Etiqueta: emoción

Me emociono, luego vivo (Incluso en la red)

La vida son emociones. Pienso luego existo. Me emociono luego vivo. Y claro está, además vivo, existo y me emociono en la red. Si no estuviese en la red, no existiría, al menos para ti que nunca me has visto. El lema de este blog está en la parte superior derecha. Existo, luego estoy en la red. Y todo el mundo parece aceptarlo. Pero ¿y las emociones? ¿Cómo se plasman en la red? Pues como en la vida misma, no se plasman. Tenemos que intuirlas implícitamente cuando interactuamos con un interlocutor o con nuestros recuerdos. Es decir que tenemos que intuir el humor que tiene con quién chateamos a través de un Whatsapp, ¿Tomamos pistas sobre su personalidad a través de la foto que tiene puesta en su perfil? Seguramente sí. (Y somos bastantes condescendientes) ¿Y con nuestros recuerdos? Que emoción nos despierta cuando visualizamos hoy una foto que guardamos en nuestra memoria virtual de la red hace años. Pues seguramente, nos evocará las emociones que estén asociadas a la persona o paraje en cuestión de la foto, tal como lo sentimos ahora, y no como cuando guardamos la foto. Es decir, si rompimos con la chica de la foto, indiferencia en el mejor de los casos, nada parecido a la lluvia de neurotransmisores, endorfinas, dopaminas, y demás ingredientes del coctel que generó nuestro sistema límbico. ¿Hemos perdido algo?...

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Toma de decisiones en un mundo digital.

Decidir correctamente. El neurólogo Gerhard Roth recomienda. Pensar racionalmente en el problema, retrasar la decisión, y finalmente hacer caso a los sentimientos. Vivimos en un mundo digital. Mantenemos la relación mediantes redes sociales, colgamos nuestras fotos y vivencias en ellas. Comentamos en twitter y avisamos a nuestros más allegados mediante whatapps de nuestro presente inmediato. Pero en este mundo digital se pierde el contacto emocional directo, ¿o no? Y la toma de decisiones, ¿es ligeramente distinta? Hagamos el siguiente experimento. Juguemos al mus con tres participantes automáticos. Con y contra la maquina. Yo seguramente empezaría a jugar matemáticamente al...

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SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELECTRICAS?

 Este frase, coincidía con uno de los libros de literatura contemporánea de mis clases de EBG allá hace una infinidad. Y  yo pensé, que chorrada. Luego el día que se estrenó ET, decidí pasar de mis colegas e ir a ver Blade Runner, basada en la novela anterior de Philip K.Dirk. Y me quedé enganchado con la estética de Ridley Scott en la peli, de la música de Vangelis, y aún seguía pensando en lo chorra de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?  Ahora con el paso del tiempo, mis colegas reniegan de ET, ya no me llaman rarito...

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SONRISA digital.

S O N R I S A digital: retrato digital de emociones . Si una identidad digital puede devolverme sentimientos y emociones recordadas; experimentadas en momentos previos aunque yo no las tenga conscientes ahora… Incluso la identidad digital de otros puede arrojarme sentimientos registrados por otras personas (aunque sean nuestros más íntimos y allegados seres queridos)… … …Esto de las identidades digitales, por la propia definición de sentimiento, empieza a cobrar interés pero puede que también tenga sus riesgos. LAS EMOCIONES podrán ser consideradas agradables o desagradables. ¿ Querremos hacernos cargo de las emociones desagradables -propias o ajenas- ?, ¿y con las emociones INTENSAS; aún las agradables estarán aconsejadas para todos los usuarios y fisgones de las identidades digitales..? … … … ¿ Qué haremos con los sentimientos que NO nos gustan, o con los que nos ALTERan, nos arrastran con pasiones corporales (aunque nos agraden) ? … … … ¿Cómo afrontaremos (y quién nos enseñará a hacerlo) los sentimientos y los recuerdos “veraces” que nos confunden o con los que nos desagradan (los propios y los ajenos)...

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La muerte del yo digital

El mundo que habita el yo digital es, hoy por hoy, un enjambre de autorretratos. Asistimos –no sin cierta perplejidad– al afán de miles, de millones de nuestros congéneres por revelarnos sus pensamientos, las músicas que les conmueven, los detalles, enternecedores o anodinos, de su quehacer cotidiano, los rincones de su ciudad donde su corazón descansa, o los heroicos o lúgubres avatares de su imaginación. Más pronto o más tarde –pensamos– esa turbamulta se asentará; las facetas dispersas de cada yo digital se engranarán en una estructura cuyo esqueleto tratamos de dilucidar. En un bellísimo ensayo sobre los orígenes del retrato en la pintura occidental, Tzvetan Todorov (2001) relata la escalofriante naturaleza de algunos de los vestigios más antiguos de nuestra práctica retratística. Bajo la dominación romana, los habitantes de la provincia de Egipto –muchos de ellos colonos griegos– acomodaron a sus ancestrales creencias algunas de las costumbres de los pueblos a los que acogían –entre ellas, la tradición helenística del retrato. En ciudades como Fayum, al suroeste de El Cairo, cientos de retratos pintados sobre tela con pigmentos mezclados con cera caliente se cosieron a los lienzos que envolvían el cadáver o se adhirieron a las tablas del sarcófago. Sabemos que estos retratos al encausto se pintaban en vida –lo hacían por lo general pintores de origen griego, que, aunque pusieran cierto empeño en la verosimilitud, recurrían con...

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