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GOOGLEAR PUEDE SER PERJUDICIAL PARA LA INTIMIDAD.

fumar.jpgPues sí, me quede de piedra cuando leí lo que dice el Google Chief, Eric Schmidt : Only miscreants worry about net privacy. If you don't want anyone to know, don't do it . Lo que traduzco cómo. Sólo los malhechores se deberían preocupar de la privacidad de la red. Si tú no quieres que alguien lo sepa, no lo hagas.

Unas de las motivaciones más claras que teníamos cuando nos embarcamos en la aventura del yo digital era la de concienciar de la importancia del rastro de nuestra intimidad que vamos dejando por la red. Y opiniones como la de Eric Schmidt ponen de manifiesto la importancia de tal motivación.
Amén de las diferencias que tiene la vida digital con la biológica, cómo que las acciones digitales prevalecen para siempre y que además se pierde fácilmente el contexto de cuando se realizan encima esto

  • el-zorro.jpgPrevalecen: ¿Alguien intentó darse de baja de Facebook?
  • Contexto: Además google está guardando infinidad de nuestras acciones digitales. ¿Pero y el contexto? Qué fácil será malinterpretar cualquier cosa que dijimos hace varios años en un contexto determinado.

Yo cara a cara en una conversación verbal puedo decir, somos unos marikas, (Coloquialmente, sin tener nada en contra de la homosexualidad) y se entiende en el contexto en cuestión. Pero digitalmente si lo digo ahora, dentro de tres años se habrá perdido el contexto y el mensaje que queda estará desvirtuado.

Pero es preocupante estos comentarios vengan del chief de google, porque todos estamos y/o nos relacionamos con google y porque no es un don nadie. Y realmente todos estamos bajo sospecha de malhechores. Yo mismamente por haber hecho un comentario homofogo en este post.

Me recuerda a los curas ortodoxos, aquellos que decían que había pecados de hecho, pensamiento y omisión. Vamos si entras en una web pornográfica, eres un pornógrafo? El cura en cuestión tenía claro que si mirabas a una mujer (del vecino o no) era lujuria para empezar.
Además con esa amplitud de miras de Eric Schmidt, ¿quién decide lo que está bien o está mal? Y quién decide a años vista lo que estará bien o estará mal.
Supongo que se darán un montón de explicaciones plausibles a estos comentarios pero el mal ya está hecho, he sacado las palabras del google chief fuera de un contexto plausible, y ya no me creo nada.
Así pues declaro que he sido, soy o seré un malhechor digital.

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¿Por cuánto vendes tu vida privada?

PrivacidadUn artículo publicado recientemente, “Adiós a la privacidad en la red ”, me ha recordado los numerosos estudios que se están haciendo para explicar las motivaciones que impulsan a las personas (especialmente a los adolescentes) a mostrar al mundo hasta el más mínimo detalle de sus vidas privadas, a llevar una cámara incorporada que va grabando y mostrando en Internet lo que hace en cada momento, a colgar en la red y hacer públicas las ecografías de su futuro hijo, etc. Lo cual, dicho sea de paso, está facilitando cada vez más la labor de los departamentos de recursos humanos de las empresas, proporcionándoles una fuente de información interesante a la hora de seleccionar candidatos.

Y entre el extremo de los podríamos llamar exhibicionistas o inconscientes y el extremo opuesto de los que defienden a ultranza que se prohíba la recolección de datos personales y su procesamiento, nos encontramos una gran cantidad de personas que estamos dispuestas a ceder conscientemente parte de nuestra privacidad a cambio de algún beneficio (una cuenta de correo electrónico gratuita, un lugar en el que compartir las fotos, un sitio donde poder chatear y reunirse virtualmente con los amigos, la personalización de un sitio web, etc.). Y es precisamente el beneficio que vamos a obtener el que determina hasta dónde estamos dispuestos a llegar.

