaciones se constatan mediante técnicas de tomografía por resonancia magnética.
Y efectivamente, el encéfalo no es una estructura estática sino que se adapta sin cesar a las condiciones del entorno. Además aquellos engrosamientos debido a aprendizajes particulares perduran con el tiempo. Según se revelo mediantes estudios tomográficos a personas que estudiaron piano, aunque con el tiempo dejaron de practicarlo.
Y las nuevas generaciones. Pues tendrán que aprender desde el principio, pues no creo que está musculatura cerebral se trasmita de padres a hijos, lo cual es bueno, así cada cual que aprenda el entorno digital que le toque. Y por el camino espero que no se pierdan habilidades tan antiquísimas como contar cuentos, aunque siempre quedará la solución de leerlos, aunque sea de un blog. Es lo que toca.

reputación vs reputación digital

Casi todas las personas son tan felices como deciden serlo”. Abraham Lincoln. Leí esta frase hace unas semanas y no me queda más remedio que estar de acuerdo. Por muchos motivos pero sobre todo porque intuitivamente creo que tiene razón. Además dice “Casi todas las personas…” con lo que deja un margen para las desgracias inevitables y accidentes imprevisibles.
Pero además recordé una frase que también me dijo un jefe según empecé a trabajar en una gran multinacional hace mucho tiempo, y que más o menos era igual. “Casi todos las personas llegan a ser tan jefes como quieren ser”. En aquel momento me reí. Ilusa juventud. Pensaba entonces que el principal medio de ascenso era tu capacidad, los logros, el mérito y el esfuerzo. Luego mirando hacia atrás, puedo subscribir al 100 % la frase. Había quienes tenían aspiraciones de poder y lograron ascender al y en el estatus directivo. Algunos con unos mediocres méritos personales, pero he de reconocer que con gran ambición y empeño. Supongo que según avanzamos en la carrera laboral nos encontramos con estos casos. Afortunadamente para mi forma de ser siempre me pareció que la felicidad y el poder no estaban estrechamente relacionados aunque guarden relación.
¿Pero y la reputación? También podríamos decir eso de:  “Casi todas las personas tienen la reputación (digital o no) que deciden tener” ¿? A ver. Básicamente la reputación no es algo intrínseco a la persona, es algo que te tienen que otorgar el resto de la comunidad en función de tus acciones, pero también de las opiniones y el intercambio de las mismas que se generan sobre ti.
Por qué escribo sobre esto, pues porque se me ocurrió ver cuál era mi reputación digital y empecé a juguetear con Klout. Y hubo algo que me llamó mucho la atención, y no fue mi reputación personal, sino la diferencia que existía entra la reputación medida digitalmente y la percibida humanamente por varias personas que conozco y con las que he interactuado.
Me llamo tanto la atención que no dejo de pensar en ello. Hay grandes personas que apenas tienen reputación digital y esto es porque no están en la red. “Lo que no está en la red no existe”.  Pero también he visto a personas con una gran reputación digital no acompañada por su valor humano. Evidentemente no es lo mismo e igual estoy pecando de iluso otra vez pero una vez sobrepuesto a mi sorpresa inicial he pensado que esto es muy bueno. Aunque te estés forjando el infierno en la vida real puedes alcanzar la gloria digital, y siempre será más fácil que te conozcan digitalmente infinidad de personas mientras que en la vida real sólo unos pocos. (Cuantos estamos hablando de Steve Jobs sin haberle conocido)
En fin voy a estudiar más este tema teniendo en cuenta que tan importantes son las exposiciones que todos hacemos al mundo digital como las opiniones que están generan y quizás este sea el punto que haga diferenciar más la reputación digital de la percibida humanamente. Todos podemos comentar lo que opinamos de los que están arriba, en la intimidad tomándonos un café, pero cualquiera deja escrito en un blog lo que opinamos de nuestros jefes.
En fin, otra diferencia digital más.

