Casi todas las personas son tan felices como deciden serlo”. Abraham Lincoln. Leí esta frase hace unas semanas y no me queda más remedio que estar de acuerdo. Por muchos motivos pero sobre todo porque intuitivamente creo que tiene razón. Además dice “Casi todas las personas…” con lo que deja un margen para las desgracias inevitables y accidentes imprevisibles.
Pero además recordé una frase que también me dijo un jefe según empecé a trabajar en una gran multinacional hace mucho tiempo, y que más o menos era igual. “Casi todos las personas llegan a ser tan jefes como quieren ser”. En aquel momento me reí. Ilusa juventud. Pensaba entonces que el principal medio de ascenso era tu capacidad, los logros, el mérito y el esfuerzo. Luego mirando hacia atrás, puedo subscribir al 100 % la frase. Había quienes tenían aspiraciones de poder y lograron ascender al y en el estatus directivo. Algunos con unos mediocres méritos personales, pero he de reconocer que con gran ambición y empeño. Supongo que según avanzamos en la carrera laboral nos encontramos con estos casos. Afortunadamente para mi forma de ser siempre me pareció que la felicidad y el poder no estaban estrechamente relacionados aunque guarden relación.
¿Pero y la reputación? También podríamos decir eso de:  “Casi todas las personas tienen la reputación (digital o no) que deciden tener” ¿? A ver. Básicamente la reputación no es algo intrínseco a la persona, es algo que te tienen que otorgar el resto de la comunidad en función de tus acciones, pero también de las opiniones y el intercambio de las mismas que se generan sobre ti.
Por qué escribo sobre esto, pues porque se me ocurrió ver cuál era mi reputación digital y empecé a juguetear con Klout. Y hubo algo que me llamó mucho la atención, y no fue mi reputación personal, sino la diferencia que existía entra la reputación medida digitalmente y la percibida humanamente por varias personas que conozco y con las que he interactuado.
Me llamo tanto la atención que no dejo de pensar en ello. Hay grandes personas que apenas tienen reputación digital y esto es porque no están en la red. “Lo que no está en la red no existe”.  Pero también he visto a personas con una gran reputación digital no acompañada por su valor humano. Evidentemente no es lo mismo e igual estoy pecando de iluso otra vez pero una vez sobrepuesto a mi sorpresa inicial he pensado que esto es muy bueno. Aunque te estés forjando el infierno en la vida real puedes alcanzar la gloria digital, y siempre será más fácil que te conozcan digitalmente infinidad de personas mientras que en la vida real sólo unos pocos. (Cuantos estamos hablando de Steve Jobs sin haberle conocido)
En fin voy a estudiar más este tema teniendo en cuenta que tan importantes son las exposiciones que todos hacemos al mundo digital como las opiniones que están generan y quizás este sea el punto que haga diferenciar más la reputación digital de la percibida humanamente. Todos podemos comentar lo que opinamos de los que están arriba, en la intimidad tomándonos un café, pero cualquiera deja escrito en un blog lo que opinamos de nuestros jefes.
En fin, otra diferencia digital más.