Es curioso porque si, cuando nos estamos registrando en sitio web para, por ejemplo, comprar algo, además de pedirnos el nombre y la dirección, nos pidieran que le contásemos qué hemos hecho durante el fin de semana, con quién hemos estado y que lo acompañásemos de fotos o vídeos que ilustrasen esas actividades, seguro que muchos pensaríamos que se han pasado de la raya y no finalizaríamos el proceso de compra. Sin embargo, esa percepción cambia cuando se trata de otro tipo de lugares, y sí estaríamos dispuestos a hacerlo en sitios como Facebook.

El problema es que muchas veces al ceder parte de nuestra privacidad a cambio de algún beneficio, no somos conscientes de en qué medida lo estamos haciendo. Cuando nos instalamos una herramienta como Google Chrome o nos damos de alta en una red social como Facebook , ¿cuántas personas se leen las condiciones (algunas veces de dudosa legalidad) que la correspondiente compañía impone para su uso antes de pulsar el botón “I accept”? En mi opinión son pocos los que dedican su tiempo a leer unos textos que, escritos en un lenguaje plagado de términos legales, los hacen difícilmente inteligibles para el común de los mortales. Más aún, no somos conscientes de que esta cesión limitada de acceso a nuestra privacidad, multiplicada por miles o millones, constituye la base del negocio de muchas compañías.

Si supieras que cuando te das de alta en una red social, ésta se convierte en la dueña de todos los datos personales, fotos, vídeos, etc. que incluyas en la misma y que incluso puede ceder esos datos a terceras empresas, ¿pulsarías el botón tan alegremente o pensarías que se han pasado de la raya? ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar? Más aún, ¿te has hecho alguna vez esa pregunta? Desde luego a mí me gustaría que mi Yo Digital me ayudase a gestionar esa frontera, a ser consciente y a asegurarme de que se cumplen mis deseos de forma sencilla y transparente.

¿Y si mi vida digital me sobrevive?

Recientemente he leído una interesante reflexión titulada "Personal Agents for Impersonal Interaction" (Agentes personales para la interacción impersonal) sobre los agentes "reminder" que te recuerdan el cumpleaños de un familiar o un amigo. Según comenta el autor, cada vez serán más frecuentes estos servicios y, por tanto, cada vez se recibirán más correos por parte de estos agentes solicitando tu fecha de cumpleaños para que alguien se acuerde de felicitarte. El autor propone ir un paso más allá y que un agente filtre las peticiones y las responda automáticamente. O incluso que el agente automáticamente elija la tarjeta de felicitación apropiada para la ocasión y la envíe. El autor sostiene que si esto se convierte en una realidad, a medida que estos servicios y tu red social se extiendan, no darás abasto para contestar a todas las felicitaciones que te lleguen el día de tu cumpleaños. Por tanto, deberán existir a su vez agentes que contesten con un "Gracias" a las felicitaciones. Cuando se llegue a este nivel de automatización de la interacción, los agentes seguirán enviando y respondiendo a felicitaciones incluso cuando las personas ya no estén en este mundo. Los inmortales

En la entrada "El arte del olvido" de Juan, ya se hablaba de perpetuar nuestro recuerdo más allá de nuestra propia muerte. Y cuando arrancamos el proyecto del Yo Digital la utilidad del mismo como "Mi legado" estaba ya claramente identificada. Pero este legado del Yo Digital no sólo se refiere a mis recuerdos en forma de fotografías, escritos, canciones o hechos, sino también a mi personalidad, mis gustos y mis preferencias. En la medida en que mi Yo Digital vaya descubriendo todas mis facetas, evolucionando y aprendiendo de mí, llegará un momento en que debería ser capaz de intuir mis respuestas y acciones. A partir de ese momento mi Yo Digital podría sugerirme e incluso comprar los libros que me gustan o interesan, recomendarme contFuturamaestar o no el teléfono según quien llame, gestionarme las vacaciones de mis sueños, etc.