Mi yo digital individual vs mi yo digital social

Este fin de semana me decidí a ordenar mis círculos de google+ y según iba pasando por cada grupo, amigos, colegas, familia, familiares,  … iba notando que mi yo digital cambiaba. Es más, en cada uno de ellos me gustaría tener una foto distinta. Y me di cuenta de que me estaba estereotipando según el círculo en el que me encontrarse. Esto es ¿bueno, malo, natural? La verdad es que no me hizo mucha gracia.
Existe la teoría de que muchas veces nuestros éxitos o fracasos se deben no sólo a nuestra capacidad natural sino a las ideas preconcebidas que otros tienen sobre el grupo al que pertenecemos y que estas ideas nos influyen a la hora de comportarnos.
Varios ejemplos:
Sian L. Beilock, de la universidad de Chicago, publicaba en 2007 que si a las estudiantes femeninas se les informaba del estereotipo de que los hombres estaban más dotados para las matemáticas tendían a rendir  peor en este tipo de ejercicios que si no conocían este prejuicio.
Bueno, al menos no todas las características de los estereotipos son para mal. Algunas pueden ayudarnos. Margaret Shih, de la Universidad de Harvard realizó el siguiente experimento con mujeres voluntarias de origen asiático. En una fase se les concienció de su  condición de mujeres, (estereotipo: peores dotadas para las matemáticas) y en otra fase de su condición de asiáticas (Con el estereotipo de que este grupo étnico es superior en las matemáticas). Y en cada caso obtuvieron peor y mejor resultado que la media.
Por ejemplos como estos no me hizo mucha gracia el darme cuenta que me estaba estereotipando digitalmente. Básicamente es un reconocimiento de que mi yo digital, único, individual e individualista se pliega a las ideas preconcebidas del grupo en el que me ubico. No me importa comportarme según las pautas, lenguaje, chistes y forma de ser de cada grupo en cada momento. Por eso empatizo con cada círculo, pero si me molesta, que las ideas preconcebidas del grupo me condiciones más allá del mismo.
De hecho mi primer login digital, vallekas, fue una reivindicación de que a pesar de muchos prejuicios en contra se podía programar mejor que en Palo Alto, y puede que el manejador de interrupciones que codifiqué también se deba a esta cabezonería. (Por cierto acabaron copiándomelo estos californianos)
También me preocupa la ingente información social que poseen de  nosotros las distintas redes sociales, y el uso que le podrían dar. Por ejemplo en Google o Facebook, no solo van a saber nuestros gustos, que páginas visitamos, que amigos tenemos, sino a que grupo pertenecemos en cada momento. Esto es fundamental para enviarnos el mensaje preciso dependiendo de la situación. Veamos otro estudio:
Penelope Oakes, de la Universidad Nacional Australiana, sugiere que los estereotipos sociales son flexibles. Así comprobó que un grupo de estudiantes de psicología cambiaba su percepción dependiendo de si se comparaban con estudiantes de ciencias experimentales o de teatro. Dependiendo de con quien se les confrontasen recibían estímulos positivos o negativos al tener que realizar una tarea bien científica bien humanística.
En fin, las redes sociales están aquí y se van a quedar para siempre, y por ahora solo nos queda ser optimistas y pensar que se utilizarán con mesura, respetando nuestra intimidad y nuestros derechos digitales, en muchos casos aun no escritos. O por lo menos concienciarnos de toda la información social que estamos ofreciendo y de los múltiples usos no deseados que se podrían hacer con ella.

 

Mató la Blackberry a las Neuronas espejo?

Sábado por la noche. Paseo rápido hacía la Peñota, en la sierra de Guadarrama, huyendo de las luces de la urbanización con la ilusión de ver las estrellas antes de que salga la luna, qué será casi llena. En el firmamento luce Júpiter. Los perros ladran por doquier. Es un paseo hacía el siglo XX y unas ganas de sentirme sólo despojado de tecnología para pensar. Pero es mentira. Además de la navaja que suelo llevar cuando voy al campo, como en siglos pasados, llevo mi Smartphone, que me ata al presente, es más, si sé que es Júpiter el que brilla lo sé porque lo aprendí mirando el cielo a través del google sky map.