Pero si mi Yo Digital también es capaz de predecir mis emociones, ¿podrá sustituirme y así seguir existiendo tras mi muerte?, ¿podrán mis tataranietos mantener una conversación conmigo como si todavía estuviera viva (suponiendo que les interese hablar conmigo)? Si esto fuera así, tendríamos algo parecido a las cabezas parlantes en conserva de la serie Futurama. O siendo catastrofistas, incluso puede que en unos cuantos años el hombre haya acabado con la especie humana, y tengamos un mundo poblado exclusivamente por identidades digitales.

Llegados a este punto, seguramente podremos distinguir dos grupos personas según su opinión al respecto. Las que opinan que es maravilloso poder seguir viviendo tras la muerte y que las generaciones futuras puedan conversar con personas como Nelson Mandela , Bruce Springsteen o Bill Gates (ídolos los hay de todos los tipos). Y las que les viene a la cabeza algo como la canción de Queen "Who wants to live for ever?" (¿Quién quiere vivir para siempre?) y la mítica película "Los inmortales". ¿A qué grupo pertences tú?

La ficción onírica

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De vez en cuando la ciencia divulga un dato especialmente sugerente por su alto valor explicativo. Del que voy a comentar a continuación surgen planteamientos que pueden llegar a afectar a nuestro yo digital:

EL SUEÑO REM COMO UN ESTADO COGNITIVO DE FICCIÓN: La fase de sueño REM -la que remata los ciclos de sueño, en la que movemos rápidamente los ojos, en la que soñamos- es más duradera en las etapas vitales de aprendizaje. En los niños más que en los adultos y en las especies que aprenden más que en las especies con baja capacidad de modificarse en función de la experiencia.

¿Es el sueño REM un espacio de ficción en el que nuestra mente simula, sin consecuencias adaptativas, todas las alternativas vitales?. Esto explicaría parte del misterio que rodea a los sueños: el alto nivel de actividad cortical, su contacto con la realidad y su despegue, la intuición que tenemos de que los sueños influyen en nuestra vida, su estética, su intensa emotividad…

Para una especie tan compleja como el ser humano sería imprescindible la ficción. De ficción carecen los trastornos generalizados del desarrollo (autistas, asperger…). Los espacios de ficción se amplian en el mundo virtual. Entretenimiento y…. aprendizaje. Y el yo digital permitiendo su control y supervisión.

Últimas noticias del Yo Digital: viene sin Yo.

Algo está pasando. Claro que estas cosas son propicias a la exageración, pero cuando los voceros gritan “¡Extra! ¡Extra!” suele estar pasando algo: seguro que no lo que dicen los titulares, pero algo al fin y al cabo.

Los titulares: “Microsoft desvela su nueva visión de Internet”, anuncia el periódico gratuito 20 minutos. “Probablemente el lanzamiento más importante de Microsoft para este año”, “la punta de lanza de Microsoft en la red”-dice Error 500 | Tecnología + Internet + Conocimiento. “La nueva joya de Microsoft” –se aventura Evaluamos.com  | Periodismo de Código Abierto. “La tierra prometida” de Microsoft –sugiere Scobleizer | Tech Geek Blogger. “Un hito en la estrategia de Microsoft”, según los analistas –apunta El Navegante del diario El Mundo. Y, por si fuera poco, parece que esto es “sólo la punta del iceberg” –si creemos a Ina Fried, de Beyond Binary.

san-francisco.jpgAdemás, las noticias vienen de donde vienen las noticias: ni más ni menos que San Francisco, California, ni más ni menos que la Web 2.0 Expo. Por si fuera poco, obedecen a una lógica conocida, previsible. Hace apenas unos días que la prestigiosa consultora de tecnología Gartner pronosticara el colapso de Windows, “sobrecargado por una herencia de casi dos décadas de códigos y decisiones” e incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos, y recomendara al gigante de Redmond, Washington, renunciar a su modelo de desarrollo en favor de las aplicaciones online. Pero Microsoft, por supuesto, se había adray-ozzie.jpgelantado (léase con tanto aire irónico como quiera cada uno: ¿en qué terreno no se ha adelantado Microsoft al signo de los tiempos, últimamente?). Su flamante jefe de software, Ray Ozzie, había marcado ya el rumbo de una decidida apuesta por la red y por la integración de tecnologías. Dixit:

“A lo largo de los últimos diez años, la era del PC ha dado paso a una era en donde la Web es el centro de nuestras experiencias; experiencias no sólo a través del navegador sino a través de numerosos dispositivos como los PC, los teléfonos, los reproductores digitales, las videoconsolas, los televisores, los dispositivos de TDT, los coches y más”.

Así que aquí lo tenemos: una plataforma de sincronización de carpetas online que nos permitirá agregar cuantos dispositivos deseemos –el ordenador de casa, el del trabajo, el móvil, la cámara digital…– e integrar los archivos de todos ellos con sólo pinchar y arrastrar, en el mejor estilo Windows. Luego, claro, podremos acceder a todos esos datos –que, cada vez más, sería a lo que parece tanto como decir a toda nuestra vida– desde cualquier lugar del mundo en el que pudiéramos hacernos con un punto de acceso a Internet. No es raro que en la presentación de Live Mesh –así se llama el invento– resonaran los ecos de Here, there, and everywhere, una balada que los Beatles grabaron en 1966, en Abbey Road, para su séptimo disco de estudio, Revolver.

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Tendremos, pues, andando el tiempo, las representaciones digitalizadas de nuestras experiencias vitales  sincronizadas y accesibles en todas partes: las fotos, las agendas, los live-mesh-2.jpginformes del trabajo, las invitaciones del cumpleaños del niño, los historiales médicos, los datos de Hacienda, las cuentas del banco, los libros que estamos leyendo, la guía con la que estamos preparando el viaje que haremos en verano, las canciones, incluso la balada de “Revolver” en que Paul McCartney intentaba cantar a lo Marianne Faithfull… Bien. Ésa es –qué duda cabe– parte de la intuición original que animó la idea del Yo Digital. Si Microsoft ha decidido traerla, pronto estará aquí.

windows-live.jpgSobre Live Mesh, por otra parte –como sobre Windows– podrían funcionar aplicaciones de todo tipo, tuvieran o no la firma de Microsoft. La estrategia –claro está– es “mantenerse como plataforma sobre la que otros construyen sus aplicaciones y servicios en la era de la web y los múltiples dispositivos por usuario”. Pero, pero, pero: por lo poco que se sabe –beta cerrada: sólo diez mil usuarios en pruebas– la cosa sólo funciona bajo Windows (tal vez se amplíe a Mac, pero Linux parece estar excluido sí o sí –por no hablar del acceso desde móviles, agendas PDA, o videoconsolas con sistema operativo propio) y, por el momento, sólo con formatos de archivo del entorno de Windows. Todo esto –desde luego– no era parte de las intuiciones primeras que hicieron germinar el proyecto Yo Digital: aquellas eran –eso creíamos al menos– intuiciones honestas, donde la tecnología estaba al servicio del usuario y no el usuario atado a la tecnología. Pero da igual, porque todo parece indicar que Microsoft no se saldrá con la suya en esto, y acabará claudicando.

laberintos-de-la-mente.gifLo importante es que la sincronización de información que se nos propone sigue siendo eso: sincronización de información, fusión de carpetas –carpetas, no nos dejemos engañar por la metáfora: los viejos directorios. Pero nada se atisba en Live Mesh de la idea de integración psicológica de esa información, de la capacidad que hemos tratado de otorgar al Yo Digital de dar sentido a ese maremágnum de datos, de darle la forma misma de nuestra vida. Lo hemos reiterado una y otra vez, con múltiples ejemplos: querríamos encontrar de pronto aquella canción de los Beatles -¿o era de McCartney en solitario?– que escuchábamos tanto durante el viaje por Gales, un verano -¿qué año sería?– y que aún nos provoca una agradable melancolía, acaso de un particular matiz azulado… pero quién sabe en qué carpeta estará. Queremos, sí, poder buscarla en cualquier parte, aunque no estemos en casa. Pero también poder buscarla como si estuviéramos en casa: tal como buscamos las cosas en los laberintos de nuestra propia memoria.

camaleon-humano.bmpMás: ni rastro parece haber en Live Mesh, tampoco, de las herramientas de gestión de identidades y redes sociales que forman parte del corazón del Yo Digital. Pero ya sabemos que quien busca tal o cual documento bien puede ser la esmerada profesional, la alocada noctámbula, la madre abnegada, la princesa élfica…, que casi todo cambia –sólo casi todo– según el caso, y que querríamos que la tecnología se hiciera eco de estos cambios en lugar de obligarnos a mostrar siempre ante ella una misma cara de nosotros mismos: el sufrido, resignado usuario.

Llega el Yo Digital, sí. Pero sin Yo.

Tu vida en un grafo

TouchGraph de Google¿Accederemos en el futuro a ggg.yodigital.es en lugar de a www.yodigital.es? En noviembre de 2007 Tim Berners-Lee, el padre de la World Wide Web, escribió un post en el que hablaba por primera vez del Giant Global Graph (en la entrada "Giant Global Graph, by timbl" del blog La cofa se resume en qué consiste). A partir de ese momento se han sucedido las noticias acerca del salto de la WWW a la GGG. Independientemente de si dicho salto se produce o no, lo cierto es que Internet está cambiando y las relaciones y las conexiones son cada vez más importantes. En mis anteriores entradas hablaba del éxito de las redes sociales. Por otro lado, comienzan a aparecer herramientas como TouchGraph de Google, Kartoo, Grokker o TheBrain, que presentan el resultado de una búsqueda en forma de grafo o mapa, siendo esta una forma distinta de presentar y navegar por la información.

La idea del grafo va más allá de una red social. El grafo representa todas las conexiones que una persona tiene, incluye las redes sociales a las queMi Yo Social pertenece la persona pero también lugares, vídeos, fotos, documentos, compañías u organismos, etc. El grafo de nuestra vida digital cada vez se va extendiendo más a medida que Internet se va haciendo más imprescindible en nuestras vidas y tendemos a guardar nuestros recuerdos (ya sean personales, laborales o académicos) en formato digital.

En mi Yo Digital yo tengo mi grafo y puedo, por ejemplo, bucear por él para localizar las fotos que me pasó un amigo de la ceremonia de graduación en la universidad. El Yo Digital me permite localizar lo que estoy buscando a partir de mi grafo social, pero ¿qué pasa si no recuerdo qué amigo fue el que me pasó las fotos de la graduación?, por supuesto tampoco recuerdo la fecha ni en dónde las guardé. Sin embargo, sí recuerdo que fue cuando acabé la carrera, que estaba contenta, con mis compañeros de la universidad y que cuando entramos al bar al que fuimos a celebrarlo curiosamente sonaba la canción de "We are the champions" de fondo. Mi memoria funciona así. El Yo Digital me permite asociar estos aspectos (además de otros) a aquellas fotografías, para que cuando quiera recuperarlas no tenga que recordar quién hizo las fotos, en qué fecha o lugar se hicieron, dónde las guardé, etc. Es decir, mi Yo Digital es la suma de mi grafo y mi memoria.

Mi Yo Social es mío

En mi anterior entrada "Mi Yo Social, ¿es mío?" me preguntaba si toda la información que hay sobre nosotros en la Red y en particular en las redes sociales es nuestra o más bien de los sitios web que la albergan. Tim O'Reilly ya pronosticaba en su artículo sobre la Web 2.0 que en el futuro el poder residiría en los datos y, por tanto, en quien los tuviese. Ya se está viendo esa lucha de titanes en las redes sociales, que cada vez tienen más usuarios y, por tanto, másLogotipos de redes sociales información, pero todavía no saben cómo rentabilizarla. La publicidad es la posibilidad más obvia que se baraja fundamentalmente como fuente de ingresos. Sin embargo no todos los usuarios parecen estar muy por la labor de que se use su información para ofrecerles publicidad personalizada o de forma intrusiva. Por no hablar de si se están respetando las políticas de privacidad en cuanto a protección de datos personales.