Pero es una buena ocasión para pensar, y pienso cómo ha llevado el apagón digital de su blackberry mi hijo. Y cómo me ha sorprendido.  Cuando le he recabado a contactar con sus amigos para saber si quedaban o no y organizar la intendencia familiar, en lugar de usar el teléfono se conectaba con el ordenador y chateaba con ellos. Por más que he insistido no he logrado que hiciera una sola llamada.
Luego ya más de noche en el Carpe Diem, un pub de Los Molinos, surge la sorpresa, hay una fiesta, y primero un cuenta cuentos, con la sola ayuda de voz, y después una cantante, sola con su guitarra, alinea a todos los presentes y logra que se canté, bailé y tararee al ritmo de su canción. Sin ninguna ayuda tecnológica. No cuento ni la iluminación ni las copas. Cuando pienso en cómo se ha conseguido este alineamiento emocional casi mágico no puedo olvidarme de las neuronas espejo.
Las neuronas espejo son un descubrimiento relativamente reciente, de los 90’s. Según la Wikipedia se denominan neuronas especulares o neuronas espejo a una cierta clase de neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar por otro individuo, especialmente un congénere.


Es más, se supone que estas celulas constituyen el mecanismo neuronal que explica la propagación de emociones entre individuos. Este mecanismo empático puede que sea el responsable capaz de difundir y contagiar emociones de forma rápida entre comunidades. ¿Puede la red activar el funcionamiento de estas neuronas? No me cabe la menor duda en algunos casos como con Las carcajadas de Carlos Sobera pero dudo mucho que el chat de la Blackberry las active con la misma intensidad, es más cabría preguntarse si el uso continuado de comunicaciones no presenciales, chat, mail, en mi trabajo ( Es así de antiguo) y redes sociales fuera de él, inhiben su comportamiento. (De forma reversible?)
En fin, esta es otra diferencia más entre la vida digital y analógica a tener en cuenta para cuando caigamos durante largos periodos en el mundo virtual. Y si queremos hacer un mundo digital más emocional tendremos que tener en cuenta el  cómo transportar los mecanismos innatos que nos hacer ser la especie emocional que somos.
Mientras tanto me ha alegrado ver liberados por unos días a algunos de su Blackberry.

Profecías autocumplidas y el poder de Google

Según la definición de la Wikipedia, profecía autocumplida o autorrealizada es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad.
Ahora veamos la siguiente noticia que apareció el miércoles de la semana pasada: el economista jefe de Google , Hal Varian, ha asegurado hoy que las búsquedas de Google permiten interpretar el futuro económico y que los datos en España apuntan que la crisis actual no se resolverá a corto plazo.
Genial como elemento de venta. Estoy totalmente de acuerdo que el conocer lo que la gente busca, cómo lo busca, y en muchos casos quién lo busca es una poderosa herramienta de análisis de mercados. Además poner un ejemplo como el que pone: “los datos en España apuntan que la crisis actual no se resolverá a corto plazo” ayuda sobremanera a vender el mensaje principal: “Hagan caso a la poderosa herramienta de análisis de las búsquedas de Google”. Por el camino estamos abonando el terreno a una profecía autocumplida, y si no hay van varios titulares:
Me impresiona el gran poder que tiene Google, en especial el que le da el conocimiento de lo que la gente busca. Además me imagino que podrán discernir también quién es el que busca, no debe tener el mismo peso un ciudadano de a pie desde su adsl, que las búsquedas desde una agencia de estudios de mercado. Por cierto, estas empresas habrán hecho ya algo por encubrir sus búsquedas. ¿Tendremos derecho a ocultar nuestras búsquedas o que al menos sean privadas? Y a qué nuestras búsquedas no se computen para realizar predicciones como la anterior.
Bueno, creo que aún no estamos mentalizados ni para lo uno ni para lo otro. Además quién controla al observador universal que es Google. Nadie. Supongo que el único que tiene que poder para controlarlo es él mismo. Como agradecería la figura de un defensor del pueblo en Google. Es decir un representante independiente que pudiendo hurgar en los entresijos de los algoritmos de buscador garantizase que los cambios en el Page Rank, las estadísticas de las búsquedas, y demás datos que deja entrever Google son limpios y no tendenciosos.
Por lo demás la noticia anterior sí que va camino de ser una profecía autocumplida. Claro que esto lo veremos dentro de unos años si salimos o no de la crisis. En cualquier caso, el culpable en uno o en otro sentido nunca será Google. Pero me asusta el gran poder que puede quién pose estas herramientas de análisis sobre todo si alguien se dedica a profetizar con ellas.
  • En realidad me preocupa que exista la capacidad de tener este conocimiento y sólo sea accesible a un reducido grupo de personas.
  • Me preocupa que, aun en el caso de que este conocimiento se abriese al público en general,  no poder tener nunca la certeza del grado pureza de los datos. Quién controla al que ofrece el dato.
  • Me preocupa que quién tenga ese conocimiento se dedique a profetizar en beneficio a sus propios intereses, y además dando datos que refuercen el mensaje ante quienes estamos indefensos sin acceso ante este tipo de herramientas.
Y me preocupa que esto apenas preocupe a la gente. Pero para eso escribimos aquí.