Pero al margen de esa lucha de titanes se encuentra el usuario, que es el que ha creado su perfil, ha introducido su información y ha invitado a sus amigos a participar en estas redes. Y resulta que si quieres pertenecer a otras redes o te quieres cambiar de red, no te puedes llevar tu perfil, tu información y tus amigos contigo (como le pasó a Robert Scoble, famoso blogger, cuando Facebook le deshabilitó su cuenta por intentar mover su grafo social a otros sitios), y es misión imposible borrar tu cuenta. Existen iniciativas abiertas como DataPortability.org cuyo objetivo es permitir que un usuario pueda llevarse su información a donde quiera, evitando tener que volver a teclear o configurar una y otra vez su perfil o perfiles y teniendo que cargar una y otra vez su información. Esto es lo que Logotipo de DataPortabilityintenta representar la maleta que aparece en el logotipo de DataPortability, que es la iniciativa en este ámbito que parece tener más probabilidades de triunfar. Se espera que para el verano exista ya una primera versión y los gigantes de Internet y las redes sociales parece que han dicho que lo van a aceptar (habrá que ver la interpretación que hacen de la iniciativa y en qué términos permiten las migraciones de datos).

¿Y si a una iniciativa como DataPortability se le une el Yo Digital? Al fin y al cabo ambas parten de la misma premisa, que el usuario es el dueño de sus datos y su información, y, por tanto, van allá donde vaya. El Yo Digital proporcionaría al usuario una forma de encontrar la información o la persona que necesita en cada momento y gestionar sus personalidades en red (que no es lo mismo que perfiles) dentro de ese inmenso océano en que se está convirtiendo nuestra vida digital, en la medida en que Internet forma cada vez más parte de nuestras vidas y que almacenamos nuestros recuerdos en formato digital.

Mi Yo Social, ¿es mío?

En septiembre del año 2005 fue cuando Tim O'Reilly, bajo el término Web 2.0, describía el proceso de transformación que se estaba apPortada de la revista Time diciembre de 2006 reciando en la Web, acercándose cada vez más a un medio participativo en el que los usuarios colaboran para crear, evaluar y distribuir información. El auge del llamado user-generated content (contenidos generados por el usuario) es un fenómeno de evidente repercusión, en diciembre de 2006 la revista Time elige como persona del año a todos los usuarios de Internet. El año 2007 se considera el año de las redes sociales, donde apliaciones del tipo LinkedIn, MySpace o Facebook poseen grandes cantidades de datos personales sobre los usuarios.

Portada Internet Computing Social SearchCuando recibí el número de noviembre-diciembre de la revista Internet Computing del IEEE titulada "Social Search" (búsqueda social) pensé que prometía, y cuando por fin pude sacar tiempo para leerla, me sentí como cuando te compras un álbum donde todas las canciones te gustan, porque todos los artículos tenían algo interesante.

En el artículo "Google, Profiling and Privacy" (Google, perfiles y privacidad) se habla de la compra de Doubleclick (la mayor compañía de publicidad online) por parte de Google (el mayor motor de búsquedas online) y de lo que puede suponer para la privacidad de los usuarios el hecho de que Google tenga, no sólo la información que ya tenía antes (términos de búsqueda, contenidos de los emails, etc.), sino también los flujos de clicks de los diferentes anuncios que aparecen en las páginas web. Esto me lleva al motivo por el que surgió el Yo Digital, que fue el tener una herramienta que permita al usuario controlar qué información suya hay en Internet, quién la tiene, cómo la usa y en qué medida se distribuye.