Mens (Digital) Sana in Corpore (Smartphone) Sano. Mi Yo Digital Deportista.

Tengo que hacer (más) deporte. El deporte es un hábito (como la lectura o como el del monje) y no puedo perderlo. Y que razones me doy habitualmente para vencer mi innata pereza antes de ponerme las zapatillas, el bañador o coger la bici. Pues que perderé algún kilo, que soportaré mejor el estrés, que estaré más bueno (aun) y sobre todo que me disciplinará para ser mejor organizado y resistente ante la multitud de tareas, necesarias y aburridas, tanto en el trabajo como en el hogar.
Pero además resulta que hacer deporte facilita el desarrollo cerebral. ¡!! Esta también sería una buena razón. Aunque siga pensando que la red, y nuestras vivencias virtuales serán las que nos muten y evolucionen nuestra mente resulta que hacer deporte si parece que funciona y nos mejora cerebralmente. Veamos.
Primero, lo dijeron los clásicos. Mens Sana In Corpore Sano, y eso es un punto, pero además resulta que hay estudios que lo corroboran.
Phillip Tomporowsky en 2008, investigador de la universidad de Georgia en Atenas, pública un estudio según el cual los niños con mejores condiciones físicas obtienen un mayor rendimiento escolar.
Marian Diamond de Berkerley tras entrenar a ratas a mediante ejercicio físico y analizar su cerebro comprobó que en general la corteza cerebral responsable de las funciones cognitivas superiores estaba mejor vascularizada y era de mayor grosor.
Esto funciona con humanos? Ana Pereira de la universidad de Columbia en Nueva York estudió a un grupo de voluntarios de entre 21 y 45 años sin experiencia en practicar ejercicio continuado, les sometió a una prueba de memoria y a una imagen tomográfica mediante escáner, a hacer ejercicio y al finalizar el programa también se comprobó un aumento en la vascularización del hipocampo y mejores puntuaciones en los test.
Y mi Yo Digital qué? dormitando en el PC. Vamos levántate y corre le dije. Estoy intentando unir los dos mundos el virtual y el físico a ver si consigo una realimentación positiva entre ambos, y ahora corro con mi Smartphone, que me registra con el GPS cada carrera, que es capaz de comparar el rendimiento de cada día con los anteriores, y que me ha creado el gusanillo de ver como he mejorado o empeorado cada día analíticamente, con cifras y datos. Como decimos cuando tratamos los problemas de calidad, “lo que no se mide no se puede mejorar” y definitivamente con un Smartphone puedes medirlo casi todo. Y además existen multitud de programas que lo hacen hasta divertido. Lo que no consigo es volverme un deportista 2.0 y publicar, compartir, mis cronos con la red. Al menos mientras sean tan malos.
La verdad es que he logrado dar un impulso a mi actividad física, (No aun a mis marcas, ni a mi silueta) y tampoco sé si he  logrado aumentar el grosor o la  capilarización de mi cortex cerebral. Ahora me queda la inversa.
Vinoth Ranganathan, de la Clínica Clevenlan, Ohio, invitó a 30 adultos a imaginarse con la mayor intensidad posible que doblaban su dedo menique, así durante 15 minutos, cinco días a la semana durante doce semanas. Y al final el dedo menique de estos atletas mentales había aumentado un 35 % su fuerza muscular.
Veré como puedo programar a mi Yo Digital, con Smartphone o sin él, para que haga deporte él sólo, virtualmente, y que  repercuta en mi Mente y Cuerpo físico.

La red nos hará iguales ?????

Pues creo y espero que no, porque creo que en la diversidad está la solución. ¿Pero es qué somos diferentes? Muchos pensamos en la web X.0 como un catalizador e igualador de oportunidades. ¿La red nos homogeniza? Al menos difunde y democratiza el acceso a la información. Pero ¿nos hará iguales?, ¿Somos ahora diferentes? Pues parece que somos más diferentes de lo que pensamos, globalmente hablando. Tengo un amigo colega de la universidad, trabajando en una multinacional china en su sede de Madrid, y no le cabe la menor duda.
Estudiando  el funcionamiento del cerebro se ha comprobado que además de la herencia genética, y su morfología biológica particular tiene especial influencia el entorno socio cultural en que se haya desarrollado. Hasta el extremo de que dependiendo de la cultura se activan de manera diferente las zonas del cerebro que responden a los mismos estímulos.
En este sentido se han desarrolladºo multitud de experimentos entre culturas alejadas geográficamente, como la occidental, europea y americana y la oriental, china. Y los resultados de los experimentos parecen corroborar que efectivamente mientras que el pensamiento occidental tiende a ser analítico el  asiático tiene una componente mayor holística.
Ejemplos de estos experimentos son:
  • Ante una imagen de una taza de té en distintos ambientes a la hora de describir los detalles de la foto, los occidentales memorizaron el objeto de primer plano obviando el entorno. Así ante la misma foto cambiando la cocina del fondo, occidentales no se percataron de  estos cambios mientras que los orientales sí.
  • Curioso me ha parecido también el experimento de agrupar mediante círculos animales y plantas, (y ya me estoy delatando como occidental) En un grupo de Vaca, Mono, Hierba, plátano, los occidentales tendían a unir animales y planta en círculos distintos mientras que orientales resaltaban la conexión, mono-plátano, vaca-hierba.
  • Claro que el experimento que más me impresionó fue el de Ying Zhu de la universidad de Pekín en 2006. Él se preguntaba si el concepto de sí mismo chino difería del de los estudiantes occidentales. Para ello reclutó voluntarios tanto en Pekín como en Nueva York y valorando diversos adjetivos debían relacionarlos consigo mismo, con su madre, o con un personaje ajeno. (En su momento Bill Clinton y el jefe del estado chino Rongji Zhu). En este experimento se realizó un escáner cerebral.
La actividad cerebral en ambos conjuntos de individuos se incrementó en las mismas áreas cerebrales cuando se referían a sí mismo. (Corteza pre frontal media y corteza cingular anterior) cosa que no sucedía cuando se referían o a Clinton o a Zhu. Sin embargo cuando se referían a la madre, occidentales tendían a reflejarla más como un extraño, mientras que orientales activaban las mismas zonas que cuando se referían al yo propio.
¿Y en las redes sociales como funcionaríamos los distintos Yoes digitales de las distintas culturas?¿Nos volveríamos más homogéneos? En realidad es una pregunta de ciencia ficción, pues aún queda un largo recorrido. (De hecho Facebook sigue vetado en China) y los impedimentos lingüísticos son todavía infranqueables. Pero al menos creo que es bueno reflexionar de cómo estos aspectos culturales cognitivos no visibles en contraposición a la imagen física o forma de vestir, pueden afectar a la creación y funcionamiento de las redes sociales.

La confianza digital

La confianza mueve el mundo. Bueno, es una exageración, pero desde luego ayuda. Y desde luego en el mundo digital sí que es una de las fuerzas que lo hace evolucionar. Se habla de reputación digital, de recomendaciones, …, pero en el fondo en siempre está como telón de fondo la confianza. ¿Por qué llegamos a confiar más en un blog especializado en fotografía que en una carísima campaña de marketing?