Y es que cada vez empieza a preocupar más a los usuarios, no sólo qué se hace con sus datos, sino también el spam publicitario que pueda haber en una red social. Así en el artículo "Fighting Spam on Social web Sites" (Combatiendo el spam en los sitios web sociales), se exponen algunas estrategias para intentar evitar el spam en este tipo de redes.

Otro artículo "The future of Social Networks on the Internet. The need for semantics" (El futuro de las redes sociales en Internet. La necesidad de la semántica) habla de cómo hoy en día tenemos nuestros blogs por un lado (en blogspot, por ejemplo), nuestros bookmarks (o marcadores) por otro (en del.icio.us, por ejemplo), nuestras fotos por otro (en Flickr, por ejemplo), nuestros vídeos por otro (en YouTube, por ejemplo), etc., y sobre la necesidad de relacionar de alguna forma toda esa información por medio de la semántica. Esto me lleva a otro de los objetivos del Yo Digital, que el usuario controle toda su información desde un único punto independientemente de dónde está alamacenada esa información, ya sea localmente o en la Red.

De todo esto me surge la pregunta del título de esta entrada, ¿se podría decir que hoy por hoy mi Yo Social es mío? Y según los movimientos que estamos observando por parte de los grandes de Internet como Google, Microsoft, Facebook, etc., ¿será mi Yo Social mío en el futuro?

Cuéntame tu vida 6: La MAGDALENA de PROUST

Autor: Mariona Fuster Forteza (Alumna de 5º del CU Cardenal Cisneros)

 

En mi vida hay muchos sucesos específicos, sin nexos, ni paras ni cuandos. Olores, canciones… Son quizás los que me traen recuerdos con mayor tono afectivo. Me asaltan de forma repentina cuando menos me lo espero.

 

La colonia de mi abuelo materno

El olor a chimenea

El olor del arenal

El olor a Gofre

El olor a establo

El olor a cuero

El olor de la casa de mis abuelos paternos

CD de Jarabe de Palo

Canción GRITA

CD de Smashing

Muse

CD de onda vaselina

 

 

Mi Yo Digital se va de compras

Yo no soy de esas personas que disfrutan yendo de compras, que tienen la fortaleza y el empeño suficientes como para recorrerse todas las tiendas de una zona y acabar comprando lo que vieron en la primera tienda en la que entraron, que son capaces de "bucear" entre los percheros y encontrar Tienda i-Fashionuna maravillosa prenda a buen precio. Mi sueldo tampoco me permite ser de esas afortunadas personas que contratan a otras para que les compren la ropa. Así que, cuando no me queda más rmedio voy de compras y si encuentro lo que busco en la primera tienda, lo compro y se acaba la tortura.

Fue en el año 2004 cuando oi por primera vez hablar de maniquís virtuales que se probarían la ropa por nosotros, en ese momento me inavadió un sentimiento de felicidad que duró unos breves instantes, hasta que leí que el sistema no estaría disponible hasta 2006, ¡dos años! Pero como el tiempo pasa realmente rápido, en agosto de 2007 los almacenes Shinsegae Department Store de Korea del Sur anunciaban la apertura de una tienda i-Fashion, donde capturan tu imagen 3D y te permitían probarte la ropa sin entrar al probador.

¿No sería estupendo que mi Yo Digital tuviera ya esa imagen en 3D y así no la tuvieran que capturar en cada tienda? Mejor aún, ¿no sería maravilloso que mi Yo Digital con mi imagen en 3D, en función de mis gustos y según un determinado rango de precios, me buscara por las tiendas la Red aquellas prendas que me gustarían y me muestre una imagen en 3D para hacerme una idea de cómo me quedarían?

La verdad es que añadir la imagen 3D de uno mismo, e incluso la de cada una de sus personalidades, a su Yo Digital abre todo un mundo de posibilidades no sólo para evitar las compras sino para otros campos como el de las simulaciones o los juegos. Seguro que se os ocurren algunos más, ¿no?