Desde luego en la vida real, en general, estamos acostumbrados a convivir en ciudades, en multitud de ambientes y barrios, y desconociendo a la mayoría de nuestros interlocutores. En la vida digital ni te cuento.  Buscando una explicación emocional de cómo funcionan los mecanismos de confianza me interesó un artículo de Paul J. Zak, sobre la neurobiología de la confianza, y la importancia que tiene la oxitocina en nuestros mecanismos biológicos relacionados con los procesos de confianza.
Paul J. Zak junto con  Stephen Kanck estaban intentando allá por 1998 averiguar porque variaba tanto la confianza interpersonal de un país a otro y descubrieron que el nivel de  confianza es un indicador que está muy correlado con el índice de riqueza del país. Curioso. Pero al parecer en países con bajo nivel de confianza los ciudadanos no emprenden inversiones a largo plazo, de las que crean riqueza. Ahora que estamos en crisis todos estos conceptos nos suenan más.
Mediante experimentos con animales descubrieron que la oxitocina en mamíferos estaba muy relacionada con los factores de confianza. Para los humanos idearon un experimento que resumido brevemente consistía en dividir a los individuos por parejas y sin conocerse, el individuo A pudiese dar dinero a individuo B. Lo que le daba se le multiplicaba por tres, y entonces el  individuo B, podía devolver al individuo A la cantidad que quisiese, sin obligación ninguna de hacerlo. Inmediatamente después se analizaban los volúmenes de oxitocina en sangre.
Se comprobó que el hecho de recibir dinero y confianza en los sujetos B generaba una sensación placentera por la confianza recibida, aumentaban sus niveles de oxitocina y con ella se reforzaban los sentimientos positivos siendo proclives a devolver más dinero a los individuos A.
No nos suena esto con cada vez que recibimos una mención en una red social, y de cómo luego recíprocamente respondemos a nuestro interlocutor A.
El experimento va más allá y estimulando a los individuos del experimento con oxitocina o placebo, se incrementaban los resultados positivos de confianza.
Hasta ahora para mi la oxitocina era simplemente un suero para ayudar a las contracciones de las parturientas, pero ahora me hace reflexionar sobre lo bueno que es vivir confiado y sobre todo de la necesidad de tener confianza; en el futuro, en tu pareja, en tu trabajo, en tus capacidades … Igual  como especie somos lo que somos porque confiamos en otros para bien, los jefes los llaman delegar, y para mal, algunos regidores lo llaman piratear en el p2p. Creo, confío, que este mundo digital nos hace más comunicativos y cooperantes, o al menos demuestra que aún tenemos mucha capacidad para confiar y mucha oxitocina que generar. (Claro, que hasta ciertos límites)

Se acabó el verano

Se acabó el verano, bueno probablemente hace una semana, y comenzará en breve el otoño, siempre más digital que el verano.

Lamentablemente, y para mi bien, veo que en estas vacaciones me he permitido el gran lujo de perder el tiempo, el tiempo digital también. Relajé mis costumbres analógicas, el deporte, la comida, los horarios y las madrugadas. Y mis costumbres digitales también, el blog, mi atención a las redes sociales, y sobre todo a esa lacra incluso anterior a la beta de la web 1.0 que es el e-mail.

Ahora toca volver a recuperar los automatismos vitales un par de semanas más de desconexión y sería irrecuperable, analógica y digitalmente.  Y ¿qué ha pasado esté verano?. La  bolsa se hundió un par de veces, en España se aprobó un cambio constitucional con agosticidad  y yo mientras viendo atardecer en el cabo de trafalgar. Y los agentes digitales seguían trabajando insensibles a esta dolencia estival. Google compra Motorola, (El enemigo ahora es Apple, no el vetusto Microsoft) y ¿Apple? Se retira Steve Jobs!!! Quién me va a presentar ahora la nueva Apple i TV o la nueva obviedad que todos estábamos esperando para mover el cotarro. Porque desde luego si Apple ganó la cotización bursátil que tiene fue gracias a poder prescribir que debía fabricar el resto de la industria, más barato y a coste de una estética que no era Apple. Aunque soy pro Android, no veo un líder en Google capaz de revolucionar los instrumentos que nos hagan evolucionar digitalmente.

Y mientras tanto sigo recuperando esas costumbres perdidas, los horarios, el deporte y cómo no mis distintas relaciones con el yo digital virtual,  los colegas, los amigos, (qué no es lo mismo y así los distingo en el google plus), y en el entorno laboral ese maldito mail, (qué anticuado está esto todavía!) y a recuperarme en las redes sociales y cómo no este blog.

Y en este pesimismo vital que me produce abandonar esta vida relajada me planteo la duda: No era la revolución digital la que nos haría aprovechar mejor nuestras capacidades cognitivas. Por  la terrible sospecha de que: es el entorno digital es el que nos circunscribe a nuestra realidad cognitiva, los medios económicos los que nos limitan el acceso al mundo digital, y sobre todo nuestras ganas de seguir en la brecha la que nos hacen quedarnos en postura de confort.

En fin ya llegará el otoño y me seguiré poniendo a punto, y echando alguna que otra quiniela por si cuela y me puedo echar a perder.

Ordenando sentimientos en el mundo digital

Te reto. Una prueba simple y molesta. Recuerdas dónde fuiste de vacaciones el año pasado. Y el anterior, y hace 7 años. Y con quién fuiste en cada año. ¿Cuesta eh? ¡Cuántos recuerdos hemos olvidado! y es natural, somos así.  Sin embargo desde que existe la fotografía digital nos podemos apoyar en ella para  recordar en donde estuvimos  si hemos tenido un poco de orden al archivar nuestros álbumes digitales. En mi caso, que también tengo vacaciones en fotografías de papel, me resulta casi imposible ordenar donde estuve aquellos veranos predigitales y saber exactamente cuál fue el año de cada uno. Y desde luego, cuando era adolescente e íbamos de vacaciones en pandilla sólo recuerdo a unos pocos amig@s, luego en las fotografías aparecen más personajes anodinos ahora y probablemente entonces también.

Ordenando emocionalmente.

Pero aun en el caso de las vacaciones con fotografía digital tenemos otro problema. Cómo encontrar aquella la foto tan maravillosa que te viene a la memoria, sí aquella, en las que estabas abrazado con tu chica viendo una puesta de sol,  y totalmente emocionado. Evidentemente el nombre de la foto una vez encontrada, DSCN1260.jpg, no te ayudó nada. Incluso el directorio donde las guardaste, vacaciones 2002/playa tampoco. (Yo no recordaba exactamente qué año fue). Recordamos la sensación (intensa), el sentimiento (enamoradísimo), el color del momento, (anaranjado puesta de sol), la música (Kiko Veneno) e incluso su perfume (el olor, no el nombre). Y es que recordamos por emociones, algo que se olvida en todas las herramientas actuales, google +, Facebook, …, y si no podemos guardar nuestros recuerdos emocionalmente difícilmente los podemos recuperar intuitivamente como lo hacemos ahora.

Porque intuitivamente para rememorar el recuerdo de aquel momento con ella empezamos a filtrar por el sentimiento, el ambiente, la música e incluso el tacto de la brisa, y para nada recordamos ni el año, ni incluso el mes dentro del año. (Qué es como se guardan muchos álbumes digitales).

Además este mundo digital nos está cambiando la forma de usar nuestra memoria y por ende nuestros mecanismos de relacionar  la información.  Hemos tratado el tema en muchos post, por ejemplo en ¿internet nos hace más inteligentes? ¿Dónde está la memoria?,    Construyendo mi memoria digital … y como todo parecía apuntar parte de nuestra memoria también está en google, Investigación y Ciencia publica el efecto google,  en que narra una serie de experimentos según los cuales, los sujetos de los mismos obvian apuntar, o recordar la información que se les da, si suponen que la pueden encontrar en la red.

Pero lo que google ni nadie aun te da es como guardar emocionalmente tus recuerdos, así que tenlo en cuenta mientras construyes tu Yo Digital, pues si no atas la información a los sentimientos, probablemente no la puedas recuperar tan fácilmente. (¿A qué no sabías donde estabas ni con quién en 2005?)